Black Sabbath

Black Sabbath –
Black Sabbath

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El heavy metal nació un viernes, 13 de febrero de 1970. En esa fecha se publicó el debut de la banda seminal de todo un género: Black Sabbath. Fruto de la casualidad, el destino y las pésimas condiciones laborales de la clase trabajadora inglesa de aquella época, el paso del tiempo sólo ha acrecentado la leyenda de los de Birmingham.

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Pocas veces en la historia de la música popular se puede trazar el origen de todo un género de una manera tan clara como en el caso del heavy metal. Judas Priest le dieron la estética, la pose, la velocidad y la potencia que después lo caracterizarían, pero fueron Black Sabbath con su debut homónimo quienes pusieron la primera piedra tanto en sonido como en temática. Antes de ellos, nadie hablaba en canciones de la muerte, la guerra, la contaminación, la amenaza nuclear, los gobiernos corruptos o el diablo. O, si lo hacían, desde luego no era con la contundencia de los de Birmingham. El viernes 13 de febrero de 1970 se fundó el heavy metal, y eso es una verdad tan grande e irrefutable como el legado de dicho álbum.

El accidente laboral más afortunado del mundo

Black Sabbath ampliaron de golpe el abanico musical de la civilización humana, abriendo una senda no hollada antes que ellos, que discurre por el borde más extremo, ruidoso, oscuro y desafiante de la música pop.

Hay una anécdota brutal, puro fruto del azar, que tuvo un papel esencial en la creación del metal tal y como se desarrollaría después. Tony Iommi era un guitarrista amante del blues, que por aquel entonces ya se había juntado con tres colegas de Birmingham llamados Geezer Butler (bajista), Bill Ward (batería) y Ozzy Osbourne (vocalista). Decidido a dejar su trabajo en una fábrica de planchas de metal (¿dónde si no?), acudió un último día a instancias de su madre. La mala suerte quiso que ese preciso día faltase el compañero en la línea de producción, lo cual terminó con Tony al cargo de una tarea de la que no tenía ni idea y, finalmente, su mano derecha aplastada por una prensa hidráulica. El resultado: la pérdida de la última falange de los dedos anular y corazón. 

Los médicos, a los que habría que juzgar por crímenes de lesa humanidad, le dijeron al pobre Iommi que no volvería a tocar la guitarra. Sin embargo, un amigo le contó la historia de Django Reinhardt, quien habiendo perdido la movilidad de varios dedos en un incendio, desarrolló una técnica para tocar sin echarlos de menos. Inspirado por la historia, Iommi cambió las cuerdas de su guitarra por cuerdas de banjo, más finas, y bajó su afinación hasta C# con el fin de aflojar su tensión. El resto es Historia (del heavy metal, concretamente).

Fotografía: Archivo

“What is this that stands before me?”

Usando cambios en el volumen de la guitarra, centraron su sonido en riffs machacones y lentos respaldados por una base rítmica mucho más agresiva que nada de lo oído anteriormente. El resultado fue tan devastador como incomprendido por la crítica.

Lluvia, campanas, un riff salido de las tinieblas (e inspirado por el movimiento de Marte, de “Los Planetas” de Gustav Holst). Se hace difícil imaginar la primera reacción de la gente que en el año 1970 oyera por primera vez el cántico gimiente de Ozzy Osbourne, la base rítmica pesada como nunca antes se había oído y el riff de blues degenerado de Tony Iommi que abren el tema “Black Sabbath”, del álbum Black Sabbath, de la banda Black Sabbath.

Porque Black Sabbath procedían del blues, al igual que lo hacían sus admirados Led Zeppelin. Sin embargo, la interpretación que hicieron Iommi, Butler, Ward y Osbourne del blues-rock previo fue rompedora y arriesgada como nunca antes. Usando cambios en el volumen de la guitarra, centraron su sonido en riffs machacones y lentos respaldados por una base rítmica mucho más agresiva que nada de lo oído anteriormente. El resultado fue tan devastador como incomprendido por la crítica. El mítico Lester Bangs, por ejemplo, dijo que “el disco entero es un mojón […] como Cream. Pero peor”.

Afortunadamente y una vez más, la crítica y el éxito de masas fueron en direcciones opuestas. Ya fuera por el fantástico trabajo de promoción por parte de Vertigo, por lo rompedor del sonido o por el halo tétrico y misterioso de todo lo que rodeaba a la banda, el caso es que Black Sabbath tuvieron un éxito casi inmediato, alcanzando el puesto octavo en los charts británicos y poco después vendiendo un millón de copias en el mercado estadounidense a través de Warner.

