070 Shake

070 Shake –
Modus Vivendi

La rapera de Nueva Jersey debuta finalmente en largo tras casi un año dándole vueltas a un Modus Vivendi en el que canaliza todo lo aprendido durante su estancia en el retiro espiritual de Kanye West en Jackson Hole (la espiritualidad, el sentimiento de comunidad, la emoción, la unidad, la libertad creativa, el sampleo, la experimentación electrónica y el ánimo pop). Sin encontrar todavía un discurso unificado y claro, sí vemos aquí bases para el desarrollo de una de las voces más interesantes del nuevo pop-rap.

Danielle Balbuena ha aprendido mucho de Kanye West. Ella misma lo ha reconocido, pero es que además es la idea que más clara queda tras escuchar, por fin, varios meses más tarde de estar “incompletamente” terminado, su esperadísimo debut. Aprendió mucho de aquel encierro en el rancho de Amangani, un resort de lujo en Wyoming, apartado del mundo, que Kanye había alquilado para retirarse a iniciar una especie de ritual sanador tras sus sonados problemas con un sistema sanitario que seda a sus pacientes a base de medicamentos, antipsicóticos, antidepresivos y narcóticos. Diagnosticado de bipolaridad y ahogado creativamente por la medicación, necesitó reencontrarse, volver a hacer música, darle sentido otra vez a su voz, etc.

Pero tampoco llegó a encontrarla del todo, como demuestra el modesto e inacabado ye y terminando todo este camino en la composición de Jesus Is King, poniendo su voz al servicio de Dios. Lo que sí encontró en Amangani fue la voz de los demás. Se rodeó de amigos y colaboradores, de artistas admirados y admiradores, y sacó de todas esas sesiones su particular pentáculo de sanación, conformado también por los trabajos de Pusha T (DAYTONA), Nas (Nasir), Teyana Taylor (K.T.S.E.) y KIDS SEE GHOSTS. Pero mucho más que eso. Un disco con Chance the Rapper, un nuevo trabajo de Kid Cudi, trabajos con coros de góspel, sesiones con Childish Gambino… hasta llegó a rumorearse una posible colaboración con Drake. Además, por supuesto, la participación de 070 Shake, que dejó algunos de los momentos más brillantes de todos aquellos procesos de grabación: “Ghost Town”, “Santeria”, “Not for Radio” o “WTP”.

El retiro de West en Amangani como punto de partida

Entre tintes anunciadores y cantos casi religiosos, 070 Shake pide amor y utiliza siempre términos que invitan a la unidad, a la solidaridad, a la comunidad.

Su paso por allí fue crucial para su carrera por todas esas colaboraciones estelares, que sacaron a la luz temas anteriores que habían pasado más desapercibidos (como la espectacular “Honey” que sirve como clímax de todos sus conciertos) y sirvieron como promoción ideal para el que fue su primer EP, el que significaba además su primera referencia como parte de G.O.O.D. Music (la discográfica de ye), un Glitter comandado por su tema homónimo que ponía las expectativas por las nubes. Pero quizá más aún por permitirle conectar con el espíritu de comunidad que tanto quería reproducir Kanye en Amangani, que le permitió mejorar mucho en el tratamiento de problemas y ansiedades personales y darle otra visión a sus letras. Por todo lo que puede significar trabajar con West en un retiro espiritual/musical. 

La intro resulta reveladora a este respecto, aprovechándose también de ese aura como mística, exótica, de mil y una noches de Balbuena. Entre tintes anunciadores y cantos casi religiosos, pide amor y utiliza siempre términos que invitan a la unidad, a la solidaridad, a la comunidad. No en vano su concierto de Barcelona terminó convertido en un mitin. Tanto es importante que ella misma ha reconocido que prefirió pasar un tiempo lejos de familia y amigos para encontrar la concentración y poder enfocarse completamente durante el proceso de grabación del disco. “De sacrificios como ese vienen las emociones”… Que se lo digan a Joaquin Phoenix. Casi un año después de haberlo grabado, en pleno 2019, aún se resistía a lanzarlo porque prefería dejar correr el tiempo para volver a escucharlo y ver si le seguía emocionando.

Fotografía: Press

Hiperestesia y discurso pop

En Modus Vivendi se palpa la mano de Kanye West: la espiritualidad, la visión experimentadora y vanguardista y la transgresión de reglas en el hip-hop, muy relacionada con el ávido interés en las formas del pop.

Toda esa hiperestesia emocional se nota en Modus Vivendi, por los cuatro costados. Igual que se notan las cosas de West: la espiritualidad, la visión experimentadora y vanguardista y la transgresión de reglas en el hip-hop, muy relacionada con el ávido interés en las formas del pop. Pero quizá sin golpear con verdadera fuerza en ningún momento, salvo a lo mejor en “Guilty Conscience”, que plantea lo complejo a nivel emocional de ser un hombre y ver caídos los escudos que normalmente nos enseñan a ponernos para ocultar lo que sentimos (aquel famoso “Boys Don’t Cry”).

