Sturgill Simpson

Sturgill Simpson –
SOUND & FURY

Sturgill Simpson da una lección magistral de cómo trascender un género. Un paso, el del country al rock, que da armado con sintetizadores y poniéndole banda sonora a un anime en Netflix, y que deja patente el afán rompedor del de Kentucky.

Recién pasada la resaca de los mejores discos del año toca hacer revista, y encontrarnos con algunos buenos discos que, por unas razones u otras, se quedaron inevitablemente debajo de la alfombra. Es el caso de Sturgill Simpson, ex-promesa del country actualmente reconvertido en fugitivo del género.

Sturgill Simpson: 50.000 $ vivo o muerto

En la música de Sturgill se aprecia una evolución clara desde el canonicismo de sus orígenes hasta lo expansivo e innovador de ahora, siempre con los pies en la frontera del country.

Un comienzo de carrera sacado de una peli mala de autosuperación, incluyendo una década de perfil bajo con su primera banda, Sunday Valley, y dos primeros discos en solitario grabados en su casa en apenas una semana. Inmediatamente después, un triunfo total en la prensa especializada y generalista con el segundo, explícitamente titulado Metamodern Sounds in Country Music (2014), y aun más premios con el tercero, A Sailor’s Guide to Earth (2016).

A nivel sonoro, en la música de Sturgill se aprecia una evolución clara desde el canonicismo de sus orígenes hasta lo expansivo e innovador de ese último, siempre con los pies en la frontera del country. De hecho, lo más destacable de aquella guía del marinero dedicada a su hijo recién nacido eran los arreglos orquestales y una ambición que muchos consideraron excesiva (para los profanos, como si Father John Misty siguiese reivindicando el rural norteamericano en lugar de volverse el icono hipster por excelencia).

Entre medias, una controversia con la poderosa Academia de la Música Country, que no le invitó a su gala de premios en 2018. A esto respondió Sturgill de la manera que mejor define su personalidad: poniéndose a tocar en la puerta contra Trump y recogiendo dinero para la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles.

Fotografía: Reto Sterchi

Del country a Akira

El trepidante groove de sus canciones y el regusto entre retro y futurista de su rock and roll te mantiene entretenido prácticamente todo el rato.

Es de esperar, por tanto, que hubiese cierta expectación y todavía más incertidumbre con su cuarto trabajo. Y más cuando se supo que vendría de la mano de un anime de Netflix creado en parte por el propio Simpson, al cual pone banda sonora inspirado por las películas de Akira Kurosawa y la estética del clásico del mismo nombre. El resultado es notable y sorprendente a partes iguales, así como absolutamente alejado ya del country de sus orígenes.

Tras un comienzo declaratorio de intenciones y temática con “Ronin”, al álbum se le podría aplicar su propio cuento: “Remember to Breathe”, puesto que el bueno de Sturgill aspira a no dejar ni medio respiro entre canciones. “Sing Along” reinterpreta el robot-rock de Queens of the Stone Age a su manera, mientras que “Best Clockmaker on Mars” se acerca a ZZ Top. De hecho, la etapa más reciente y bailable de Homme y los suyos se puede trazar sutilmente a lo largo de todo el disco, especialmente cuando se pone sexy y funky (“Make Art Not Friends”) .

Un disco tan intenso y fiel a su propio nombre, Sonido y Furia, resulta complicado que te mantenga pendiente durante sus cuarenta minutos. Si bien eso no siempre sucede (“A Good Look” y “All Said and Done” bajan un punto el listón), el trepidante groove de sus canciones y el regusto entre retro y futurista de su rock and roll te mantiene entretenido prácticamente todo el rato. Entre tanto, Sturgill vacía el cargador contra la industria de la música:

“They come backstage and on my bus
pretending to be my friend,
shaking hands behind grandstands,
all wearing the same old grin”

Quemando rueda

Este álbum humea, huele a goma neumática quemada y ruge con un traqueteo amenazante. El resultado es notable y sorprendente a partes iguales, así como absolutamente alejado ya del country de sus orígenes.

Tras el disfraz de clásico de los Black Keys que es la fulgurante “Last Man Standing”, “Mercury in Retrograde” reduce una marcha y aporta un toque de balada ochentera, mientras que “Fastest Horse on Town” se torna una enorme bola de blues absolutamente distorsionado. En ella, Simpson se autocompara apropiadamente con un viejo caballo al que sacrificarán si para de correr, para terminar de dejar claro que este álbum iba de velocidad pura y dura.

Este álbum humea, huele a goma neumática quemada y ruge con un traqueteo amenazante. Subirte a él o  no es cosa tuya, pero a Sturgill le da igual, ya que a él solo le importa seguir despistando a sus perseguidores y a sus fans como si fuesen los villanos de los Autos Locos. Una cosa está clara: el próximo desvío lo tomará, una vez más, derrapando.

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