Más allá del muro de sonido

Afortunadamente y una vez más, la crítica y el éxito de masas fueron en direcciones opuestas. Ya fuera por el fantástico trabajo de promoción por parte de Vertigo, por lo rompedor del sonido o por el halo tétrico y misterioso de todo lo que rodeaba a la banda, Black Sabbath tuvieron un éxito casi inmediato.

En el tema inicial y doblemente homónimo están todos los ingredientes. El segundo, The Wizard”, se nutre de inspiración tolkieniana para marcar punto por punto los pasos con los que Black Sabbath se alejaban del blues que sugiere la armónica de Ozzy. Ahí aparecen, por ejemplo, el bajo de Butler siguiendo los riffs de Iommi, engrosando su sonido o los solos retorcidos y psicodélicos de éste último. En otra referencia de literatura fantástica popular, Black Sabbath reciclaron el título y el leitmotiv de un cuento breve de H.P. Lovecraft para su Behind the Wall of Sleep”.

Resulta sorprendente que la única referencia directa a Satán en este primer álbum de una banda con un aura tan diabólica como Black Sabbath sea una inocente y hasta enternecedora carta de amor del propio Lucifer. Cómo se tomó la fantástica N.I.B. en un alegato a favor de la llegada del Anticristo a partir de sus supuestas siglas (Nativity In Black) es un misterio tan improbable como favorecedor para el relato negro de los de Birmingham, y que de paso ocultó el, según ellos, involuntario plagio de “Sunshine of Your Love” de Cream.

Versiones sui generis y distorsión al máximo

La senda que abrieron Black Sabbath aún había de intrincarse, bifurcarse, perderse y volver a aparecer muchas veces en los cincuenta años posteriores. Pero que, sin esa prensa hidráulica, quizá nunca hubiéramos sido capaces de vislumbrar.

Si la cara A es una sucesión de himnos primigenios que pasarían a la Historia del heavy metal, la B tiene un perfil más bajo. Para empezar, de los tres temas que la componen originalmente, dos son versiones. La primera, Evil Woman”, de Crow, fue una maniobra comercial del mánager de la banda para poder vender el producto al sello. Por lo visto ellos estaban tan poco de acuerdo con la decisión que se alegraron cuando fracasó como single promocional. Una vez más hay que darles la razón a los pioneros: se trata del tema menos destacado del LP.

Conectando ambos covers, “Sleeping Village” es un tema psicodélico y dulce que incrementa la impresión de que la segunda mitad del disco está bastante menos planificada y elaborada que la primera. Cosa no sorprendente, por cierto, cuando uno recuerda que la banda grabó todo el debut en directo en un solo día en el estudio.

La segunda versión y última canción del álbum (al menos en su edición original) sí que era de una banda admirada por Black Sabbath; concretamente, el proyecto liderado por Aynsley Dunbar. “Warning”, sin embargo, respeta menos a la original que Ozzy a la policía de narcóticos. Desde el verso que da título a la canción, equivocadamente cantado por Ozzy (“I was born without you, baby” en lugar de “I was warned about you, baby”) hasta la duración (de unos tres a diez minutos, vía una jam psicotrópica, densa y cargada de fuzz hasta las trancas), Black Sabbath hacen suyo el tema de Dunbar y de paso sientan cátedra de cómo cerrar un disco así de ruidoso y mayúsculo.

“What is this that stands before me?
Figure in black which points at me
Turn ‘round quick, and start to run
Find out I’m the chosen one.
Oh no!

En 1968 en el barrio obrero de Aston, Birmingham, cuatro chavales que apenas rozaban la veintena formaron una banda de blues. El primer tema que compusieron, la maravillosa Wicked World” (inicialmente olvidada en su primer disco), ya era en sí misma todo un cambio de paradigma con respecto al rock del que procedían, a la vez que un grito tenebroso de rebeldía e inconformismo. Dos años más tarde, con este fundamental disco debut, ampliaron de golpe el abanico musical de la civilización humana, abriendo una senda no hollada antes que ellos, que discurre por el borde más extremo, ruidoso, oscuro y desafiante de la música pop. Una senda que aún había de intrincarse, bifurcarse, perderse y volver a aparecer muchas veces en los cincuenta años posteriores. Pero que, sin esa prensa hidráulica, quizá nunca hubiéramos sido capaces de vislumbrar.

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