La década que terminó con un rugido en femenino. Con el sorpasso generacional definitivo. 2019 se esfuma arrastrando consigo diez años de música, de experiencias, de hitos, de evolución… y fundiendo todo ello en un totum revolutum caótico que anticipa una nueva década excitante y efervescente destinada a cambiar las reglas del juego o a condenarse definitivamente. Cuando a principios de la pasada conocíamos a James Blake, nos enfrentábamos al cambio de rumbo sonoro de Bon Iver, asumíamos la anticipada transformación y perversión de Kanye West, alucinábamos con el modus operandi de Frank Ocean o fantaseábamos con lo que podría llegar a ser Jai Paul, no podíamos ni imaginar que todos ellos estarían sentando la cátedra de la música del mañana, de hoy, obligando a colisionar violentamente el mainstream con lo alternativo y forzando a una industria muchas veces anticuada e inmovilista a empezar a negociar la entrada de Ulises y su caballo en Troya. Por todos ellos hemos empezado a escuchar la música en presente en clave de soul, de R&B, de electrónica de garaje, de procesamiento vocal y de beats de hip-hop, todo ello sin renunciar al organicismo de una banda en directo, de una guitarra bien tocada, de un bajo marcial y contundente. Un discurso que es la nota genérica para toda una oleada de estrellas del pop de nuevo orden que ya es una realidad, como lo es la soberanía de la música latina en estos mismos reinos. Pero que también están reinterpretando desde el lado de la experimentación electrónica y del recuerdo al pop nineties todos los asociados, formalmente o no, a la estela de PC-Music, y del que ya tenemos un tótem llegando a su clímax como Charli XCX pero también toda una corte de altura encabezada por Caroline Polachek, Kim Petras o Hannah Diamond, descriptoras del pop de los 2020.

2019 ha visto imponerse definitivamente un nuevo status quo que avisa de muchas de las revoluciones a las que tendremos que mirar a los ojos en los próximos años. Ha visto a Lana Del Rey trascender por fin tras su largo camino del Calvario, a FKA twigs abrir un nuevo agujero cuántico hacia los sonidos del futuro o a Tyler, the Creator opositar al título de Best Rapper Right Now para llevarse prácticamente el único Grammy de los merecidos de verdad. A Sharon Van Etten, Angel Olsen y Weyes Blood empoderarse más que nunca y demostrar por qué son algunas de las mejores autoras de su generación. A Thom Yorke encontrar su voz por primera vez lejos de Radiohead, a Nick Cave asumir el duelo que siempre había alentado su ficción hasta hacerse realidad, a Bon Iver completar sus modernas “cuatro estaciones”, a King Gizzard & The Lizard Wizard haciendo boogie y thrash metal y a The National, Vampire Weekend o Deerhunter demostrando que el indie no tiene por qué morir si se mantiene fiel a sus orígenes y a la vez deudor del presente que le toca. En definitiva, ha visto triunfar de forma cenital a grandísimos artistas que han definido esta década que ya se ha convertido en todo un clásico. Pero al mismo tiempo ha sido el año que ha impuesto por encima de todos a una Billie Eilish que ya ha batido todos los records de precocidad que se te puedan ocurrir, ha arramplado con los cuatro Grammys más importantes y se ha convertido en el icono y en la principal representante de una voz generacional que ahora empezará a reclamar su propio espacio: la de los nacidos en los 2000. 2019 ha sido el año del colapso generacional.

Un año en el que además seguimos reapropiándonos de iconos patriarcales y retrógrados como la palabra “maricón” o la palabra “puta”… como el del cowboy en EEUU en un movimiento importantísimo que parte del Be the Cowboy de Mitski y que este año ha encontrado, en dos mundos opuestos de coordenadas, al subversor Orville Peck y a la divina Solange en su propio homenaje a casa (otra de las tendencias, por cierto, que veremos desarrollarse en los próximos años: la reivindicación de lo local). Un año que nos confirma la resurrección de las guitarras en Reino Unido en brazos de una generación desencantada que ha abrazado tanto el rap como el jazz como cualquier cosa que se cueza en los suburbios y en los bares para reinventarse por completo… Fontaines D.C. o The Murder Capital siguiendo la estela de IDLES; Fat White Family volviéndose a definir; Nilüfer Yanya recorriendo la versión lumínica de los lodazales de King Krule; black midi imaginando su propia vía e invitando a recorrerla a seguidores cercanos como Squid o Black Country, New Road.

