Bad Bunny

Bad Bunny –
YHLQMDLG

El nuevo disco de Bad Bunny viene a devolverle el reggeatón a Puerto Rico, pero a la vez repasa el imaginario juvenil del propio Benito desde la perspectiva adulta del Bad Bunny superestrella.

Todo comunica. Podríamos quedarnos en la visión limitada que dice que todo lo que hace Bad Bunny es marketing perfectamente diseñado, que lo es, igual que le pasa a la Rosalía, pero nos olvidaríamos de que todo, absolutamente TODO comunica. Cualquier movimiento de cualquier persona con un mínimo de repercusión puede ser leído como una estrategia de marketing porque, en definitiva, su propia exposición pública es su marca personal, igual que lo son sus opiniones, sus mensajes en redes sociales, sus apariciones en el ámbito que sea, etc.

Por eso tenemos a hordas enfrentadas entre los que recuerdan que Benito se cogió un avión para liderar junto a Residente y Ricky Martin las protestas en las calles de Puerto Rico contra Ricardo Rosselló o visibilizar el asesinato de la mujer transgénero Alexa Luciano Ruiz durante la presentación mundial del disco un día antes de lanzarlo con el altavoz mundial del Tonight Show de Jimmy Fallon (donde ya aprovechó para recordar allá por 2018 que un año después del huracán que asoló Puerto Rico seguía habiendo familias sin electricidad en sus casas mientras Trump miraba para otro lado) y los que prefieren quedarse con su aparición en los premios PornHub. Ahí va el guiño a Riley Reid en “La Difícil”, supongo.

Un nuevo reggaetón es posible

Bad Bunny ha conseguido generar un consenso bastante unánime. A lo mejor porque se ha encargado de dinamitar la vieja masculinidad en su propia imagen y en sus videoclips desde un género tradicionalmente denostado por machista, o por reivindicar la decisión libre de las mujeres para salir, perrear, follar con, cuando y como quieran.

Pero el caso es que Bad Bunny ha conseguido generar un consenso bastante unánime. A lo mejor porque se ha encargado de dinamitar la vieja masculinidad en su propia imagen y en sus videoclips desde un género tradicionalmente denostado por machista como es el reggaetón, o por reivindicar la decisión libre de las mujeres para salir, perrear, follar con, cuando y como quieran, por mucho que algunos se esfuercen en incidir en lo explícito para tirar por tierra logros que también le cuestan críticas, por ejemplo, a La Zowi o a Karol G. No olvidemos que la represión sexual es una de las formas de alienación más antiguas de la historia… Pero tampoco me quiero meter en todo esto para analizar un disco de Bad Bunny. Que esto es música, en definitiva, y parece que tenemos que buscarle a veces demasiadas vueltas sociológicas, político-económicas, contextuales… como buscando una justificación más allá de que algo se pegue o no, guste o no, resulte significativo o no para su cultura. Como si analizar un disco, en este caso de Bad Bunny, necesitara una justificación.

Y está claro que este es un disco importante. Está claro por la expectación brutal que ha generado desde el momento en el que Benito soltó por redes que lo lanzaría en algún momento de febrero. Está claro por la decisión de sacarlo un sábado, al margen de los ritmos normales de la industria. Está claro porque siempre ha habido dudas sobre si las canciones que ha ido sacando en el último año iban a ser singles o no. Está claro porque es Bad Bunny, seguramente el artista más grande del mundo latino ahora mismo y uno de los más grandes a nivel mundial. Y está claro, otra vez, porque es Bad Bunny, el artista que junto a J Balvin lo cambió todo.

Del trap al reggaetón; del reggaetón al trap

YHLQMDLG es un clásico moderno en toda regla. Es Bad Bunny cogiendo la corona y poniéndosela como le da la gana. Pero también es, en cierta medida, un disco personal.

