Algiers

Algiers –
There Is No Year

Algiers son infalibles y en There Is No Year vuelven a hacer gala de su maestría para mezclar el góspel y el soul con el post-punk y el rock industrial. Sin embargo, en esta ocasión la banda se resiste a experimentar algo más y nos entrega un trabajo que cumple, pero que deja con ganas de más.

Una de las cosas que más miedo me dan respecto a los grupos que me gustan mucho es que se quemen demasiado rápido. Durante estos últimos años, hemos visto desaparecer a grandes bandas como The Pains of Being Pure at Heart, Veronica Falls o incluso a esos jovencísimos The Strypes que se despidieron casi antes de entrar en el juego. Y, aunque quiero pensar que Algiers es un proyecto duradero y que aún tienen mucho que decir, There Is No Year, su tercer álbum de estudio, muestra a una banda tan consciente de sí misma que cuesta vislumbrar un camino a seguir desde el punto en el que están.

¿Qué hay después de haber acabado con todo?

Allí donde el debut era un ataque de ira descontrolado y su segundo álbum refinaba y maduraba la fórmula, There Is No Year va un paso más allá en el desarrollo de la melodía y el intento de conseguir un cancionero más equilibrado.

La concepción y las letras de There Is No Year nacen de un poema épico escrito por Franklin James Fisher, titulado Misophonia. Además, Franklin explica que esta vez ha intentado reflexionar no sólo sobre la situación política que vivimos, sino cómo podemos sentirnos y cómo nos afecta; es decir: cómo se ve influenciado nuestro entorno y la manera de relacionarnos ante este panorama.

Otras de las obsesiones que han afectado a Algiers últimamente han sido la constante reducción por parte del público a “banda política”, situando muchas veces eso por encima de la propia música, y comparaciones con músicos como Lenny Kravitz o alguna que otra crítica desafortunada como la que publicó Pitchfork sobre su anterior disco, The Underside of Power (2017).

Fotografía: Christian Högstedt

Maestros del góspel industrial

El principal inconveniente de There Is No Year está en la falta de sorpresa. Algiers hacen muy bien lo suyo, pero este disco no ofrece prácticamente ninguna novedad respecto a The Underside of Power, lo cual hace que, al final, salga perdiendo en comparación.

Lejos de saber si todo esto ha impactado directamente en su música, lo cierto es que There Is No Year tiene, a pesar de ser muy continuista, un aire algo distinto a sus anteriores trabajos. Allí donde el debut era un ataque de ira descontrolado y su segundo álbum refinaba y maduraba la fórmula, este nuevo trabajo va un paso más allá en el desarrollo de la melodía y el intento de conseguir un cancionero más equilibrado.

Si bien el carácter del grupo sigue destilando fuerza y rabia, además de que volvemos a encontrarnos piezas aceleradas que mantienen su clásica mezcla de post-punk y rock industrial (la homónima “There Is No Year” o la ácida “Void” que cierra el disco son dos buenos ejemplos), en esta ocasión los medios tempos son más comunes y el góspel se antepone en mayor medida al rock industrial.

Son piezas como la genial “Dispossession” las que más abundan en There Is No Year y, a decir verdad, el grupo se defiende muy bien en temas así, de desarrollo lento pero seguro, reduciendo elementos sonoros pero desarrollándolos con total cohesión y dando un mayor peso al gran frontman que es Franklin. Ahí dejan grandes perlas como “Hour of the Furnaces”, de aroma trip-hop, la rockera “Unoccupied”, esa “Losing Is Ours” con reminiscencias a aquella “Remains” con la que abrían su primer larga duración o la épica industrial de “We Can’t Be Found”.

Un trabajo correcto

Se echa en falta un poco más de riesgo para seguir ampliando sus horizontes sonoros. Porque después de dos discos tan redondos y emocionantes, lo cierto es que un trabajo cumplidor sabe a poco.

El principal inconveniente de un álbum como There Is No Year no está en sus canciones en sí, sino en la falta de sorpresa. Algiers hacen muy bien lo suyo, pero este disco no ofrece prácticamente ninguna novedad respecto al magnífico The Underside of Power, lo cual hace que, al final, salga perdiendo un poco en comparación. Es una pena que aquel single que sacaron hace unos meses (“Can The Sub_Bass Speak?”) se hay quedado fuera, ya que habría sido muy interesante verlos adentrarse en terrenos más experimentales y jazzeros. 

Tienen los medios y tienen la capacidad, pero al final There Is No Year se siente como un álbum hecho más o menos con el piloto automático puesto, con tan sólo una pieza en la que de verdad da la sensación de que se desmelenan y se permiten dar un poco más de sí: “Chaka”, con ese solo de saxo en su parte central que se asemeja a lo que ofrecían en aquel adelanto antes mencionado y que les sienta como un guante.

Como decía al principio, Algiers son muy conscientes de sí mismos, a veces parece que demasiado, y si bien es difícil poner alguna pega a las canciones que conforman este álbum (salvo algún momento menos inspirado como “Wait for the Sound”), se echa en falta un poco más de riesgo para seguir ampliando sus horizontes sonoros. Porque después de dos discos tan redondos y emocionantes, lo cierto es que un trabajo cumplidor sabe a poco, y porque sabemos que Franklin, Ryan, Lee, Matt y el resto pueden darnos mucho más (es cuestión de volver a tirarse a la piscina). Y esperemos que lo hagan, porque no queremos verles acomodarse tan pronto.

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