(Sandy) Alex G

(Sandy) Alex G –
House of Sugar

Después de varios años experimentando y tratando de encontrar su propio sonido, (Sandy) Alex G acepta que su sonido no es uno, sino que son muchos y que todos pueden tener sentido si se conducen correctamente. House of Sugar es un disco tan derrotista como honesto y tan incómodo como acogedor, capaz de llevar el bedroom pop de Elliott Smith al siguiente escalón y cautivar a través de sus múltiples personajes y estados de ánimo.

Si me paro a pensar en mis artistas favoritos, creo que la característica común que les une a todos ellos es la capacidad de haber creado su propio lenguaje a partir de uno ya existente. Ese ente previo es, por supuesto, la música. Todos los grandes iconos han sabido adaptarla a sus necesidades y sus ideas, moldearla, aportarle nuevos elementos e incluso mostrarla en diferentes estados y formas a lo largo de su carrera, manteniendo siempre ese toque característico y totalmente reconocible del artista en cuestión.

Desde el comienzo de su andadura, (Sandy) Alex G se ha dedicado a buscar y dar forma a su propio lenguaje, lanzando un buen número de trabajos en los que poco a poco ha ido perfeccionando una serie de elementos que, por fin, alcanzan su cénit en House of Sugar, un disco que lima todas las pequeñas asperezas de sus álbumes anteriores y lleva un paso más allá el bedroom pop y el sonido lo-fi.

La música como ente incorpóreo

Alex Giannascoli ha visto crecer progresivamente su popularidad en la escena underground conforme ha lanzado nuevas obras que han conseguido el aplauso de la crítica, especialmente con el disco DSU de 2014. A pesar de ello, el músico todavía es bastante reticente a trabajar con productores o a grabar sus canciones en un estudio, prefiriendo mantenerse fiel a su habitación para no tener que ceñirse a horarios concretos y gozar así de total libertad creativa (incluso cuando eso supone sacrificar calidad de sonido).

Pero lo cierto es que aun con los limitados recursos con los que ha contado siempre (en este nuevo disco la única novedad es un micrófono que le prestó un amigo), (Sandy) ha sabido explotar las posibilidades del lo-fi y construir obras de gran riqueza sonora. Esto se debe en gran parte a su filosofía de tomar cosas de aquí y de allá, coger lo que le gusta y hacerlo suyo, sin cerrarse y sin tener una definición concreta de lo que es su música.

Aferrado a la autosuficiencia

(Sandy) ha sabido explotar las posibilidades del lo-fi y construir obras de gran riqueza sonora. Esto se debe en gran parte a su filosofía de tomar cosas de aquí y de allá, sin cerrarse y sin tener una definición concreta de lo que es su música.

Esta manera de trabajar empieza a resultar chocante en una era en la que cada vez es más frecuente el disco como obra colaborativa entre multitud de artistas y todo tipo de personal, desde productores a ingenieros de sonido. Ahí están trabajos como To Pimp a Butterfly (2015) o Lemonade (2016), cuyos créditos son más largos que la lista de la compra de Nochebuena, como ejemplos de la forma de trabajar más habitual que lleva cultivándose desde la pasada década.

No es que esta manera de funcionar sea mejor ni peor, pero mostrarte capaz de componer, grabar y dirigir tu propia obra en solitario se presenta hoy en día casi como un acto rebelde y de merecido reconocimiento, más cuando el resultado es tan gratificante. (Sandy) Alex G ha contado, una vez más, tan sólo con su hermana Rachel Giannascoli para el diseño de la portada y con Jacob Portrait como mezclador del álbum.

Fotografía: Tonje Thilesen

La vida post-sexo, drogas y rock and roll

House of Sugar es un álbum complejo que se enfrenta a la posterior soledad una vez terminada la fiesta. Las letras son ambiguas y dan cabida a múltiples interpretaciones, pero consiguen resonar gracias precisamente a esa ambigüedad.

Ahora que hemos hablado de House of Sugar en cuanto a su sonido, toca hacerlo de su temática. Alex G concibió este disco desde su perspectiva del lema clásico del “sexo, drogas y rock and roll”, pero el resultado dista mucho de ser un puñado de canciones divertidas con estribillos y riffs facilones y letras cuanto menos despreocupadas. House of Sugar es un álbum complejo que lidia con las consecuencias de este tipo de vida y se enfrenta a la posterior soledad una vez terminada la fiesta. Las letras son ambiguas y dan cabida a múltiples interpretaciones, pero consiguen resonar gracias precisamente a esa ambigüedad.

