black midi
Schlagenheim

20

black midi es una mezcla de ideas desordenadas, un desastre tan bien medido que se vuelve armonioso, haciendo de este debut un manifiesto específico de lo que están hechos estos caóticos chavales y sus influencias. Jóvenes con olor a vino de reserva, a experiencia adquirida desde tempranas edades.

Como un Mark E. Smith en sus primeros años, con todo por delante y un cielo abierto de posibilidades con The Fall. black midi han llegado para quedarse, retomando el reciente boom del ruido australiano de The Drones o Tropical Fuck Storm y poniendo nuevamente a la escena británica a la vanguardia con un perturbado rock matemático, derivado de los experimentos progresivos de pioneros como King Crimson entre los años setenta y ochenta. A su vez, traen la rabia y la suciedad más noise y la ponen al servicio de sus complejas estructuras rítmicas en una fusión de estilos de ambas costas.



Freddie Gibbs & Madlib
Bandana

19

Como un ‘Rocky’ del gangsta rap, Freddie Gibbs regresa al ring en 2019 cinco años después de su última colaboración con el conocido productor Madlib para traernos Bandana como un regalo caído del cielo. Marcar la diferencia es lo que el productor Madlib busca constantemente en su cuidadoso trabajo, sin importar cuánto tiempo tenga que pasar en la mezcla, en los detalles, en los arreglos o los en los infecciosos ritmos tan bien curados por el paso del tiempo, catapultándolo a ser el productor de culto de la pasada década con el trabajo de orfebrería perfecta que fue Madvillainy (2004).


Lejos de todo lo que rodea al rap (lo cual es mucho), Gibbs se enfoca en lo que es realmente importante y aprovecha cada última gota de sus barras. La unión hace fuerza y ​​ojalá esta unión continuara a este nivel de calidad productiva para muchos álbumes más.


Billie Eilish
WHEN WE ALL FALL ASLEEP WHERE DO WE GO?

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El producto perfecto parece hecho a sí mismo, pero tampoco sabremos de momento si realmente es así. Pero podría serlo, porque es hijo de su tiempo. El más joven, de hecho. La más joven. Billie Eilish ha marcado un antes y un después en la música porque, da igual la explicación que le demos, ha batido tantos récords como récords había por batir. Fue la única capaz de desbancar a la incombustible “Old Town Road” en la lista de éxitos de Billboard, el número 1 más joven desde Lorde en 2013 y el primer número 1 nacido en los 2000, y ahora ha acaparado los 4 Grammys principales (Mejor Álbum, Mejor Nuevo Artista, Mejor Canción y Mejor Grabación) además de otros cuantos que incluyen el de Mejor Productor y Mejor Producción para su hermano Finneas o el de Mejor Álbum de Pop Vocal; la última vez que ocurrió fue con Christopher Cross en 1981, año en el que el músico texano consiguió también alzarse con el Globo de Oro y el Oscar a Mejor Canción Original.

Con un pie en el mundo de los sueños, preocupado por problemas contemporáneos como la depresión, el suicidio, los medicamentos, la ansiedad o el insomnio, escondiendo un espíritu sensible y baladístico entre momentos de contundencia, bases mórbidas y bajos sintéticos atroces y espoleado por una actitud y una estética irresistibles, el debut de Billie Eilish ha puesto a la industria patas arriba. El relevo generacional era esto.


Michael Kiwanuka
KIWANUKA

17

El dolor y la tristeza invaden el tercer álbum del cantautor londinense Michael Kiwanuka, pero emerge como un artista más fuerte gracias a la eficaz producción de sus colaboradores Danger Mouse e Inflo.

Un disco que hereda de forma directa lo mejor de la Motown y Stax, pero que, quizás para evitar que las cosas se vuelvan demasiado retro, tiene ese toque de modernización que aportan sus productores. Kiwanuka da un golpe sobre la mesa con un disco reivindicativo que le engrandece y le augura un gran porvenir.


The National
I Am Easy to Find

16

Pocas cosas nuevas se pueden contar acerca de esta banda. El anuncio de un nuevo trabajo solo podía significar toda una experiencia para los sentidos, un viaje a través de los más profundos sentimientos de cada uno. A I Am Easy to Find le ha tocado cargar con la responsabilidad de ser el proyecto más ambicioso de The National hasta la fecha, un álbum conceptual que versa sobre las vicisitudes que inevitablemente se producen en una relación de pareja. Con un tono que apuesta en su grueso por lo introspectivo logran envolver al oyente en una reflexión que se produce aunque no se esté buscando, gracias a su experiencia jugando con la nostalgia, los ecos y las conciencias de los que atienden.

