Sentimientos amplificados

Acompañados de los franceses Pays P., Big Thief se gradúan con méritos en su primera vez en Madrid. Un concierto para demostrar que si no son la banda indie-rock del momento es porque su objetivo no es ese, es contar y cantar historias a corazón abierto

En un momento conmovedoramente sincero de la velada en Joy Eslava, Adrianne Lenker, líder y alma máter de Big Thief, se puso a reflexionar en voz alta con su expresivo guitarrista Buck Meek sobre lo raro que se le hacía escuchar sus propias canciones amplificadas eléctricamente cada noche en un sitio nuevo. Esa digresión fue una de las escasas concesiones de la banda a todo lo que no fuera música en su estado más puro, pero terminó de humanizar a un cuarteto que ya de por sí tiene un don para jugar con las aortas de su público como si fueran cuerdas de sus instrumentos.

En esa normalidad de Big Thief reside su punto de conexión con el público. Objetivamente, los de Adrianne Lenker son una banda de indie-rock bastante estándar, pero resulta fácil dar con el factor diferenciador que les hace sentir abrumadoramente familiares. Y es que verles tocar en directo es sentirse parte de una reunión de amigos que cantan canciones alrededor de un fuego, con un punto verbenero que les despoja del aura fría o melancólica que uno normalmente asocia con grupos de su onda.

Ver tocar en directo a Big Thief es sentirse parte de una reunión de amigos que cantan canciones alrededor de un fuego, con un punto verbenero que les despoja del aura fría o melancólica que uno normalmente asocia con grupos de su onda.

Riesgo y naturalidad

Tampoco es que Big Thief fuercen su simpatía, y de hecho Adrianne cuando no canta parece una persona tímida que no tuviese del todo claro cómo interactuar con el público (o su propia banda) encima de un escenario. Prueba de ello fue el doble amago de tocar una canción inédita, saldado finalmente con un: “lo siento pero no estoy convencida; si eso la tocamos más tarde”. Entendido y aceptado por todos los presentes, incluidos sus compañeros, el incidente no tuvo mayores consecuencias, más allá de demostrar que los conciertos de Big Thief son más imprevisibles de lo que se podría esperar, porque a la banda, y concretamente a Adrianne, no le importa en absoluto arriesgar, fallar y probar.

Además de la susodicha canción fallida, Big Thief tocaron otros dos temas nuevos en los primeros compases del concierto y otro hacia el final, evidenciando su falta de bienquedismo y su valentía. Temas fantásticos que prolongan el espectacular estado de forma de la banda, que sacó dos de los mejores discos del año pasado, a los que hay que sumar el disco en solitario de Adrianne de 2018, del cual sonó “from”.

Tras ese comienzo extraño (pero igualmente agradecido), los neoyorquinos encadenaron algunas de las mejores balas de su repertorio. “Shark Smile” (la más coreada de la noche), los dos grandes temas de Two Hands (“Shoulders” y “Not”), la inconmensurable “Paul”, “Masterpiece”; “Cattails” y “Contact”, de U.F.O.F., alarido incluido. En todas ellas, y aunque son canciones que destacan por sí solas como temas de estudio, Big Thief les añadieron un toque adicional de viveza y vigor, mientras sorprendían por su extraordinario nivel técnico.

Apabullante dominio instrumental

Ese gusto por el jam y el alargue a corazón abierto de los temas tan propio de muchas bandas de rock americanas (véanse War on Drugs o Ty Segall, por poner dos ejemplos recientes) lo llevan grabado a fuego Big Thief. Porque, al contrario de lo que los prejuicios podrían hacer creer (a un servidor incluido), en directo el cuarteto suenan más cercanos al rock tenso de Neil Young que a grupos indie-folk del estilo lánguido de Daughter. Propulsados por un batería estratosférico (James Krivchenia), los cuatro músicos sonaron sencillamente perfectos, tanto cuando la protagonista era la guitarra acústica de Lenker como cuando forzaban el sonido y se volvían disonantes (véase el final de “Not” o el cambio a mitad de “Contact”). Mención especial en ese sentido para la técnico de sonido propia de la banda, que jugó un papel crucial en ello, y al sonido de la Joy Eslava.

El final lo remataron mirando por el retrovisor a sus dos primeros álbumes. “Real Love”, de su debut, primero, y “Mary”, de Capacity, redondearon una noche que dejó al respetable pidiendo más con un nudo en la garganta, hasta que descendió el telón de la Joy y nos fuimos a casa, con la sensación generalizada de haber confirmado un presentimiento hasta ahora algo etéreo: el de que Big Thief pueden ser, si les dejas, una de las bandas de tu vida.

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