Pero, sobre todo, 2019 ha sido el año de las mujeres. 2 en nuestro top 3, 7 en nuestro top 10 y hasta 20 en nuestro top 50, marcando un equilibrio en el que todavía hay que seguir mejorando por nuestra parte y que tan sólo es un reflejo de lo que planteó, por ejemplo, el Primavera Sound con su cartel. Un reflejo del estado actual de las cosas, una confirmación de que ahora mismo la mayoría de los escenarios subversivos y de las propuestas a futuro tienen un origen femenino. Que pese a que nos falte mucho, muchísimo por hacer, ahora mismo las mujeres pueden atreverse a crear de una forma más sincera e independiente, como nos han querido recordar Jamila Woods, Kim Gordon, Miley Cyrus, Taylor Swift o Lana Del Rey. Revisemos el pasado, localicemos lo que hicimos mal y convirtámoslo en sabiduría para el futuro. Detengamos la rueda y dejemos de cometer los mismos errores. Hagamos caso a Kate Tempest y nunca dejemos de aprender…

“I’ve seen the lions turn to cubs
And I’ve seen the hunters turn to prey
The lessons will come again tomorrow
If they’re not learned today”

Llegamos al final de un camino largo. Recorrerlo ha sido difícil y a la vez emocionante, y por eso hemos querido dejar que se termine el año y abordar las cosas con perspectiva. Sub specie aeternitatis, que diría Spinoza. Con gran angular. Y aquí está. Un relato sobre el relevo y la coexistencia generacional que avisa de un futuro narrado en femenino. Estos han sido para nosotros los mejores discos de 2019.

 

Girlpool
What Chaos Is Imaginary

50

Cada nuevo disco en la carrera del dúo estadounidense Girlpool supone un paso más en su maduración como personas y como banda, pero este tercer elepé es aún más especial. What Chaos Is Imaginary es un punto de inflexión para el grupo por muchos motivos, entre ellos la transición de su guitarrista, Cleo Tucker, tras reconocerse como una persona trans no-binaria y comenzar un proceso de transición. Sus esfuerzos por encontrar (literal y figuradamente) una nueva voz son una de las muchas marcas de crecimiento que tanto él como Harmony Tividad han convertido en señas de identidad de su álbum. Abandonando la crudeza lo-fi de sus anteriores trabajos en beneficio de la electrónica y arreglos ambientales, Girlpool configuran una atmósfera emotiva y muy personal, de patrones poco familiares y nebulosos, inaugurando una nueva y fascinante etapa en su carrera musical.


Charli XCX
Charli

49

Después de despertar el interés del público y la crítica con sus más recientes mixtapes (Pop 2, Worldwide Angel), así como con aquel EP producido por SOPHIE (Vroom Vroom), Charli XCX ha vuelto por todo lo alto con Charli, un álbum que busca auparla como nueva cabeza de la PC Music más accesible. Siguiendo el estilo de su material anterior, Charli se nutre de numerosas colaboraciones que añaden color al tracklist y que, de igual modo, logran crear interesantes sinergias con la británica (encontramos, entre otros grandes nombres, a HAIM, Clairo, Christine and the Queens o Lizzo). Veníamos prevenidos y nos congratula poder decir que Charli XCX cumple con todas las expectativas en este gran álbum de pop futurista.


Kim Gordon
No Home Record

48

La Chica del Grupo publica su primer álbum de estudio en solitario tras Sonic Youth en pleno 2019. En No Home Record, plasma sensaciones irracionales e impulsos consumistas bajo el faro de su mayor mentor e influencia: Andy Warhol. De igual forma, fusiona géneros tan dispares entre sí como el noise o el techno.

No debería escucharse como un disco al uso, sino más bien contemplarse como una obra conceptual, improvisada, sumamente vanguardista. Una alegoría incómoda y angustiosa de la ciudad en la que reside, Los Ángeles, y todo lo que esta representa: capitalismo, esquizofrenia y deshumanización.


Inter Arma
Sulphur English

47

En los géneros citados de la página de Inter Arma en Rate Your Music aparecen literalmente todos los géneros troncales del heavy metal, salvo el thrash y el power. Es un detalle anecdótico, pero que da una idea de lo difícil que es tratar de categorizar a la que es por derecho propio una de las mejores bandas contemporáneas de metal. No lo decimos nosotros, lo dice absolutamente todo aquel que les ha escuchado.

En su cuarta mole de LP, Sulphur English, el quinteto de Richmond, Virginia, vuelve a disparar a nuestros tímpanos con puntería y calibre gordo. Luz y oscuridad usadas como la zanahoria y el palo en un disco con algunos de los riffs más bonitos y los pasajes más brutales del año, que innova, divierte y aplasta por igual.


Xiu Xiu
Girl with Basket of Fruit

46

Jaime Stewart y Angela Seo vuelven a situarse a la cabeza de la vanguardia actual con un nuevo trabajo que ahonda en la violencia y la crueldad, dejando muy poco espacio para la luz. Como si juntásemos el mundo cinematográfico de David Lynch con la ópera  industrial de This Heat o los berlineses Einstürzende Neubauten.

