María José Llergo

María José Llergo –
Sanación

María José Llergo debuta oficialmente con un primer trabajo breve, pero especialmente bello e intenso. Compactando en siete canciones una propuesta que gira en torno a su espectacular cante flamenco y a sus raíces, llaman la atención unos arreglos acordes a los tiempos que vivimos, y que elevan las canciones a un nivel superior al mezclar vanguardia y tradición. Un riesgo, sin duda, pero que también demuestra unas inquietudes y una personalidad magnética que cautiva y que, inevitablemente, traslada esa fascinante atracción a su música.

Abrumado me hallo. Uno está todavía en fase de recuperación por los numerosos estímulos y sensaciones derivadas de los discos que vimos nacer el recién pasado año y, sin tregua alguna de por medio, vuelven los zarandeos. Tremendo asunto la música, qué fuente inagotable de placer, consuelo y reparación de dramas. En mi caso fue una canción la que me golpeó en primera instancia, pero no necesariamente se requiere empezar por la música de María José Llergo para sentir un aura fuera de lo común, una paz y una clarividencia realmente purificadoras. Al ver o leer entrevistas suyas se capta rápidamente el tipo de persona tras la obra. No necesita irse por las ramas, ni recurrir a discursos trascendentales o recargados para expresarse, eso lo deja para la faceta artística. Más bien se trata de una convicción basada en la sensatez, en hacer de sus raíces su fuerza y en asumir con naturalidad, huyendo del ego y la falsa humildad, que lo suyo es cantar.

Una de las propuestas más interesantes de los últimos años

Sanación es un debut magnífico, tremendamente personal, y arreglado de forma sublime gracias a la producción de Lost Twin.

Abandonó su Pozoblanco natal para construirse como artista en la Escuela Superior de Música de Barcelona. No sólo entre aquellos muros daría forma a su talento, sino que las múltiples sesiones de micrófono abierto, tablaos y jams improvisadas por toda la ciudad fueron testigos de su crecimiento, irrefrenablemente desatado por su necesidad de liberar lo que de otra manera se tornaba imposible. Esa inquietud, clave en cualquier desarrollo artístico, también le ha llevado a colaborar con artistas como Juancho Marqués o Ricardo Vicente. 

No he mencionado el flamenco hasta ahora porque no creo que haya que ponerlo al frente en esta ocasión, mucho se ha debatido últimamente sobre su pureza y la potestad o no de jugar con él y experimentar. Ha llovido desde que cayó las bocas que disentían un tal Camarón con el disco de discos, pero el tiempo siempre juega a favor del conservadurismo casposo, aprovechando esa niebla retrospectiva que cubre el pasado para volver a dar guerra. Menos mal que tampoco les ha funcionado con Rosalía, que ha ido creciendo alimentándose del zumbido cuñadil hasta agotarlo. El flamenco hay que respetarlo, e investigar con él, moldearlo y utilizarlo como forma de expresión del ser humano, esa especie donde, ya se sabe, no hay uno igual, debería ser motivo de celebración siempre.

Fotografía: Estudio Querida

El talento, primero se mama, y después se esculpe

Una voz prodigiosa que fluye entre delicadas guitarras flamencas y sutiles sintetizadores, celestiales a veces, pero firmes cuando han de serlo.

Sanación (2020) es un debut magnífico, tremendamente personal, y arreglado de forma sublime gracias a la producción de Lost Twin. Una voz prodigiosa que fluye entre delicadas guitarras flamencas y sutiles sintetizadores, celestiales a veces, pero firmes cuando han de serlo. Siete canciones, una por cada chakra, que dibujan un mapa espiritual, pero a la vez pragmático, del alma de su autora, acercándose en muchos pasajes a figuras innovadoras y con propuestas alejadas de la norma como FKA twigs. En él se atisban preocupaciones, pero también amor y paz; referencias a la familia, a la tierra, a los amantes: a la vida.

Para el inicio del disco ha decidido evocar su tierra mediante el sonido de las azadas golpeando sobre la tierra, seguido de una grabación del abuelo de María José, capturado con su iPhone directamente en la puerta de la casa de éste, visitándole por sorpresa. ¿De Qué Me Sirve Llorar? recoge ese imaginario familiar y autóctono como forma de introducirnos en su universo personal, tirando de un verso con una críptica que, pese a la dificultad que presenta adivinar su significado, resulta atractiva y agradable en los oídos.

Le sigue la que fue su primera canción, Niña de las Dunas”, que generó una repercusión notable en Internet hace un par de años. Como muchos de los temas, surgió de la nostalgia generada de la distancia con los suyos, esa tremenda brecha existente entre Córdoba y Barcelona para gente humilde y en fase de formación. El tránsito de sendas alejadas del nido siempre contribuyó a acercar al peregrino con sus raíces, y a generar inspiración para el que lo requiere. De ese sentimiento nace esta preciosa pieza, arreglada únicamente por una guitarra española en la que se dejan entrever ciertos matices exóticos.

Elevando el flamenco al cubo

Siete canciones, una por cada chakra, que dibujan un mapa espiritual, pero a la vez pragmático, del alma de su autora. En él se atisban preocupaciones, pero también amor y paz; referencias a la familia, a la tierra, a los amantes: a la vida.

Soy Como El Oro es el único tema cuya letra no está compuesta por María José, sino que procede de la cultura popular y ha sido transmitida a lo largo de los años por cantaores varios. La envoltura en esta ocasión adquiere un aire futurista que, salvando no muchas distancias, remite al Vangelis de Blade Runner. Las texturas aparecen y desaparecen con la voz, adquiriendo así la composición un tono casi metafísico, acorde con ese orgullo bien justificado que expresa la canción.

A modo de broche en la mitad del disco, El Hombre de las Mil Lunas dispara las sensaciones acentuando la sección rítmica. Aunque breve, el tema agita la magia que flotaba ingrávida hasta ahora, dotándola de energía y refrescando los oídos. Y como las olas que llegan a reposar a la orilla, Nana del Mediterráneo va entrando, delicada y evocadora. Dividida en dos partes, una primera que transcurre mecida en su propia calma, y una segunda de disertación, donde el pasaje ambiental cede su sitio a la voz y la guitarra. Sin ninguna prisa y con una verdadera maravilla de cadencia vocal, el desarrollo nos lleva de viaje, casi literalmente por otro mundo (suban el volumen), nos duerme y después nos hace soñar. 

Finalmente, cierran el disco las dos canciones más interesantes del debut. La sorpresa llega con El Péndulo”, abordándola dentro del contexto del disco. Con un ritmo que remite a versiones tribales de hip-hop, se erige como la más personal de las piezas de Sanación, utilizando la metáfora de la oscilación del péndulo para reflejar los altibajos emocionales de la persona, cómo estos vienen y van irremediablemente, factor congénito al estar vivo. Por último, espera una de esas para escuchar en bucle sin desgastarla. Me Miras Pero No Me Ves es un bombazo en clave de seguiriya que reúne todas las virtudes esenciales de la expresión artística de María José. Esa bestialidad de sintetizador sujeta el tema como un estacazo a través de la espina dorsal, aumentando exponencialmente el impacto expresivo al contraponerlo al tradicional cante y acompañamiento de palmas. Un total de veintiséis minutos que no se olvidan. Escuchando esto no hay palabras que valgan, sólo volver al comienzo y dejarse arropar.

error: ¡Contenido protegido!