Beck

Beck –
Hyperspace

Beck abandona sus excesos poperos para volcarse en la reflexividad y la introspección en el sintético y actual Hyperspace. Si bien no es un álbum espectacular ni siempre perfecto en su construcción, su atmósfera retrofuturista y su producción mucho más humilde pero detallista lo hacen homogéneo, favoreciendo su forma de indagar en las profundidades emocionales de las personas que habitan un presente siempre cambiante.

Que ni siquiera después de catorce álbumes seamos capaces de ver venir por dónde tira cada nuevo álbum de Beck Hansen es un hecho. Después de un Colors (2017) energético, mutante, popero y (valga la redundancia) colorido hasta el absurdo, el díscolo e inconformista cantautor ha dado un sorprendente giro a su estilo compositivo y a su producción, giro que, de hecho, comenzó con un engaño: “Saw Lightning”, ese primer adelanto anti-folk de tempo acelerado y juguetón, podría recordar a la vitalidad estrafalaria de su anterior elepé o incluso de sus primerísimos temas, pero es de todo menos definitorio del tono que Hansen había planeado para Hyperspace (2019).

Bueno, quizás sea más correcto hablar del tono que Beck “se encontró” cuando entró a grabar Hyperspace.

Alejarse del exceso, mejor en compañía

Convencido por Pharrell Williams de que debía incidir más en su línea de temas de cantautor, Beck tomó la determinación de ser “menos ambicioso” con la producción y “dejar respirar” a los temas.

Tras muchos años apuntando a que tal encuentro podría tener lugar, finalmente Beck y Pharrell Williams decidieron colaborar, precisamente, en la producción de este decimocuarto álbum de estudio. “No esperaba que las canciones salieran como salieron”, declaró Beck a NME. Convencido por el productor de que debía incidir más en su línea de temas de cantautor, tomó la determinación de ser “menos ambicioso” con la producción y “dejar respirar” a los temas. “Pharrell es un maestro del minimalismo. En la producción yo suelo ser un tanto maximalista; soy conocido por tener 140 pistas de cosas tratando de coexistir y peleando para ser escuchadas al mismo tiempo. Realmente he intentado reformarme y ser más simple”.

El motivo de esta búsqueda por una mayor pureza sonora no viene tanto motivado por un hartazgo del sonido de Colors como por la necesidad de encontrar vías de escape de su propia y abigarrada realidad que, al mismo tiempo, hagan aparecer nuevos puntos de conexión; lejos de aproximarse a lo futurista o lo extraterrestre, Hyperspace es un disco que indaga en “el espacio interno emocional de nuestras vidas”. Tal es lo que se desprende de las palabras de Hansen en su entrevista en NPR:

Creo que, durante buena parte de mi vida, las cosas han sido casi las mismas desde los años 40, 50, 60, 70. […] Y ahora todo ha cambiado en los últimos cinco años. Es como si ciertos aspectos de la tecnología [o] las ciudades estuviesen cambiando. […] Han ocurrido una serie de cambios enormes, pero, al final, siguen siendo vidas humanas – seres humanos con sus fallos haciéndolo lo mejor que pueden. Esa es la única cosa que nunca cambia, ¿sabes? Con la música ocurre algo parecido; nada de esto cambiará, ni tampoco el deseo de la gente pro conectar. Y así es como conectamos: con la música.

Fotografía: Promo

El hiperespacio y la estratosfera, en el presente y lo terrenal

Lejos de aproximarse a lo futurista o lo extraterrestre, Hyperspace es un disco que indaga en “el espacio interno emocional de nuestras vidas”.

Siempre ha habido eclecticismo en la música de Beck, más aún si tenemos en cuenta que venimos de Colors, pero lo que el tándem con Pharrell Williams ha fomentado ha sido una mezcla de géneros que intenta ser homogénea antes que llamar la atención sobre su caos, por organizado que este sea. Synth-pop, folk acústico y electrónico, R&B y hip-hop se dan cita en el que es, quizás, el trabajo más colaborativo de cuantos ha pergeñado el estadounidense.

Tan solo la escapista y etérea “Stratosphere”, quizás la mejor canción del álbum, ha sido exclusivamente escrita y producida por Hansen, quien reduce la electrónica a tenues arreglos de fondo y devuelve el protagonismo a las guitarras para configurar su particular y humilde “Space Oddity”.