Temas tan oscuros como el papel de la mujer en la estética barroca (con guiños a Caravaggio), el satanismo, la santería o la persecución a la comunidad negra en Estados Unidos nutren un disco plagado de sufrimiento, dolor y tortura a partir de martillazos electrónicos, ambientes drone, white noise y ritmos tribales.


Swans
Leaving Meaning.

45

El inesperado regreso de Michael Gira a los manos de esta nave caleidoscópica y mesiánica cuando parecía intuirse un final. Swans entregan un álbum pulcro, atmosférico y preciosista en el que sintetizan lo mejor de su carrera hasta la fecha. Doce nuevas canciones que establecen un punto en común entre el dark folk, el avant-garde más rupturista, el kraut, el free jazz y el ambient.

Una voz grave y cálida que ilumina la noche más oscura del ser humano, como un chamán a veces histérico, a veces piadoso, pero que siempre está ahí para cuando todas las luces se apagan y no queda sitio donde ir.


Tropical Fuck Storm
Braindrops

44

Cual epílogo de A Laughing Death in Meatspace, Tropical Fuck Storm filtran con Braindrops cualquier invasión ajena al atípico ecosistema que ya crearon estos singulares australianos con su debut. La libertad compositiva alcanza sus niveles más altos en este LP, que a veces roza el peligro del libertinaje musical. Por lo tanto, escuchar este Braindrops se asemeja a la contemplación de una imagen abstracta en la que los sonidos crean paletas que estimulan nuestra percepción del conjunto, acercándose al puro rock experimental de la corriente de los ochenta.

Tropical Fuck Storm dan lo mejor de sí en esta fusión de indie-rock, rock progresivo y blues experimental que ya tiene su propio lugar entre los mejores álbumes de 2019. Son punks, pero no anarquistas; Gareth y su gente continúan su independencia de todo lo que se mueve, llegando a representar a unos guerrilleros en contra de la industria y manteniendo el fervor del primer indie-rock que nació con grupos como Pavement, pero con un nivel de virtuosismo que sólo un súper grupo con un alto grado de madurez podría alcanzar.


Better Oblivion Community Center
Better Oblivion Community Center

43

Conor Oberst ha hecho muchas cosas en su carrera musical, y casi todas bien. Sin contar su extensa discografía en solitario están Park Ave, Commander Venus, Bright Eyes (¡recién resucitados!), Monsters of Folk, The Mystic Valley Band, Desaparecidos… Phoebe Bridgers, por el contrario y por su edad, apenas ha hecho dos cosas, maravillosas, eso sí: su debut en solitario, Stranger in the Alps, y el súper grupo Boygenius junto a Julien Baker y Lucy Dacus.

De este modo, si se juntan dos de los orfebres del folk melancólico americano más inspirados de las últimas dos décadas y dos años, respectivamente, uno esperaría exactamente el altísimo nivel de melodías cálidas que Better Oblivion Community Center nos regala. Jueguen con sintetizadores (“Exception to the Rule”) o electrifiquen sus guitarras (“Sleepwalkin’”), Phoebe y Conor exudan química en diez canciones.


The Comet Is Coming
Trust in the Lifeforce of the Deep Mystery

42

Como en los primeros segundos de Sextant de Herbie Hancock pero cuarenta y seis años después, The Comet is Coming comienzan con Trust in the Lifeforce of the Deep Mystery un tour de force del jazz más futurista sin descuidar las raíces del jazz espiritual, bebiendo directamente de los mejores del género. Estos londinenses tienen las referencias muy claras y dan un paso más con respecto a Channel the Spirits en producción, originalidad y composición, que caracterizan su sonido por el equilibrio entre electrónica y jazz con vibraciones altamente espirituales y golpes de jazz-rock en una demostración de versatilidad estilística como nunca antes.

Lifeforce of the Deep Mystery es su mejor obra hasta el momento y la definición más clara de lo que representa el grupo. Entre el nu jazz y el jazz fusion, se desarrollan sin dejar en claro la barrera entre lo que se improvisa y lo que es puramente estructural. Como resultado: un LP que puede convertir un triste viaje en autobús de regreso a tu ciudad en una experiencia cósmica.


Caroline Polachek
Pang

41

Caroline Polachek siempre ha sido una artista muy inquieta. Buena cuenta de ello dan los fructíferos años de Chairlift, sus proyectos en paralelo de carácter ambient y la cantidad de artistas con quienes ha colaborado (Charli XCX, SBTRKT, Blood Orange). Ha tardado en fraguarse, pero 2019 ha sido el año en el que, por fin, ha estrenado su álbum debut en solitario, con el cual ha asaltado la escena del nuevo pop. Recogiendo la esencia de la PC Music y acompañada por Danny L Harle y A.G. Cook –entre otros–, Polachek ha concebido un Pang repleto de texturas, grandes números pop que quitan el aliento (qué decir de “So Hot You’re Hurting My Feelings”) y confesiones sobre la ansiedad y el amor.

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