Esta vez, llaman la atención dos factores que hacen de este disco un asunto más trascendente. El primero de ellos es el paso atrás de Matt Berninger en el apartado vocal, cediendo el protagonismo a las voces femeninas de Lisa Hannigan, Sharon Van Etten, Gail Ann Dorsey, Kate Staples y Mina Tindle, logrando el efecto de comunión narrativa entre las dos partes protagonistas del discurso. En segundo lugar, el disco alcanza toda su magnitud al combinar sus piezas con imágenes. El director Mike Mills se pone a los mandos de un corto de 24 minutos que protagoniza Alicia Vikander, y que muestra las fases vitales de una mujer, desde su nacimiento hasta su muerte, acompañadas por fragmentos de las canciones que componen el álbum. Un resultado final que se eleva por encima de cualquier expectativa, mucho más que música, y que resume su esencia en ese epílogo inmortal, excesivamente bello, que es “Light Years”.


Big Thief
Two Hands

15

Cuando ya nos habíamos rendido ante ellos decidieron que aún tenían más por entregarnos y no contentos con un trabajo tan maravilloso como U.F.O.F., volvieron a sorprendernos con una especie de hermano gemelo más tradicional y primitivo, de grupo de folk-rock de toda la vida. Two Hands es el sonido clásico de Big Thief con la experiencia y la madurez adquirida y bien aprovechada, la fragilidad encarándose con la rabia para entregar algunos de los momentos más brillantes y estremecedores de toda su carrera: ahí quedan himnos destinados a convertirse en clásicos imperecederos como “Shoulders”, “Forgotten Eyes” o la sobrecogedora “Not”, desde ya su mejor canción jamás escrita.


Vampire Weekend
Father of the Bride

14

Vampire Weekend es uno de los grupos más bonitos de esta vida, y Father of the Bride es el trabajo en el que más felicidad rebosan. Incapaces de seguir descendiendo más allá de los infiernos de Modern Vampires of the City (2013), Ezra Koenig y el resto nos regalan aquí un álbum de grandes canciones y estribillos que cantar con una sonrisa de oreja a oreja. Si los seis años de hiato daban bastante miedo, cualquier atisbo de este se disipa desde que comienza a sonar “Hold You Now”.

La juventud comienza a irse y con ello irremediablemente parte de la urgencia de esta, pero la maestría que la banda muestra aquí queda al alcance de muy pocos. Desde himnos como “Harmony Hall” o “This Life” a esas piezas de pop escurridizo ya clásicas en la banda como “Sunflower” o “Bambina”, pasando por la épica minimalista de “Big Blue” o “2021”, Father of the Bride es un disco tan bonito que cualquier imperfección acaba resultando insignificante.


King Gizzard & The Lizard Wizard
Infest the Rats’ Nest

13

Australia ha ardido hasta un punto apocalíptico y surrealista, y cuesta no encontrar una profecía chunga y sobrecogedora en el que irónicamente puede ser el disco de metal más divertido del año. Los que seguíamos muy de cerca los pasos de King Gizzard & The Lizard Wizard podíamos prever que en alguno de sus infinitos discos girasen definitivamente hacia el metal (en este caso, el thrash con improbables toques stoner).

Lo que más difícilmente se podía prever es que esta colección de canciones pasase de ser una gracieta anecdótica a convertirse en una locura digna de su padrino espiritual y absolutamente alejada de su otro disco del año (bueno, pero peor). Y por si faltaran razones para amarles, van y sacan tres discazos en directo para echar una mano a paliar los daños de los fuegos.


Bon Iver
i,i

12

Justin Vernon cierra la etapa de las estaciones con i,i, su álbum de otoño (For Emma, Forever Ago fue el invierno, Bon Iver, Bon Iver la primavera y 22, A Million el verano). El cuarto álbum de estudio de Bon Iver funciona como una retrospectiva en la que se recoge la evolución en los últimos diez años de un proyecto que empezó con un hombre solitario gestando un mito en una cabaña rodeada de nieve para culminar en una congregación de personas unidas por la misma motivación: la confección de bellos pasajes donde el folk, la experimentación y los coqueteos con la electrónica ponen la base para que Vernon cante sobre el mundo que le rodea en contraposición a la introspección de sus comienzos. Vernon al fin encuentra la paz e i,i deja constancia de ello.


DIIV
Deceiver

11

De cara a su tercer larga duración, DIIV abandonan la inocencia y luminosidad de los punteos saltarines que poblaban su obra anterior. En Deceiver abrazan la épica y los sonidos de los grandes maestros del shoegaze (My Bloody Valentine, los primeros Slowdive, etc.) para sumergir al oyente en un sueño. Las guitarras son más lentas y contundentes. Las letras son una exploración de los últimos años en la vida del vocalista de DIIV. Hay dolor y angustia, sí, pero termina por prevalecer la esperanza en una escucha que no deja indiferente.

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