Brittany Howard

Brittany Howard –
Jaime

Brittany Howard se desnuda ante el micrófono como nunca lo había hecho con Alabama Shakes, dándonos a entender que este era el giro que necesitaba dar en su carrera; la composición de un disco en el que, a través de sus canciones, intenta hacernos testigos de todos esos obstáculos que se interponen en la vida de una mujer negra y homosexual nacida en el sur de los Estados Unidos.

Sólido y contundente. Así podríamos definir, sin entrar en detalles, aquel Sound & Color que en 2015 fue publicado por Alabama Shakes, consiguiendo demostrar que un género como el soul, que nos puede sonar bastante anacrónico teniendo en cuenta los géneros musicales que copan el mercado actual, aún tenía mucho que decir, explorando nuevos caminos con una gran síntesis de sonidos rock más modernos y una producción muy influenciada por la estética lo-fi.

Un fuerte espíritu de superación ante las adversidades

Ha sido justo en el momento en que Alabama Shakes parecían haber encontrado su identidad cuando Brittany ha decidido emprender su propio camino en solitario.

Aquel disco funcionó a las mil maravillas y consiguió que Alabama Shakes lograsen sonar como una banda compacta en la que todos los componentes sumasen y aportasen al conjunto, algo que parecía difícil de conseguir teniendo en cuenta el protagonismo de una voz tan talentosa como la de Brittany Howard, sobre la cual se dependía en exceso en su trabajo previo, Boys & Girls, de 2012. No obstante, ha sido justo en el momento en que Alabama Shakes parecían haber encontrado su identidad cuando Brittany ha decidido emprender su propio camino en solitario, que comenzó con su disco homónimo bajo el pseudónimo de Thunderbitch y que continúa con Jaime, el primer trabajo que ha sido lanzado con su verdadero nombre y que ha visto la luz en este año 2019.

Fotografía: Brantley Gutierrez

Voraz y ambicioso, aunque algo descompensado

Jaime debe entenderse como un recorrido vital propio a través de sus inseguridades, su orientación sexual y sus creencias religiosas, ideológicas y políticas.

Si hay algo particularmente llamativo en este álbum es que, en términos de producción e instrumentación, Brittany sigue por ese terreno explorado en el último trabajo de Alabama Shakes, consiguiendo crear un trabajo que, a pesar de ser lanzado en solitario, mantiene viva esa inclinación hacia la experimentación sónica. En canciones como “History Repeats”, con una producción densa y apagada, y, sobre todo, en esa pieza que transcurre a caballo entre el spoken word, la poesía improvisada y el rock psicodélico minimalista que es “13th Century Metal”, se hace especialmente palpable.

Brittany, de forma inteligente, alterna estos pasajes menos convencionales con interesantes baladas country como “Short and Sweet”, frescas bocanadas neo-soul con cierta influencia del R&B más moderno como “Tomorrow” y otras en las que vuelve a la zona de confort con esos ganchos vocales en falsete como ocurre en “Stay High”, logrando un buen equilibrio estilístico.

No obstante, se puede apreciar cierta descompensación en cuanto a la calidad de sus temas, ya que la primera mitad del disco, repleta de melodías pegadizas, sonidos poderosos y mensajes directos y llenos de trasfondo, se sitúa bastante por encima de una segunda mitad que en ocasiones da la sensación de resultar inconclusa y algo débil, como ocurre en canciones como “Baby” o esa ochentera “Run to Me” que cierra el álbum dando la sensación de estar un poco fuera de su hilo conductor.

La desnudez interior de Brittany Howard

A pesar de algún pequeño bajón en la segunda mitad del largo, la norteamericana consigue su objetivo con solvencia por medio de unas canciones tan introspectivas como cercanas en su lírica, tan espontáneas como audaces en su interpretación y tan meticulosas como contagiosas en su instrumentación y estructura.

Es importante entender que no es un álbum que gira en torno a la temprana muerte su hermana, a quien se le debe el título del álbum, sino que más bien se trata de una dedicatoria, una de las razones que han hecho a Brittany ser la persona que es hoy en día, lo que trata de relatar a lo largo del disco desde todos los ángulos posibles y encerrando en su mensaje un fuerte espíritu de superación ante las adversidades que le ha tocado vivir. En otras palabras, es un álbum sobre Brittany; un recorrido vital propio a través de sus inseguridades, su orientación sexual y sus creencias religiosas, ideológicas y políticas.

Howard se desnuda interiormente a través unas letras directas cargadas de emoción y expresividad, que relatan conflictos espirituales y religiosos (“He Loves Me”), episodios de racismo sufridos durante la infancia (“Goat Head”), hasta las dudas y el sentimiento de culpabilidad ante el descubrimiento de su temprana homosexualidad (“Georgia”). No sería nada descabellado decir que ésta última es la mejor composición del álbum, una canción de amor desde la perspectiva de la niñez, época a la que se alude en varios cortes del disco, que Brittany dota de gran tensión y sensualidad transmitida con gran fervor en versos como “I just want Georgia to notice me”

A pesar de algún pequeño bajón en la segunda mitad del largo, la norteamericana consigue su objetivo con solvencia por medio de unas canciones tan introspectivas como cercanas en su lírica, tan espontáneas como audaces en su interpretación y tan meticulosas como contagiosas en su instrumentación y estructura. Personalmente, creo que en ese intervalo del disco que va desde “History Repeats” hasta “13th Century Metal” se encuentra lo mejorcito que esta artista ha creado en su todavía corta pero intensa carrera discográfica, incluyendo sus trabajos con Alabama Shakes. En definitiva, Jaime es una buena carta de presentación en solitario para una artista que, a la edad de treinta y un años, aún tiene tiempo para crecer muchísimo más.

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