Have A Nice Life

Have A Nice Life –
Sea of Worry

La que seguramente sea una de las bandas más pesimistas del nuevo milenio entrega un trabajo pulido y redondo en el que construyen algo nuevo bajo los estándares de su propio mito. Un regreso al nihilismo en el que siempre han permanecido, pero ahora con un punto luminoso. La paternidad, además de condenarles a infinitas preocupaciones, les ha concedido la capacidad de disfrutar e imaginar con otros destinos posibles. Un álbum repleto de energía que no desecha la maraña de ruido y ambiente que les encumbró, sino que la renueva con otros significados.

En 2008 se dio un hito musical que a día de hoy resuena con todas las malas vibraciones que supo capturar. Se trataba de Deathconsciousness, de la banda Have A Nice Life, formada por Dan Barrett y Tim Macuga, de Connecticut. Este artefacto musical, podrido de negatividad hasta la médula, resultó ser el súmmum que unió a los amantes de la música más pesimista. Contaba con desarrollos instrumentales largos de la tradición post-rock, ambientes de lo más angustiantes traídos del noise y del drone, junto con unas letras que a la hora de interpretarlas resonaban al midwest emo más melancólico. Con el paso de los años, el álbum se ha erigido como disco de culto, con su casi hora y media de duración. Basta con echar un vistazo al precio que tiene en las páginas de compraventa de discos para darse cuenta de la figura de mito que posee. Como un Loveless de finales de la década de los 2000; eso sí, mucho más lacerante y sufrido.

Es muy fácil recrearse en la tristeza y en el pesimismo, dejarse llevar por cada uno de los pensamientos negativos que se le pasan a uno por la cabeza a diario, regodearse en ese lamento machacón y cansino, sentirse cómodo al fin y al cabo en tu propia tragedia vital. Have A Nice Life podrían pecar de pasar demasiado tiempo en esa habitación de ansiedad y depresión. Pero lo más difícil de todo ello es advertir unas pequeñas rendijas de luz en esa estancia agorafóbica y fatal. Y eso es precisamente lo que hacen con su tercer nuevo disco (demasiados años han pasado ya desde su debut, se lo toman con calma), Sea of Worry, un nuevo testamento para existencialistas pero con un regusto amable y humano al margen de todo el nihilismo que siempre han habitado. 

Pesimistas del mundo, uníos

Have A Nice Life podrían pecar de pasar demasiado tiempo en esa habitación de ansiedad y depresión. Pero lo más difícil de todo ello es advertir unas pequeñas rendijas de luz en esa estancia agorafóbica y fatal. Y eso es precisamente lo que hacen con su tercer nuevo disco.

Según sus creadores, Sea of Worry habla de ese “mar de preocupaciones” (como podría traducirse) de tener una vida en tus manos, es decir, un hijo. Y es precisamente este rasgo lo que hace que su música haya tornado un poco más luminosa y optimista, a pesar de que aún siguen centrados en explorar la parte más oscura de la existencia humana. No hay más que atender a la letra de la primera canción que da título al álbum: “Todas las personas que conozco siguen vivas a raíz / de que no tomase ninguna decisión / sé perfectamente lo que hice / me excluí de forma voluntaria para nunca tener que vincularme a nada / y nunca pensé que sobreviviría / nada nuevo, bajo el sol y la luna / desde que el nihilismo decidió tomar la dirección / decidí no decidir”.

Evidentemente, se da una evolución en este pesimismo fatal que siempre ha caracterizado la obra de Have A Nice Life, ya que aunque no se arrepientan de su atormentado pasado y no busquen algún tipo de redención, lo observan con perspectiva, con una actitud casi científica, lo que denota que ya está un poco más lejos de ese nihilismo que les torturaba y que ahora han aprendido a mirar desde lejos pese a seguir inmersos en él. Puede que sea la inocencia presente en los ojos del niño que ha nacido lo que les ha salvado, o también lo que añade un problema más al conjunto, pues la ansiedad y la preocupación que le invaden al padre al pensar que podría pasarle cualquier cosa sabe que le acompañará a lo largo de su vida y que no desaparecerá. 

