Pablo Und Destruktion

Pablo Und Destruktion –
Futuros Valores

Pablo García incumple su promesa y retoma el proyecto “Pablo Und Destruktion” con su disco más amable en lo formal y más beligerante en el fondo. Nueve canciones de folk en las que adopta el papel de cantautor clásico para ofrecernos un álbum que, en realidad, es un arma tan ligera como afilada.

Pablo Und Destruktion nunca ha sido un artista fácil de encasillar. Vehemente, fuera de todo consenso –o al menos, no buscando encajar forzosamente en ninguno–, atípico, inconformista, a menudo, incluso, contradictorio… Uno nunca sabe qué esperar del artista asturiano, un hombre cuya libérrima personalidad empapa inevitablemente su obra y su forma de trabajar.

Aún no había dejado de recurrir con frecuencia a Predación (2017), el trabajo con el que, en teoría, iba a poner punto y final a su carrera musical como “Pablo Und Destruktion”, cuando tuvimos noticias de su regreso discográfico con este Futuros Valores. Un donde-dije-digo-digo-Diego que suponía romper aquella horrible promesa en menos de tres años. En la entrevista que pronto publicaremos nos reconoce que no ha podido resistirse, que no sabe dejarlo. Desde aquí lo celebramos.

Qué equivocado ha estado siempre el punk…

Futuros Valores es un artefacto construido para dinamitar el falso mito del progreso. Quizá pueda ser tachado de nostálgico (no falta quien le acusa de reaccionario), pero la intención de Pablo no es mitificar el pasado, más bien rechazar ciertas modas y mentiras.

Tras la explosión mística y sonora de Predación, Pablo Und Destruktion aborda la continuación de su carrera musical regresando a sus raíces. Futuros Valores no hace gala del músculo rockero que caracterizaba el sonido de su anterior disco. En esta especie de vuelta al folk el asturiano ha suavizado más que nunca sus canciones (al menos musicalmente), adoptando el papel de trovador y restando las trazas post-punk e incluso industriales que revestían las melodías de sus primeros trabajos.

Fotografía: Samuel Fonseca

Un regreso a las raíces

En esta especie de vuelta al folk el asturiano ha suavizado más que nunca sus canciones (al menos musicalmente), adoptando el papel de trovador y restando las trazas post-punk e incluso industriales que revestían las melodías de sus primeros trabajos.

Definitivamente, Pablo se ha hecho mayor, como él mismo reconoce en “Credo Paisano”, y ha encontrado en las amables canciones de este LP un vehículo para un discurso potente, serio y que apunta directamente contra el poder, aunque sin caer en una rebeldía hueca ni en la impostura del activista que termina enchufado en la Moncloa. De hecho, Pablo hace tiempo que renunció al punk, al que le reconoce el mismo poder de transformación social que la Coca-Cola. El asturiano, interesado en alejarse de la decadencia del estado actual de las cosas, y también buscando la gratificación que viene de la mano de ciertos “beneficios antieconómicos”, renuncia al ruido, la urgencia y la pose del insumiso que luego resulta ser el más dócil a los dictados de la hegemonía cultural y económica.

Apenas ataviado con su guitarra y algunos recursos sutiles y efectivos en la producción (que nunca empañan unas canciones que se valen por sí mismas), de esos que enseña a sus alumnos ahora que le ha dado por “Ser Profesor”, se pone en el papel de un trovador paciente en un disco en el que nos habla menos de sí mismo y más del mundo que le rodea y del que todos, al fin y al cabo, formamos parte.

El Cortejo” marca perfectamente el tono del disco tanto en lo musical como en lo lírico, si bien cabe destacar que nos encontramos ante del trabajo de Pablo Und Destruktion en el que menos protagonismo tienen la relaciones sentimentales y, general, todo lo relacionado con el amor romántico. El amor, que estará presente, en realidad forma parte de un mosaico más amplio: el que forma aquí Pablo Und Destruktion apostando por un cambio, un resurgimiento de los valores “de siempre”. Ni futuros, ni pasados, porque, como señala el asturiano en la entrevista que nos concedió, lo que estaba bien ayer, también vale para hoy y será también ‘lo bueno’ en el futuro.

Quizá sea en “Gijón” –estupenda y solemne versión de Jacques Brel– donde mejor se ve la intención del artista, pero no hace falta mucha atención para descubrir en Futuros Valores un artefacto construido para dinamitar el falso mito del progreso. Quizá pueda ser tachado de nostálgico (no falta quien le acusa de reaccionario), pero la intención de Pablo no es mitificar el pasado, más bien rechazar ciertas modas y mentiras (como dice en la ya citada “Credo Paisano”).

Un arma tan ligera como afilada

Futuros Valores es una especie de refugio del que obtener unas cuentas buenas reflexiones y cierta paz interior.

Su folk cálido se reduce en unos cuantos grados centígrados creando los compases más tétricos del disco en “Viva la Gente”, un ataque frontal al populismo punitivo del que se han contagiado todos los partidos del arco parlamentario y a esa enfermedad social llamada puritanismo que nos lleva a señalar los errores ajenos al tiempo que escondemos cualquier fallo propio que pueda poner en entredicho nuestro aparente virtuosismo moral: “A mí me gusta la gente y sólo tengo un deseo, que no sean peor que los malos los que nos creemos buenos”. El retrato social pintado a base de arpegios de guitarra y atmósferas calmadas también aparece en “Problemas” o en la enigmática “La Reyna”, con cierto toque psicodélico:

“Ya era hora, esto está llenísimo de infieles
sólo creemos en dioses que salen por la mañana en la tele
el dios de la destrucción de la belleza
el que extingue las especies y abre esas putas casas de apuestas”

Pero, en el fondo, y pese a lo que puedan reflejar estas torpes palabras, todo el disco (empezando por la promesa que encierra su título) está empapado de optimismo, belleza y gratitud. La redención se hace visible en los versos de casi todas las canciones, pero en este aspecto destacan la luminosa “Gracias” o la brevísima y final “Bastante”:

“Nunca he tenido dentro de mí
tanto amor, tanta alegría
nunca he sentido entre mis manos este olor
este olor, este olor que es una maravilla”

En menos de media hora Pablo Und Destruktion ha despachado un álbum que es aparentemente poca cosa, pero al que poder volver con asiduidad, como una especie de refugio del que obtener unas cuentas buenas reflexiones y cierta paz interior. El asturiano ha dado un giro hacia sus raíces para ofrecernos nueve canciones ajenas a cualquier delimitación territorial y que son para todos, porque están dirigidas al ser humano, demostrando que puede plantarse cara a lo establecido sin hacer demasiado ruido. Por favor, Pablo, no te vayas nunca.

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