Chemical” también anda en paralelo a ese camino setentero pero con una vertiente aún más psicodélica (sea Pink Floyd, sea The Beatles), y si bien sus letras no son precisamente brillantes (“I’m so high / Love is a chemical”) sí son efectivas a la hora de transportarnos en el cohete lisérgico de Beck, que tan pronto abandona la superficie de la tierra como vuelve a dirigirse al suelo firme para mirar con atención.

Todas las noches y los días del alma

Siempre ha habido eclecticismo en la música de Beck, pero lo que el tándem con Pharrell Williams ha fomentado ha sido una mezcla de géneros que intenta ser homogénea antes que llamar la atención sobre su caos, por organizado que este sea.

La pausa de Hyperspace no siempre es introspectiva, pero siempre es reflexiva. En ese combo inseparable que abre el disco, compuesto por la breve introducción “Hyperlife” y el single “Uneventful Days”, nos sumergimos en el mindset de este álbum: uno de días oscuros e inalterables, de vacíos emocionales y vidas repetitivas. Así es el ritmo de estos temas: sostenido, cadencioso, pero potente en sus intenciones y no exento de un cierto brillo. Un sentimiento similar regresa en “Die Waiting” (con saber un poco de inglés, basta leer el título para entender por dónde van los tiros), donde la resignación adopta un aura más dulce y luminosa, especialmente a través del uso de unos coros en los que tímidamente asoma Sky Ferreira.

La genial “See Through”, co-producida por Greg Kurstin (Adele, Chvrches), avanza hacia las profundidades de esa oscuridad personal que Beck intenta analizar con su oscuro ritmo de club, debatiéndose entre romper las propias fronteras de la introspección y acercarse a la seductora toxicidad de lo que se ansía. También provoca esa disociación en quien lo escucha: quieres bailar y dejarte llevar por su ritmo, pero sumergirte en ese deseo puede hacerte sufrir (“Coming out of my mind, you know I’m dying to reach you”).

Las consecuencias de esas decisiones recaen en “Star”, breve antesala del cierre del disco, caracterizada por las letras de imágenes enrevesadas de las que Hansen siempre ha hecho gala, cuyos arreglos juguetones y casi pop evocan a los Papas Fritas de Buildings and Grounds. Con algo más de perspectiva y menos dolor se exploran esas sensaciones en “Dark Places”, una balada menos intensa y más dulce que “See Through”, casi una “Across the Universe” con sintes retrofuturistas en la que Beck se adentra en sus propias oscuridades, sin miedo, para salir más sabio.

De los días indistinguibles a la nada imperecedera

No son necesarias escuchas abusivas para familiarizarse con las virtudes de este trabajo, y allí donde lo pop no brilla lo hace en su lugar la introspección y el escapismo.

Llega entonces el momento en que Beck comprende dónde está su lugar en ese “Hyperspace” interior y emocional que no puede disfrutar solo: tal y como evocaba en “Hyperlife” (tema del que esta canción sirve como reprise), debe compartirlo con quien es importante para él. A mitad de canción, el por momentos robótico rap de Terrell Hines fractura su flujo de pensamiento, pero nada le impide concluir con su pacífico y repetitivo “With you…”: la conexión ha sido efectiva y todos estos acontecimientos se han sucedido en menos de tres minutos.

La conclusión definitiva de todo este aprendizaje es “Everlasting Nothing”, una canción pura, luminosa y energizada por coros góspel (seguramente otra influencia pharrelliana), que tal vez sea demasiado folk para este elepé igual que lo es “Saw Lightning”, pero que ocupa su lugar con tal honestidad y candor que sería inapropiado cuestionarle nada.

Lo cierto es que Hyperspace no tiene grandes fallos ni lagunas, pero tal vez sí achaque una cierta falta de definición entre tanta (y tan bien conseguida, por otra parte) uniformidad. La maniobra de “Saw Lightning” como adelanto engañoso tiene su gracia, pero lo cierto es que desentona entre todo el conjunto del álbum, aunque su forma de destacar es, irónicamente, por lo animado y divertido. La sombra de Colors es alargada y puede empañar las muchas luces de Hyperspace por esa promesa de pop caótico y mutante; no obstante, no son necesarias escuchas abusivas para familiarizarse con las virtudes de este trabajo, y allí donde lo pop no brilla lo hace en su lugar esa introspección ideal para abstraerse, como en un largo viaje en carretera, hacia las cálidas oscuridades del alma.

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