Pasamos por alto X 100PRE cuando, evidentemente, no debimos hacerlo. Salió a finales de 2018, en diciembre, cuando ya está todo el pescado de las listas de discos vendido, y fue uno de los discos con los que entramos en un 2019 que le ha visto ascender al trono de una manera incluso poética. Era un debut rompedor, que le situaba muy lejos de sus colaboraciones con toda la pléyade reggaetonera para hacer plays y más asentado en el trap latino, donde había entregado sus mejores temas, pero desde un lado ciertamente experimental, que se atrevía con interludios heredados del Kanye West más épico y que en el fondo se rodeaba de una indiscutible película pop. Y después llegaba OASIS, en el que J Balvin, de algún modo, le entregaba el cetro del reggaetón como podía hacerlo Jay Z con Kanye en el hip-hop cuando compartieron aquel demoledor Watch The Throne. “Mira el trono que te dejo”. El mejor reggaetón que había hecho el conejito malo hasta la fecha era junto a Balvin, que por su parte representa además, junto a Maluma (pero en un status de respeto muy diferente), el dominio de Colombia en un género que siempre le había pertenecido a Puerto Rico.

Fotografía: Promo

El good kid, m.A.A.d City del rap latino

Bad Bunny convierte este disco en una fiesta colaborativa y deja entrar a algunos de los pioneros del reggaetón puertorriqueño en los primeros 2000. Pero también es un disco absolutamente 2020 y, por eso, también cuenta con la participación de figuras más actuales en la escena de Puerto Rico.

Y YHLQMDLG es importante no sólo por todo lo que he dicho antes, sino porque es el disco que viene a devolverle el reggaetón a Puerto Rico. El good kid, m.A.A.d City del rap latino, que es algo muy parecido a decir el reggaetón. Un clásico moderno en toda regla. Es Bad Bunny cogiendo la corona y poniéndosela como le da la gana. Pero también es, en cierta medida, un disco personal, que repasa el imaginario juvenil del propio Benito desde la perspectiva adulta del Bad Bunny superestrella. Por eso, pese a ser (sorprendentemente) un disco de reggaetón, podríamos decir que, en su mayoría y al uso, va trazando un viaje hacia la oscuridad que atraviesa momentos más trap y que se compensa con trallazos pop, aún con el tum-patum-pa como hilo conductor indiscutible. Y que es un disco de reggaetón no porque esté de moda, sino porque cómo va a ser J Balvin el que venga a homenajear a los pioneros como hizo en su histórica presentación en Coachella. Cómo va a ser Colombia la que nos recuerde desde fuera los orígenes del género más escuchado del mundo.

Por eso Bad Bunny convierte este disco en una fiesta mucho más colaborativa y deja entrar a algunos de los pioneros del reggaetón puertorriqueño en los primeros 2000: No sólo Daddy Yankee en ese rotundísimo single que es “La Santa”, con su fondo de nuevo pop que encaja bien con las que de hecho han sido singles, “Vete” e “Ignorantes”. También están Ñengo Flow, Alexis, Yaviah, Kendo Kaponi, Jowell & Randy (fundamentales para entender al también puertorriqueño Ozuna) o el nuyorriqueño Arcángel.

Y sonidos tipo DJ Joe, DJ Motion o DJ Blass, que se camuflan por todo el trabajo entre fondos clínicos, tropicales, atmosféricos y contundentes. Que se camuflan en un disco absolutamente 2020 que, por eso mismo, también cuenta con la participación de figuras más actuales en la escena de Puerto Rico como Mora (en esa “Una Vez” que puede pecar más de filler en un disco de hasta veinte temas) o los traperos Anuel AA y Myke Towers, que protagonizan la transición final de YHLQMDLG hacia sonidos más oscuros y callejeros con un temazo como “Está Cabrón Ser Yo” o con la más grasienta “Puesto Pa’ Guerrial”. 

Devolviéndole el reggaetón a Puerto Rico

Pese a ser (sorprendentemente) un disco de reggaetón, podríamos decir que, en su mayoría y al uso, va trazando un viaje hacia la oscuridad que atraviesa momentos más trap y que se compensa con trallazos pop, aún con el tum-patum-pa como hilo conductor.

