Kim Gordon

Kim Gordon –
No Home Record

La Chica del Grupo publica un primer álbum de estudio en solitario tras Sonic Youth en el que plasma sensaciones irracionales e impulsos consumistas, a la vez que fusiona géneros tan dispares entre sí como el noise o el techno. No debe escucharse como un disco al uso, sino más bien como una obra conceptual improvisada y vanguardista. Una alegoría incómoda y angustiosa de la ciudad en la que reside, Los Ángeles, y todo lo que representa: capitalismo, esquizofrenia y deshumanización.

Somos muchos los jóvenes que pasamos la adolescencia con el taladro perforador de Sonic Youth en el cráneo, dejándonos así incapacitados para disfrutar de propuestas musicales más ordinarias o convencionales y, en definitiva, más sordos. Seas de la generación que seas, lo cierto es que si sucumbiste al feedback final de himnos como “The Diamond Sea” o a los susurros contenidos de Kim Gordon en “Teen Age Riot” antes de estallar el riff imposible de Thurston Moore, sabrás de lo que hablo. A fin de cuentas, los neoyorquinos siguen erigiéndose como el epítome de la cultura noise, la banda a la que todos los amantes del ruido quisimos aproximarnos, con esa extraña mezcla en el apartado estético del bizarro mundo de Andy Warhol y el punk attitude que ya comenzaba a despuntar a finales de los años setenta; también dignos herederos del legado de The Velvet Underground. Ahora, a pocos días de dar por finalizada la década, una referencia discográfica se cuela por sorpresa entre infinidad de artistas y propuestas. Es ella, Kim Gordon, La Chica del Grupo.

Destrozar todo y no regresar nunca más a casa

No Home Record es un trabajo radical en cuanto a sonido y mensaje, que sigue de cerca la herencia del Sonic Youth más descarnado y agresivo, así como la de coetáneos del ruidismo y la performance artística.

Sí, con mayúsculas. Después de habernos descubierto los entresijos de su vida y su personalidad en su libro de memorias, vuelve al estudio para, de nuevo, dejarnos a todos sin palabras. Ella, en realidad, siempre fue la más vanguardista de entre sus compañeros. Así lo demuestra en No Home Record, un trabajo radical en cuanto a sonido y mensaje, que sigue de cerca la herencia del Sonic Youth más descarnado y agresivo, así como la de coetáneos del ruidismo y la performance artística, como por ejemplo Lydia Lunch, John Cale, Swans o Jarboe.

A lo largo de las nueve canciones que lo componen, asistimos a una compleja hibridación de los géneros que van desde el punk, el noise, el ambient o el techno. Gordon no se ha conformado con realizar un trabajo a medias, sino que ha pretendido redificar la música alternativa de una forma totalmente innovadora y radical, hasta el punto de fusionar polos opuestos.

Fotografía: Natalie Mantini

Una compleja hibridación de los géneros

Gordon no se ha conformado con realizar un trabajo a medias, sino que ha pretendido redificar la música alternativa de una forma totalmente innovadora y radical, hasta el punto de fusionar polos opuestos.

“No me veo a mí misma como una artista individual que hace un disco en solitario. Mi ‘background’ personal siempre fue la escuela de arte. No soy músico y nunca he considerado que lo fuera. Muchas de las personas que conocí comenzaron en el post-punk o cayeron en el punk rock, pero en mi caso siempre he encontrado mucho más inspiradora la escena no wave”. Con estas palabras admitía en la revista New Musical Express su motor artístico y personal, mucho más centrado en la experimentación sonora y visual que en la música. A decir verdad, si comparamos su trabajo con los de Thurston Moore en solitario nos daremos cuenta de esta gran diferencia entre ambos. Si el guitarrista siempre prefirió los desarrollos de guitarra largos, bien trabajados e hipnóticos, la bajista prefiere destrozarlo todo y hacer un collage con las piezas resultantes. 

