Taifa Yallah

Taifa Yallah –
Ep.01-Causa

Con su nuevo trabajo, Dellafuente abandera la huida hacia nuevos sonidos de una escena que se apaga. Veinticuatro arriesgados minutos de rock por parte de un artista obsesionado con no encasillarse en una fórmula gracias a la que, irónicamente, puede permitirse alejarse de ella con tanta contundencia.

Hasta para hablar de un artista que intenta desvincularse del trap hay que acudir a El Bloque. En la entrevista con Dellafuente publicada en noviembre de 2018, el granadino, a partir del minuto 32, ya había avisado: cuando para un concierto especial en la Alhambra preparó versiones menos bailables de sus temas, se dio cuenta de que lo suyo era el rock. “Esa semilla está ahí, y como germine…”. Casi año y medio después, ha publicado la planta entera en forma de EP: Ep.01-Causa (Santa Catalina, 2020).

Allá por la época de la entrevista, eran los grupos analógicos quienes trataban de acercarse a lo urbano por su hype y frescura, pero ya ha llegado el punto en el que la escena del trap se ha desgastado tanto que los raperos buscan nuevas fórmulas para no morir. Dellafuente no ha caído en el titubeo fácil de una colaboración puntual. Sin haber lanzado ningún single previo, publica siete canciones que se alejan de la pista de baile para reivindicar el rock andalusí.

Fotografía: Promo

Bases analógicas y muros de guitarra

Canciones con estructura pop que, durante la estrofa, no despuntan de los trabajos menos bailables de Dellafuente, como su colaboración con Novedades Carminha o varios temas de Ansia Viva, pero cuyo estribillo lo protagonizan sonidos de rock industrial.

El disco empieza muy accesible para aquellos acostumbrados al trabajo previo de Dellafuente. “La Verdad” nace de un beat que, en vez de estar hecho con ordenador, surge de un arpegio de guitarra. Lo chocante llega cuando rompe el estribillo: en vez del típico drop con un bajo bailable y sintetizadores, irrumpe un muro de guitarras fortísimo aderezado con quejíos flamencos.

Varias piezas de Ep.01–Causa siguen este mismo patrón (“400 Demonios”, “El Barco”): canciones con estructura pop que, durante la estrofa, no despuntan de los trabajos menos bailables de Dellafuente, como su colaboración con Novedades Carminha o varios temas de Ansia Viva, pero cuyo estribillo lo protagonizan sonidos de rock industrial.

Taifa Yallah, más allá de Dellafuente

La contundencia con la que Dellafuente se ha acercado a un género extraño al suyo es admirable y marca el camino para los artistas urbanos que no quieran apagarse con la llama del trap.

Taifa Yallah, el alter ego bajo el que Dellafuente ha publicado el EP, significa “Vamos barrio”. Aunque, como su amigo Pucho, el granadino está bajo el abrigo de Sony, Ep.01–Causa lo ha editado con un sello fundado por él y su entorno cercano: Santa Catalina.

Hay múltiples referencias que se podrían citar como influyentes en el sonido de Taifa Yalla: canciones que suenan a Linkin Park (“Corazón de Agua”), otras que tienen repuntes de thrash metal (“El Barco”)… pero la influencia a priori más obvia es, en “El Bosque”, Extremoduro. Si no fuese porque él mismo, en una de sus clásicas rondas de respuestas en Twitter durante diez minutos, ha reconocido que nunca ha escuchado a los de Robe Iniesta, la referencia sería evidente.

Esta contradicción, entre lo que se dice y lo que suena, tal vez sea la prueba más clara de que Taifa Yallah no es sólo Dellafuente, sino que también lo forman Antonio Narváez y Moneo, músicos y productores que ya habían trabajado con él anteriormente.

¿Cómo voy a ser recordado?

Es la profunda obsesión de Dellafuente por no estancarse artísticamente, por no ser recordado como un jugador más de una escena concreta, lo que ha impulsado este proyecto.

Andalucía ha sido siempre un lugar fértil para el mestizaje de culturas y géneros musicales, y especialmente con el rock como ingrediente principal. Camarón, Enrique Morente, Exquirla o los Califato ¾ han demostrado con sus trabajos que la clasificación de ritmos y sonidos entre distintas escenas no es más que una herramienta para escribir textos como este.

En vez de aprovechar su momento de forma y seguir explotando la fórmula que le ha llevado al éxito, ¿por qué lanzarse a un experimento tan arriesgado que no le va a reportar nada comercialmente? En el mini-documental grabado para Red Bull sobre su encuentro con Raimundo Amador, se evidencia que es su profunda obsesión por no estancarse artísticamente, por no ser recordado como un jugador más de una escena concreta, lo que ha impulsado Taifa Yallah.

Debido al hermetismo que rodea a la figura de Dellafuente y a que él mismo ha declarado que no va a tocar las canciones de Taifa Yallah en sus conciertos, es complicado asegurar que el hecho de que el título remita a un primer episodio signifique continuidad. Venga más o no, la contundencia con la que Dellafuente se ha acercado a un género extraño al suyo es admirable y marca el camino para los artistas urbanos que no quieran apagarse con la llama del trap.

error: ¡Contenido protegido!