Pero antes de esa conversión, YHLQMDLG viaja con el único objetivo de conducirse a la marquesina de “Safaera”, el mejor tema del disco y probablemente uno de las mejores de la carrera de BB. Un viaje de catorce canciones perfectamente secuenciadas que empieza con la sorpresa de “Si Veo A Tu Mamá”, juguetona y coqueta, y que se va adentrando descaradamente en los fangos del reggaetón, aderezados con algún trap como la saltarina “Pero Ya No”. Que pasa por himnos feministas como “La Difícil”, ese sequísimo reggaetón que es “Yo Perreo Sola”, con Nesi Ríos y ese sinte del estribillo que haría estremecerse a Balvin, o como la más sucia y experimental “Bichiyal”, que tampoco le quedaría mal al de Medellín. O por reggaetones más contemporáneos como “La Zona” y “Qué Malo”, con Ñengo Flow, que quizá supongan el primer momento de flaqueza en cuanto al ritmo del disco.

En un movimiento muy inteligente, justo después se suceden los dos singles, que vuelven a poner el nivel por las nubes con su fulgor pop y esa delicadeza casi dancehall. “Vete”, muy electrónica, precisa y minimalista, ofrece una de las mejores actuaciones vocales de un Bad Bunny que en este disco sigue sorprendiendo con nuevos colores en su registro, hacia lo grave o hacia el falsete; “Ignorantes”, por su parte, es una preciosa declaración de amor y seguramente la canción más redonda de YHLQMDLG. En ese mismo registro encaja la producción de lounge tropical de “Soliá”, con ese emocionantísimo final con vocoders à la Daft Punk. 

Tras ellas damos por terminada algo así como la primera parte, y “A Tu Merced” empieza por todo lo alto el resto con ese reggaetón más orgánico y dinámico y esos fraseos pluscuamperfectos. Y casi sin que te des cuenta llega la experimental “Safaera”, un viaje retrospectivo por el perreo sucio, de marquesina, que empieza con bajos gruesos traídos del Yeezus de West y termina en puro sandungueo después de haber pasado por durísimo dembow y por los sonidos más identificativos del género, mientras se rompe y se quiebra y desata el verdadero espíritu de YHLQMDLG: Yo Hago Lo Que Me Da La Gana. 

Epílogo: Aquí to’ el mundo es calle

Bad Bunny hace lo que le da la gana, y lo hace con pasión. Pero muchas veces con la pasión no basta. Lo que cuenta son las canciones. Y Bad Bunny no ha fallado ni una, y lo sabe.

El disco podría ser perfectamente esto, pero después de “Safaera” podríamos decir que hay un EP anexionado con un epílogo más crecido, más maduro, más personal, que sirve para explicar de alguna manera ese viaje que, insisto, no solo es a través del reggaetón puertorriqueño, sino a través de la propia visión de Bad Bunny. Y que empieza con otro de las grandes momentos vocales del trabajo, “25/8”, en la que el conejo insiste en todas sus virtudes entre múltiples referencias a la NBA (recurrentes en general en esta última parte) y que, en un chiste inteligentísimo, termina en un fade-out nada casual: “podría estar sacándomela ad libitum, así que mejor que me paréis”, parece decirnos.

Está Cabrón Ser Yo” y “Puesto Pa’ Guerrial” siguen la línea, y “P FKN R” (“Puerto Fuckin’ Rico”) revisa las calles puertorriqueñas desde el punto de vista del trap. Para cerrar el disco, una rareza de la mano del chileno Pablo Chill-E y del argentino Duki, “Hablamos Mañana”, que empieza con un ritmo sequísimo à la Steve Lean bajo un loop de kena y que va dirigiéndose hacia el emo-trap cuando entran las guitarras hasta estallar en un himno de rock llenaestadios. Pues eso, que Bad Bunny hace lo que le da la gana. Y lo hace con pasión, dice en la acústica y serena “<3”, en la que su voz recuerda más que nunca a Residente. Pero muchas veces con la pasión no basta. Lo que cuenta son las canciones. Y Bad Bunny no ha fallado ni una, y lo sabe. En apenas tres años se ha convertido en uno de los cantantes más gigantes de la historia.

“Este disco está cabrón, lo hice pa’ vosotros y en nueve meses vuelvo y saco otro pa’ retirarme tranquilo como Miguel Cotto”.

Está cabrón ser Bad Bunny.

error: ¡Contenido protegido!