Grimes

Grimes –
Miss Anthropocene

Grimes habita por primera vez con plena comodidad ese universo que ha diseñado para sí misma y para su música en Miss Anthropocene, su disco más consistente.

Cinco años después de Art Angels muchas cosas han cambiado para una Grimes que ha terminado ahogada en su propia paradoja: su discurso cyberpunk se retransmite vía streaming a través de las plataformas de Apple, para que nos entendamos. Decía que cuando un hombre depositaba su semilla en el vientre de una mujer la convertía un poco en su esclava y ahora está esperando un hijo de Elon Musk. Pero es que los seres humanos somos una contradicción en sí misma, y quizá tras aceptarlo ha podido Grimes centrarse y expresarse ahora de una forma más coherente con lo que representa. Ponerle banda sonora a su universo, uno que en Miss Anthropocene damos ya por plenamente construido (no en vano es el primer trabajo que publica subida en el tren de las superestrellas).

ETHEREAL is a new genre

Su característico eclecticismo sigue presente, pero nunca había retocado tanto las aristas para unificarlo así, para retenerlo todo en una misma corriente sonora, en las mismas coordenadas oscuras, vibrantes, futuristas, espaciales, etéreas…

Pero lo verdaderamente interesante de Miss Anthropocene es cómo Grimes consigue inducirte su estado mental, cómo va sumergiéndote poco a poco en su imaginario y en su sonido y cómo va, después, pervirtiendo cada género con el que coquetea para unificarlo, dormirlo, domesticarlo y absorberlo completamente, hundiéndolo más que nunca en su terreno. El eclecticismo que siempre ha caracterizado a la canadiense no deja de estar aquí, es un rasgo ineludible, pero nunca había retocado tanto las aristas para unificarlo así, para retenerlo todo en una misma corriente sonora, en las mismas coordenadas oscuras, vibrantes, futuristas, espaciales, etéreas…

“ETHEREAL is a genre”, ha reivindicado recientemente Grimes, y no hay mejor manera de hacerlo que con un manifiesto sobre lo que debería ser el ethereal como es este disco, capaz de pasar en apenas veinte minutos de la violentísima oscuridad postapocalíptica de “Darkseid” al banjo country pop de “Delete Forever” y de un banger post-vogue como es “Violence” a la locura que es “4ÆM”, que empieza en un ritmo tribal à la Nicola Cruz y termina en un jungle drum ’n’ bass muy Pendulum, sin que parezca un revoltijo desenfocado.

Fotografía: Promo

Una distopía épica

Grimes consigue inducirte su estado mental, cómo va sumergiéndote poco a poco en su imaginario y en su sonido y cómo va, después, pervirtiendo cada género con el que coquetea para unificarlo, dormirlo, domesticarlo y absorberlo completamente.

Seguramente el hecho de haber lanzado simultáneamente una versión deluxe con varias versiones alternativas, demos, el hecho de haber dejado la que apuntaba a primer single, “We Appreciate Power”, en la que las guitarras se exponen mucho más, relegada a esa edición… todo tenga que ver con el depuradísimo trabajo que ha hecho Grimes para darle al disco la unidad que finalmente tiene. Y por eso tampoco le prestamos demasiada atención a los singles cuando fueron saliendo: porque podemos entenderlos como tal, claro, pero realmente funcionan mejor en el todo excelentemente secuenciado que es Miss Anthropocene

Podemos entender “So Heavy That I Fell Through The Earth” como la balada que entregaría una Enya futurista y disfrutarla, pero nada que ver con cuando la escuchamos como apertura del disco, con esa imagen de la “nueva diosa” que encarna la propia Grimes en la narrativa cayendo como un meteoro contra la Tierra mientras combate contra un Balrog espacial, contra un dragón del espacio y del tiempo.

El estallido son los bajos abominables de “Darkseid”, que toma como base un beat de trap gótico que Grimes compuso para Liz Uzi Vert y que terminó en un WeTransfer nunca descargado, y que propone a nivel narrativo la entrada del villano. Podría decirse, de hecho, que en el disco es Grimes la que encarna las dos facetas, el bien y el mal, la salvación y la destrucción, convirtiéndose con su aura etérea en el balance perfecto entre las dos fuerzas invisibles más grandes de la naturaleza, con permiso del amor. La profeta del Apocalipsis, del cambio climático y de la aniquilación, pero también la heroína destinada a salvarnos. No me miren a mí si luego resulta que el hijo que está esperando junto al magnate de la tecnología Elon Musk (CEO de Tesla) resulta ser el Anticristo. 

Grimes habitando como nunca su propio universo

Para su primer proyecto como pop star mundial totalmente asentada ha preferido conceptualizarse y seguir definiendo su carrera bajo sus propias reglas, hacerse intocable y etérea. Alejarse de lo que esperaríamos de Grimes y volver más Grimes que nunca.

Más allá de bromas y de interpretaciones sobre el significado del disco y esa especie de historia de épica medieval sci-fi que propone un imaginario de “nuevos dioses”, un panteón renovado y vinculado a la tecnología, dioses en el fondo humanos y por lo tanto demoníacos que recuerdan mucho a lo que ya planteaba Watchmen, seguramente este sea el trabajo más cohesionado, coherente, sólido y uniforme de Grimes, si no necesariamente el mejor, perfectamente estructurado en torno a la conceptual “New Gods”. Y la cohesión no la da el género, sino el tratamiento de todo: de las voces, de los efectos, de las guitarras, los ruidos y las distorsiones (eso que tan bien queda expuesto en la densa, grave, oscura y latente “Before the Fever”).

Grimes construye su mundo en torno a un trip-hop atmosférico, un poco a la misma manera que la Lana Del Rey clásica o Ruth Radelet de Chromatics, haciendo levitar su voz por encima de las mezclas, manteniéndose siempre por encima del conjunto y logrando que todo gravite en torno a ella, y jugando con eso ha conseguido por primera vez definir a la perfección un universo propio que es metamórfico pero que siempre regresa a una misma forma.

Da igual si se pone más industrial en “My Name Is Dark”: es capaz de absorber a Nine Inch Nails y llevárselos a su planeta; da igual que haga una balada country sobre la oleada de opioides y antidepresivos que asola EEUU a colación de la muerte de Lil Peep como “Delete Forever” que va a tener su punto weird, su loop insistente y maquinístico, su aura de futuro distópico, a la vez que se permite expresarse de una manera mucho más personal (“But I did everything, I did everything / More lines on the mirror than a sonnet”, seguramente la mejor frase del disco). Da lo mismo que se acerque a los preceptos del nuevo pop en una “You’ll Miss Me When I’m Not Around” que recuerda tanto a HAIM como a Caroline Polachek o Christine and the Queens, y da lo mismo que de repente le de por brillar, como en el temazo que sirve para clausurar, una “Idoru” a la vez épica y a la vez chiquitita, a la vez orgánica y a la vez hiperdigital.

No es raro que Grimes haya tardado cinco años en definir Miss Anthropocene. Ni que se haya pasado cientos de horas retocando las canciones, como ella misma ha reconocido. Porque para su primer proyecto como pop star mundial totalmente asentada ha preferido conceptualizarse y seguir definiendo su carrera bajo sus propias reglas, hacerse intocable y etérea. Alejarse de lo que esperaríamos de Grimes y volver más Grimes que nunca.

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