“Someday I’m gonna walk away from you” canta Alex nada más abrir el disco en “Walk Away”. Pero, ¿quién es ese “you” exactamente? ¿Es una persona en concreto? ¿Un grupo de personas? ¿Un mal hábito? Es uno de los temas más recurrentes de este trabajo: la adicción y los comportamientos autodestructivos, expresados a través de multitud de voces que se pisan entre sí y que no pertenecen sino a una misma persona, ejemplificando a la perfección ese estado enfermizo y obsesivo que recuerda a las canciones más esquizoides de los Radiohead del Kid A (2000).

No se limita tampoco a escribir sobre sí mismo, sino que, influenciado por la literatura y la lírica de otros artistas, emplea diferentes personajes para, por un lado, contar historias, y, por otro, transmitir emociones y sensaciones. En “Hope” nos habla acerca de un amigo que murió por sobredosis y al que quiere rendir homenaje, profundizando en la depresión que padecía este y en su visión de la muerte como único descanso posible, sin caer tampoco en la romantización de esta: “Got a hole in my chest / I can’t take it anymore / put my pillow to the test / let me rest”.

Un artista, multitud de voces

House of Sugar es un disco de altibajos. No en su calidad, sino en sus estados de ánimo, de dejarse llevar por la euforia y caer en picado después, de la inseguridad que provocan los cambios, de las consecuencias de los malos hábitos y de los efectos negativos de todo aquello que parecía positivo a simple vista.

Gretel” hace una reinterpretación del clásico cuento de los hermanos Grimm en la que Gretel escapa de la casa de la bruja a costa de dejar a su hermano allí. Lejos de sentir remordimiento, lo único en lo que puede pensar Gretel es en volver a la casa para comer más dulces, siendo otro ejemplo de el egoísmo y la adicción sobre la que se habla a lo largo del disco.

Este juego de personajes y voces es común a todo el largo, acatándose ya sea en el apartado lírico como en el sonoro, ya sea jugando con el pitch en la voz, valiéndose de colaboraciones externas como la de Emily Yacina en “Southern Sky” o haciendo lo más explícita posible la sobreindulgencia y la obcecación del autor, como en esa “Near” cuya única letra es “All I want is to be near you” en la que repite “you” una y otra vez. Puede aparentar ser un recurso pobre y puede que la parte central de este álbum flaquee si se toma por separado, pero, dentro de su contexto, temas como “Taking” tienen mucha fuerza y consiguen implantar en el oyente esa sensación continua de intranquilidad y ansiedad que priman a lo largo de todo el álbum.

No sería tan efectivo tampoco sin el apartado musical, mezclando el bedroom pop y el pesimismo de Elliott Smith (“In My Arms”) con la experimentación más ruidista y psicodélica de Phil Elvrum (The Microphones, Mount Eerie) en “Near” o “Taking”, la indietronica de Animal Collective en “Bad Man”, el folk primitivo de Richard Dawson mezclado con el vocoder en “Sugar”, el espíritu de Springsteen en “SugarHouse” (grabada en directo en un concierto en St. Louis) o el indie-rock agridulce de Yo La Tengo en “Crime”.

El derrotismo en todas sus texturas

Con House of Sugar, (Sandy) Alex G ha conseguido su triunfo definitivo a base de llevar sus múltiples influencias por un mismo camino y elaborar un trabajo que, a pesar de incorporar multitud de texturas y sonidos que van desde el folk hasta el vaporwave, suena coherente y fluido.

House of Sugar es un disco de altibajos. No en su calidad, sino en sus estados de ánimo, de dejarse llevar por la euforia y caer en picado después, de la inseguridad que provocan los cambios, de las consecuencias de los malos hábitos y de los efectos negativos de todo aquello que parecía positivo a simple vista.

Sus personajes se pierden y se desorientan, sueñan y sufren, encapsulando todos estos acontecimientos en esa pieza final cuyo título, “SugarHouse”, hace referencia al casino situado en las orillas del río Delaware en Filadelfia. Un final agridulce pero honesto en el que el autor acaba encontrando la paz en este casino, cayendo otra vez en la trampa de encontrar el confort en una práctica tan poco saludable como el juego. “When our children go digging for answers / I hope they can put me together again” cierra Alex con un tono derrotista, esperando que algún día alguien pueda aceptarle con su lado más oscuro y pueda al fin recomponerse.

Si bien (Sandy) Alex G ya había lanzado discos de notable calidad y gran ambición como DSU (2014) o Rocket (2017), es en House of Sugar donde ha conseguido su triunfo definitivo a base de llevar sus múltiples influencias por un mismo camino y elaborar un trabajo que, a pesar de incorporar multitud de texturas y sonidos que van desde el folk hasta el vaporwave, suena coherente y fluido. Puede que no sea la mejor de las decisiones, pero estoy seguro de que el abatimiento acogedor de la casa del azúcar será el refugio de cualquiera que se adentre en él.

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