Quizá es que las expectativas estaban demasiado altas… Porque al final Modus Vivendi sabe bandear bien todo lo que propone y además plantea posibles pasos hacia delante, tanto en sensibilidad como en el crossover entre pop y rap, que suena aquí más fresco que en muchos tops de Billboard. Y tiene canciones, aunque esperáramos algún “Honey” más y nos encontremos con joyas mucho más sintéticas, con un sonido mucho más elegante y sutil y con una mayor cercanía a las reglas del nuevo pop. De hecho, es fundamental la participación del productor Dave Hamelin (Tragically Hip) en todo el proceso del disco, precisamente para darle esa pátina más alejada del hip-hop y con un sonido más alternativo. 

Experimentación electrónica tras los pasos de Yeezus

Un viaje futurista por el amor y el desamor, por las necesidades, por la irracionalidad de la juventud, por los nervios y las ansiedades… un viaje algo naive de una joven perdida encontrándose.

Los sintetizadores de, precisamente, “Guilty Conscience” podrían servirnos, igual que el autotune y el engole casi de almuédano de la voz de Dani, para resumir todo lo que vamos a encontrarnos en el álbum. Un viaje futurista por el amor y el desamor, por las necesidades, por la irracionalidad de la juventud, por los nervios y las ansiedades… un viaje algo naive de una joven perdida encontrándose, que aún no ha dado con las claves que quiere transmitirnos ni con cómo hacerlo pero que, desde luego, ha puesto las bases necesarias para ello, convirtiéndose en una de las voces más originales del género en la actualidad.

Que letras como “Divorce” flojeen no puede hacernos quitar la atención de su producción vanguardista, introduciendo esos solos de guitarra de psicodelia febril à la Prince (y a lo “Give In To Me”, seguro una de las inspiraciones más evidentes del disco y apuesto una favorita personal de Balbuena) colisionando como asteroides en un manto oscuro estrellado entre percusiones vibrantes y sintetizadores etéreos. Lo mismo que pasa con “Microdosing”, oscura y synthwavera pero a la vez cambiante, mutante, entre esas guitarras en tensión, los pianos, las congas y el break electrónico del final, muy The Knife. 

Esta parte electrónico-experimental se reproducirá en otros momentos importantes, como la amenazadora “The Pines”, con esa progresión tan tan Kanye e interpretando a su manera el clásico norteamericano del dark folk “In The Pines (Where Do You Sleep Last Night?)”, con el que también se atrevieron en su momento Nirvana. Y se puede relacionar rápidamente con los experimentos de Yeezus, especialmente en “Daydreaming”, una fantasía programada en la que veo perfectamente el futuro de Christine and the Queens y que se abre a la luz celestial en el estribillo. 

El futuro de un pop-rap alternativo y honesto

070 Shake aún no ha dado con las claves que quiere transmitirnos ni con cómo hacerlo pero, desde luego, ha puesto las bases necesarias para ello, convirtiéndose en una de las voces más originales del género en la actualidad.

Pero la mejor noticia es cómo sabe mantener el pulso de los números más pop, ya sea a nivel melódico, como ocurre en “Morrow”, o a nivel estructural, como pasa con “Under the Moon”, la canción mejor enfocada de todo el trabajo y una especie de clímax dentro de la secuencia. La primera, lanzada como segundo sencillo, ya avisaba con esos rasgueos de guitarra iniciales (las seis cuerdas están trabajadas en prácticamente todo el largo por Hamelin junto al joven Sean Solymar, uno de los protegidos de Mike Dean, el productor de cabecera de West, y también presente junto a él en las sesiones de Jackson Hole, en el resort de Wyoming); la segunda, por su parte, está construida sobre un pulsante bajo sintético y recuerda mucho al groove cinemático de Chromatics o las producciones de Gesaffelstein con The Weeknd.

De hecho, prácticamente no hay hip-hop como tal en todo Modus Vivendi, salvo quizá en algún momento de la juguetona “Rocketship”, un poco en la línea de la M.I.A. más comedida. La tónica general es esa opulencia más melódica que usa a placer la intensidad rítmica del rap o incluso algunos de los fraseos que podemos reconocer en raperos más melódicos como Travis Scott, y que se muestra con claridad en la más modesta “Nice to Have”.

Después de una secuencia bastante depurada, quizá “Terminal B”, surgida de la visita a Amangani del también amigo y colaborador habitual de West Francis and the Lights, y la final “Flight319” se queden un poco en agua de borrajas, demasiado condenadas a bonus tracks, pero en general el disco mantiene el nivel y da el tipo por el brillante futuro que suscita. Ya tenemos a una de las que apunta a ser voces fundamentales de la década en la que nos acabamos de montar.

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