Green Day

Green Day –
Father of All Motherfuckers

Cuatro años han tardado Green Day en lanzar el sucesor de Revolution Radio (2016). Con Father of All Motherfuckers regresan con desgana y sin ideas, como demuestra el reciclaje de elementos pasados y el uso de soluciones manidas que se extienden a lo largo del registro. Diez canciones en apenas veintiséis minutos que sirven como propaganda y excusa para embarcarse en una nueva gira.

La edición de un nuevo álbum de Green Day siempre es un gran acontecimiento. No importa si el desastre se ve venir. Fueron una de las bandas capitales de los noventa, principalmente gracias al vigoroso Dookie (1994); y resurgieron con fuerza en los primeros años del nuevo siglo con el espléndido American Idiot (2004). Dos pilares que abarcan una década de actividad resuelta de forma bastante satisfactoria, repleta de grandes canciones que cimentaron la reputación que tienen hoy los de California. Más de diez años llevan, sin embargo, trazando una trayectoria que se vuelve más y más errática con cada nuevo lanzamiento discográfico. Hubo quien vio en 21st Century Breakdown (2009) un álbum sobreproducido que ambicionaba ser más grande que su antecesor; la incontinencia creativa unida a la ausencia de filtro les jugó una mala pasada con la trilogía ¡Uno!, ¡Dos! y ¡Tré! (2012); mientras que el discreto Revolution Radio (2016) traía una colección de canciones insulsas desprovista de cualquier hálito de frescura. Green Day quisieron hacer de este álbum la continuación natural de 21st Century Breakdown para dejar atrás el fiasco que había supuesto la trilogía, pero se tomaron demasiado en serio a sí mismos.

Más sencillo y directo, más liviano y festivo

La misma portada es un reflejo de lo que este LP de veintiséis minutos guarda en su interior: un pastiche de ideas que evidencian un acusado agotamiento creativo.

Cuatro años después llega la contrapartida. Father of All Motherfuckers pretende alejarse de aquella gravedad, hacerlo todo más sencillo y directo, más liviano y festivo. Basta con escuchar los cinco primeros segundos del registro para darse cuenta del cambio de enfoque. En su decimotercer álbum, Billie Joe Armstrong, Mike Dirnt y Tré Cool recuperan el garajeo canalla que pergeñaron en el notable Stop Drop and Roll!!! que lanzaron en 2008 con el efímero proyecto paralelo Foxboro Hot Tubs, pero el resultado sigue sin ser convincente.

La misma portada es un reflejo de lo que este LP de veintiséis minutos guarda en su interior: un pastiche de ideas que evidencian un acusado agotamiento creativo. Billie Joe ya utilizó este modus operandi para poner en pie The Longshot, la banda paralela con la que editó Love is for Losers a principios de 2018. Entendemos el carácter del divertimento, pero nos extrañan esas formas para con su proyecto principal. Más aún pasado tanto tiempo desde su última referencia de estudio.

Fotografía: Press

Propaganda impersonal para salir de gira

Definir el álbum como “canciones peligrosas para niños peligrosos” como respuesta a la falta de arrojo que Billie Joe echa en falta en el rock resulta, a todas luces, un acto inverosímil si el comentario acompaña a una portada donde la palabra “motherfuckers” aparece censurada y la omiten de forma habitual en la red.

Comenzábamos diciendo que el despropósito se venía venir, y es que definir el álbum como “canciones peligrosas para niños peligrosos” como respuesta a la falta de arrojo que Billie Joe echa en falta en el rock resulta, a todas luces, un acto inverosímil si el comentario acompaña a una portada donde la palabra “motherfuckers” aparece censurada y la omiten de forma habitual en la red. Contemplamos la posibilidad de que estas acciones atiendan a un imperativo discográfico, pero en tal caso mejor hubiera sido cambiar el planteamiento y no comprometer de forma absurda la autenticidad que nos quieren vender. 

Father of All…” comienza con un riff escueto pero poderoso de guitarra que parece un vestigio de aquel sobre el que se armaba “Fuck Time”, de ¡Dos!. Se trata de un tema sucio y rápido, de estribillo resultón, que sorprende por el falsete que Billie Joe ejecuta a lo largo de la canción. Más agresivo se muestra en “Fire, Ready, Aim”, donde existe un curioso equilibrio temperamental que funde la indignación con un elemento festivo que viene dado por los coros y los arreglos de teclados. 

Oh Yeah!” baja las revoluciones para centrarse en el ritmo, y construyen la canción a partir del “Do You Wanna Touch Me (Oh Yeah)” de Joan Jett (original de Gary Glitter). Trabajan una percusión opulenta, donde el bombo de la batería lo llena todo y acompaña a una sección coral un tanto bochornosa que pretende ser la voz colectiva que afirma la desesperanza de los tiempos convulsos en los que vivimos. Un episodio vergonzante. Por su parte, “Meet Me on the Roof” recupera el falsete inicial en una pista relajada, cadenciosa, en cuya segunda mitad se animan con coros doo-wop con los que intensificar el carácter despreocupado de la pieza. 

Evidencia de un agotamiento creativo

Green Day tratan de ornamentar con demasiados detalles pueriles e irritantes unas canciones insustanciales que nos hacen preguntarnos con tristeza qué pasó con aquella banda que firmaba un buen puñado de hits en cada grabación.

Quizá el punto en el que Green Day parece seguir atesorando un ápice de su personalidad musical sea en I Was a Teenage Teenager”, que perfectamente podría haber encajado en Nimrod. Llama la atención cómo, tras el sólo de guitarra, juegan a reproducir un falso directo al introducir vítores enlatados cayendo en la más absoluta horterada. Un recurso que volverán a utilizar en Stab You in the Heart”, donde echan mano de un riff recuperado, una vez más, de “Fuck Time”. Aunque en esta ocasión acelerado para configurar un rock and roll de manual, con aullido a lo Little Richard incluido. 

Descubrimos nuevas reminiscencias de ¡Dos! en las estrofas deSugar Youth”, en lo que parece una reescritura “Lazy Bones”, mientras en los estribillos reproduce las mismas líneas melódicas que se desarrollaban en las estrofas de “She’s a Rebel”, recogida en American Idiot. Acercándose tímidamente al hip-hop, Junkies on a Highes la más sorprendente del conjunto. Pesada, oscura, emparentada con “Nightlife”, nuevamente, del segundo lanzamiento de la trilogía. Ambas con el bajo como principal conductor de la composición y con el consumo de drogas como temática central. Aunque en esta ocasión los estribillos están bastante mejor resueltos.

Una guitarra lejana, de tintes western, será la encargada de introducirnos en Take the Money and Crawl”, donde Green Day se calzan los zapatos de banda revival para terminar imitando a los australianos Jet. Haciendo gala de un estribillo superpegadizo, eso sí, y un estilo que está lejísimos de ser asociado con la personalísima firma que ha caracterizado siempre al grupo. Y llegamos al final del trabajo con Graffitia”, que resulta un cruce entre el pop-rock ochentero de Huey Lewis and The News y el pop-punk anodino de Busted. 

En Father of All Motherfuckers, Green Day dan la espalda a su identidad para refugiarse en la anécdota garajera, recuperando elementos de sus producciones pasadas y sobreexplotando recursos como los “oooh” y “uuuh” que ya asomaban en Revolution Radio y las palmas a las que tanto partido les sacaron en Love is for Losers. Detalles pueriles e irritantes para ornamentar unas canciones insustanciales que nos hacen preguntarnos con tristeza qué pasó con aquella banda que firmaba un buen puñado de hits en cada grabación.

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