Así arranca el álbum, con “Sketch Artist”, en la que una armonía de lo que parece un instrumento de cuerda es súbitamente saboteado por unos beats electrónicos molestos y profundos, a medida que la autora recita un inspirado spoken word. La canción continúa mutando en su transcurso entre devaneos ambientales paradisíacos y un infernal armamento electrónico. Le sigue Air Bnb”, cien por cien de la old school de Sonic Youth, un corte de rock and roll que enferma a cada instante con sus hipos distorsionados y que nos devuelve el lado más cañero de discos como Dirty (1992) o Washing Machine (1995). Merece la pena destacar la propuesta visual que despliega en su videoclip, en el que Gordon traza una descripción de lo que habría sido el vídeo de haberse realizado, y que simplemente es un mero guion a partir del cual el espectador debe imaginar.

Paprika Pony” arranca con lo que parece el tono de llamada de un móvil en desuso, y a partir de ahí se construye una canción completamente rota y deshumanizada. “¿Qué es lo que soy?”, se pregunta. “No soy una chica, sino una mujer, mándame a la mierda”, recita nada más comenzar. 

Nuevas formas de consumo y explotación mercantil

Si Thurston Moore siempre prefirió los desarrollos de guitarra largos, bien trabajados e hipnóticos, la bajista prefiere destrozarlo todo y hacer un collage con las piezas resultantes.

Gordon espeta versos cortos e intuitivos, que conectan con el mundo del marketing y que bien podrían funcionar para un anuncio de productos de limpieza, de ahí la profunda herencia de uno de sus mayores maestros: Andy Warhol, quien ya jugaba con el mundo de la publicidad en su infinidad de proyectos artísticos. Su propósito no es más que invocar esas voces inconscientes de la era del turbocapitalismo que retumban en la mente colectiva y que imploran a gritos nuevas formas de consumo y explotación mercantil.

La distorsión regresa en “Murdered Out”, una pieza que recuerda a aquel monolito del ruido llamado Psychocandy de los escoceses The Jesus and Mary Chain. En estos registros también figura “Hungry Baby”, mucho más adictiva y cañera, gracias a esa imponente base de bajo que hace cabalgar el tema por los senderos del feedback. Sin duda, la más accesible de la colección. 

Pero enseguida regresan los estertores mecánicos y los beats frenéticos con Don’t Play It”, una pesadilla grotesca que incurre en la electrónica experimental y que, de haberse decantado por el lenguaje de las guitarras, bien podría haber funcionado como un éxito de clásicos del hardcore-punk norteamericano como Black Flag o Minor Threat. “Cookie Butter” sigue de cerca esta tónica, con una inspirada spoken word de monosílabos recitada sobre un fondo de electrónica dub y percusiones mecánicas. Al final, la guitarra hace su aparición para deformar aún más el espacio sonoro. 

El día en que Jim Morrison conoció a Warhol

No Home Record dibuja un paisaje desolador que siempre parece estar a punto de saltar por los aires pero que vuelve a contenerse en su rabia, una perfecta metáfora de la esquizofrenia que impera en la sociedad de consumo en la que nos hayamos inmersos.

Earthquake” se corona como la más ambiental del disco. Los primeros compases recuerdan a la histórica “The End” de los californianos The Doors. Esto tampoco es baladí, ya que uno de los propósitos de Gordon ha sido poner música a la ciudad en la que reside, Los Ángeles, lugar en el que se fundó la banda de Jim Morrison, además de ser uno de los centros comerciales y financieros más importantes del mundo, auténtico emblema urbano del capitalismo. El tema posee una producción exquisita a cargo de Justin Raisen, quien ha trabajado con artistas actuales tan heterodoxos como Yves Tumor, Angel Olsen o Sky Ferreira, pero también con clásicos, como el mismísimo John Cale. Según Gordon, ambos se conocieron en un AirBnb. Aunque la canción está emparentada con las proezas del Rey Lagarto, también prevalece un aroma ruidista que recuerda a las improvisaciones que realizaba The Velvet Underground en la Exploding Plastic Inevitable, en la legendaria Factory de Warhol. 

El disco termina con la abyecta y críptica Get Yr Life Back”, una performance artística hecha canción fruto de la experimentación e improvisación. En ella, su creadora recita machaconamente que “todos los días cae chocolate negro del cielo y mantequilla”, entre muchas más bizarradas. Esta pieza (y el álbum en su totalidad), dibuja un paisaje desolador que siempre parece estar a punto de saltar por los aires pero que vuelve a contenerse en su rabia, una perfecta metáfora de la esquizofrenia que impera en la sociedad de consumo en la que nos hayamos inmersos.

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