Alexandra Savior

Alexandra Savior –
The Archer

Alexandra Savior regresa (o viene de verdad por primera vez) con un álbum reflejo de una nueva etapa en su vida, escrito tras el fin de una relación manipulativa y dañina. Cargado de elementos simbólicos, The Archer es un álbum conciso y con una producción sobresaliente. A caballo entre el dream-pop y el rock psicodélico, tomando prestado de aquí y de allí, el disco es un claro “aquí estoy yo y a quien no le guste, que mire para otro lado”.

Un fenómeno tristemente habitual en los tiempos que corren (aunque, afortunadamente, cada vez se señala y se combate más) es la necesidad de hablar de cualquier mujer en relación a los hombres de su vida. En muchos casos, las mujeres somos despojadas de nuestro nombre y apellido(s) y relegadas a “la novia”, “la hija”, “la amiga” o “la asociada” del hombre de turno, obviando nuestros méritos. Alexandra Savior es un claro ejemplo de esta costumbre, con su nombre irremediablemente enlazado al de Alex Turner desde la publicación de su debut Belladonna of Sadness (2017). Hastiada de la situación, Alexandra ha puesto punto final al asunto; sí, colaboró con Alex Turner, pero han pasado casi cuatro años y ya va siendo hora de hablar de otra cosa. La oregonesa nos ha acabado de demostrar que tiene una voz propia (dulce y melodiosa, por cierto) con el que se siente como su verdadero debut.

El que esté libre de pecado…

Como fénix renacido de las cenizas, Alexandra Savior ha vuelto con un disco mucho más personal, escrito íntegramente por ella y producido por Sam Cohen (productor de dos discos de Kevin Morby, entre otros).

Yo llegué a Alexandra Savior en algún momento de 2016, como muchos otros fans de los Arctic Monkeys, sedientos de alguna novedad musical en el largo hiato transcurrido entre AM (2013) y Tranquility Base Hotel & Casino (2018). Ante las primeras noticias de que Alex Turner tenía una nueva “protegida” con la que estaba escribiendo y produciendo un disco, las expectativas subieron como la espuma. Y, si algo ha quedado claro en numerosas ocasiones en la industria musical, es que las expectativas altas juegan casi siempre en nuestra contra. 

Lo que parecía una bendición (colaborar con uno de los músicos más deseados del indie-rock), acabó siendo en realidad una verdadera condena. En cuanto el disco salió al mercado empezaron a llegar las críticas: que si sonaba demasiado a Arctic Monkeys, que si era una copia de Lana Del Rey, que si parecían descartes de The Last Shadow Puppets. Aunque a muchos nos gustó Belladonna of Sadness, todas las reseñas quedaron empañadas por las comparaciones y las suposiciones, ya que además se fantaseó mucho sobre si la relación entre ambos era más que profesional.

Un año más tarde, la discográfica de Alexandra Savior, nada menos que Columbia Records, la “dejaba ir” (bonito eufemismo para decir que la echaron) y su manager dimitía. Alexandra ha reconocido en entrevistas que llegó a pensar que nunca más volvería a hacer música. Afortunadamente, se ha dado una segunda oportunidad y, como fénix renacido de las cenizas, ha vuelto con un disco mucho más personal, escrito íntegramente por ella y producido por Sam Cohen (productor de dos discos de Kevin Morby, entre otros). Las influencias psicodélicas inundan este disco de tan sólo treinta minutos de duración que deja la sensación de que, por fin, hemos conocido a la verdadera Alexandra.

Fotografía: Press

Psicodelia y melancolía

Las influencias psicodélicas inundan este disco de tan sólo treinta minutos de duración que deja la sensación de que, por fin, hemos conocido a la verdadera Alexandra.

Soft Currents”, el primer corte de The Archer, no es el más representativo del disco, pero sí sirve como presentación y transición desde su anterior trabajo. Esta canción inofensiva, acompañada sólo por un piano, nos conduce con una voz melosa que canta sobre los siete años de mala suerte que ha tenido y los errores que ha cometido. Acabando en un tono optimista, el último verso de la canción dice que ahora ya está todo bien, cerrando así una etapa y dejando paso a lo que está por venir.

En un claro contraste con el tema anterior comienza “Saving Grace”, uno de los adelantos del disco, con arreglos orquestales pero a la vez psicodélico y con un bajo hipnótico. Sigue “Crying All the Time”, otro de los avances y momento destacado dentro de The Archer, con una letra sardónica y haciendo referencia a esta relación pasada. Este corte es, tal vez, donde más evidente resultan las comparaciones con Lana Del Rey (en gran medida por el tono de voz de ambas, pero también por la temática sad girl).

Desde una playa nos llega “Can’t Help Myself”, en la que la cantante nos sigue detallando esa relación dependiente y asfixiante, aunque el tono es animoso. Las olas de la orilla nos arrastran hacia una segunda mitad más oscura y más parecida a lo que ya conocemos de Alexandra Savior. De este modo, “But You”, otro de los cortes más brillantes del álbum, tiene unos arreglos de viento metal en el estribillo que llegan a recordar al Back to Black de Amy Winehouse. Con su característica voz, Savior nos relata sus historias de desamor desde la perspectiva de una persona que sale de una relación insana y comienza a ver sus recuerdos bajo otra luz desde la distancia.

Lo bueno, si breve…

The Archer es un disco bonito, si bien no demasiado innovador, que deja muy buen sabor de boca y que supone el primer paso en firme dentro de la carrera musical de Alexandra Savior.

La canción homónima “The Archer” (¿la carta del tarot?, ¿otra referencia a Cupido, como la de su anterior disco?) cierra el elepé. Una vez más aparentemente alegre debido a su melodía, la letra es en realidad una descripción de un hombre depredador en sus relaciones amorosas, con los que la cantante dice haber tenido muchas experiencias. Es decir, lo que viene siendo el efecto The Smiths. Antes de darnos cuenta, se pasan los escasos dos minutos y medio y el disco está terminado. 

Uno se queda deseando más, como cuando en la botella no queda suficiente agua para saciar la sed. Desplegando parcialmente su potencial, Alexandra Savior da unos prometedores pasos firmes en el camino de lo que será su carrera musical. Un disco bonito, si bien no demasiado innovador, que deja muy buen sabor de boca. Por mi parte, quiero dejar aquí constancia de que esta será la última vez que nombre a Alex Turner al hablar de Alexandra Savior, toda una artista por méritos propios.

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