Caribou

Caribou –
Suddenly

Tras haberse consolidado como uno de los referentes de la electrónica melódica y multicolor, el DJ y productor canadiense vuelve después de seis años con un disco de pop envuelto en azul monocromático; un azul cálido y familiar más cercano a una piscina climatizada que a la espontaneidad de un océano salvaje.

Dan Snaith (Canadá, 1978) llevaba seis años sin publicar nada bajo su álter ego Caribou. Su dos últimos álbumes, Swim (2010) y Our Love (2014), le habían erigido como referente de una generación de productores que consiguió que toda una estirpe de melómanos analógicos descubriera las posibilidades de una mesa de mezclas. Una generación que demostró que desde el minimalismo y el cuidado de los matices pregrabados también se consigue transmitir emoción y virtuosismo.

Tras un par de años explotando su vertiente artística más ravera como Daphni, Dan Snaith vuelve ahora con Suddenly (Merge Records, 2020), un álbum de doce canciones más cercanas al indie de sintetizadores de Tame Impala que a la deconstrucción experimental de Against All Logic.

Fotografía: Thomas Neukum

El nivel de las canciones se mantiene constante

La portada de Suddenly es un cuadrado de agua que, por su tono, parece templada y llena de cloro. Todo el álbum bebe de ese azul; apartándose de la explosión de colores y sensaciones de Our Love y, sin perder el cuidado del detalle, asentándose en un sonido y un discurso más constantes.

En este nuevo álbum, se evidencia más que nunca que Caribou es doctor en matemáticas. Sintético, preciso y ordenado, con el número de escuchas aumenta la percepción de las múltiples capas que cubren cada canción. Desde unos altavoces, el disco suena compacto y vibrante; con cascos, se aprecia que cada pulso está cubierto de infinitos detalles; todos ellos, como Jep Gambardella: sabiendo estar.

Ninguno de los temas de Suddenly tiene la misma fuerza en sí misma que “Jamelia” o “Can’t Do Without You”, de discos anteriores; canciones con personalidad individual que brillan con luz propia dentro del álbum. En Suddenly, aunque también hay hits memorables como “You and I”, “Lime” o “Never Come Back”, el conjunto es más uniforme, sin grandes sobresaltos. Como la vida de un tipo de cuarenta años.

Estrofas más desarrolladas al servicio de la cuarentena

La voz de Dan Snaith gana protagonismo y la mayoría de los cortes son canciones de estructura clásica con varias estrofas de las que se sirve el canadiense para transmitir las preocupaciones típicas de alguien en su cuarentena.

En general, las letras de las canciones de Caribou solían consistir en frases lacónicas, repetidas como un mantra, que se entrelazaban y encajaban milimétricamente con los distintos beats. Así, el peso del mensaje se transmitía con más fuerza mediante la vibración sensorial que producía el bucle que a través las palabras. 

En Suddenly, la voz de Dan Snaith gana protagonismo y, a excepción de “Never Come Back” (donde recupera el hábito del mantra) y algunos temas de pura electrónica como “Ravi”, la mayoría de los cortes del álbum son canciones de estructura clásica con varias estrofas de las que se sirve el productor canadiense para transmitir las preocupaciones típicas de alguien en su cuarentena: echar la vista atrás y admitir errores con familiares cercanos (“Sister”), lamentar la pérdida de alguien importante (“You and I”) o identificar a otra persona, con morriña, como un hogar (“Home”).

Caribou no es electrónica: es pop

El nuevo disco de Caribou se digiere fácil, el peso de las canciones está en las melodías y las letras son para todos los públicos. De eso va el pop, ¿no?

A estas alturas, la línea que separa la música de vanguardia del mundo de la electrónica es puro humo. ¿Rosalía hace flamenco? ¿Tame Impala indie? ¿Martí Perarnau pop? Catalogar un disco como electrónica por su mayor o menor uso de samplers o sintetizadores es ya vestigial y sólo sirve para abrir el abanico de intereses partidistas en las entregas de premios (igual que la separación entre rap/urbano y pop, como defendió Tyler, the Creator después de ganar un Grammy).

Aun así, si fuese sólo una cosa, el nuevo disco de Caribou sería puro pop: se digiere fácil, el peso de las canciones está en las melodías y las letras son para todos los públicos. Aunque se sirva de beats, samplers y sonidos artificiales, sus canciones recuerdan antes a muchos grupos teórica y originariamente “analógicos” que a Nicolas Jaar o Boards of Canada (por nombrar algunos de los que más se acercan a su estilo).

La portada de Suddenly es un cuadrado de agua que, por su tono, parece templada y llena de cloro. Todo el álbum bebe de ese azul; apartándose de la explosión de colores y sensaciones de Our Love y, sin perder el cuidado del detalle, asentándose en un sonido y un discurso más constantes. A excepción de “Like I Loved You”, algo más experimental, el disco no esconde sorpresas ni corre grandes riesgos. Se está a gusto escuchando a Caribou. Sin viento, marea, frío. Como en una piscina climatizada.

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