Fotografía: Promo

Dios, la nada y el Mal

Sea of Worry habla de ese “mar de preocupaciones” (como podría traducirse) de tener una vida en tus manos, es decir, un hijo. Y es precisamente este rasgo lo que hace que su música haya tornado un poco más luminosa y optimista.

Dracula Bells” amanece como la típica canción canónica de rock alternativo al más puro estilo Interpol, pero pronto se ve asediada por la distorsión. La ecualización de la voz con eco sigue instaurando la sensación de estar cayendo al vacío que había en Deathconsciousness y en The Unnatural World (2014). Y de repente llega “Science Beat” con una percusión de lo más notable y animada junto a unos arpegios de guitarra paisajísticos y evocadores que la convierten en sin duda alguna la canción más hermosamente positiva que han escrito. La voz, enterrada bajo toda la instrumentación, resulta de lo más placentera. Hacia la mitad, la canción se parte y entra un nuevo arpegio que consuma el ascenso a los cielos. Un alivio musical a todos los pesares por muy dramáticos que sean. Este hit instantáneo les separa de su característico hermetismo y les emparenta con artistas coetáneos más comerciales que tampoco dejan de lado la vanguardia, como el art-rock de sus máximos exponentes actuales, alt-J.

Así llega la irresistible “Trespassers W”, con un adictivo riff de post-punk y una sección rítmica que confiere una energía trepidante, alejada de la pereza drone que siempre ha abundado en sus creaciones. Si esta canción hubiera sido producida a comienzos de la década pasada bien podría sonar al emo de bandas como Bullet For My Valentine o a los mismísimos My Chemical Romance, en un híbrido con su género hermano, el nu-metal de grupos adolescentes como Slipknot o Linkin Park. Pero, afortunadamente, esta curiosa adaptación del emo que en su día escuchamos está más emparentada con Joy Division y sus múltiples ramificaciones estilísticas que con el metal alternativo de los albores del milenio.

Y, de repente, eclosiona “Everything We Forget”, un merecido descanso ambient que nos vuelve a situar en algún punto muy elevado de la consciencia. De algún modo, y teniendo en cuenta la letra de su predecesora, el mensaje del disco alcanza un cariz mesiánico: “He hecho un montón de cosas jodidas sin ti / y todas esas cosas te confunden / Mientras Satán y sus demonios procuran estrecharme la mano / los ángeles que hay sobre mis hombres intentan decirme que lo entienden”.

Un tren que desaparece en el horizonte

Aunque no se arrepientan de su atormentado pasado y no busquen algún tipo de redención, lo observan con perspectiva, con una actitud casi científica, lo que denota que ya está un poco más lejos de ese nihilismo que les torturaba.

En “Lords of Tresserhorn” escuchas el sonido de una bocina que parece provenir de un tren que se dispone a salir. La locomotora comienza a echar humo empapada por un potente riff de bajo. Y el ruido se cuela en la escena, una distorsión en cada uno de los instrumentos establece un feedback continuo que poco a poco se vuelve homogéneo. Y al final, una explosión de puro ruido al más puro estilo Merzbow.

Pero este no es el final del viaje, ya que llega “Destinos”, una epopeya gótica en la que vuelve la reflexión sobre Dios, la nada y el Mal. Se trata de una pretenciosa obra de trece minutos que arranca con un largo monólogo del protagonista sobre el proscenio que lucha contra sus dudas, de carácter teológico. Minutos más tarde, una guitarra acústica entra en escena acompañada de una serie de coros celestiales y una minimalista frase de piano que establece la melodía principal.

A medida que la canción crece, vamos perdiéndonos a nosotros mismos en ella, como una especie de laberinto sónico con infinidad de entradas y salidas que parecen llevar a ninguna parte, un sueño onírico que dibuja los momentos más decisivos de nuestra vida, aquellos en los que estuvimos a punto de renunciar y tirar todo por la borda. El feedback de distorsión nos despide, en una incomprensible sesión de improvisación ruidista que asienta una retroalimentación de guitarra en loop como lo único que queda tras la destrucción. Dependiendo de tu estado de ánimo o del momento del día en que la escuches, percibirás destalles distintos, que te intentarán convencer de que pase lo que pase, –y por muy malo que sea–, seguimos vivos, hemos sobrevivido a nosotros mismos, a nuestros propios traumas y anhelos incumplidos. Que aún queda un largo camino por recorrer.

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