Texxcoco

Texxcoco –
Side Effects of Proximity Pt.1

El segundo largo de los canariones es más denso que todo lo que venían haciendo hasta la fecha. Sin embargo, lo importante (las guitarras destartaladas, la urgencia y la voz de Adriana) sigue ahí.

Es 2019 y las cosas claras: el garage-rock ha dejado de estar de moda. En los últimos tres años, como género ha pasado de copar festivales, reseñas e interés del público a decaer progresivamente en presencia y frescura, que van irremediablemente asociadas. Pero como las modas van y vienen, especialmente en la música, no está de más que siempre quede gente manteniendo la llama viva. Sobre todo si es algo tan disfrutable (relevancia o necesidad al margen).

Texxcoco nacieron allá por finales de 2015 e irrumpieron un año más tarde en la Península con un par de EPs debajo del brazo. A ellos habría que añadir tiempo después su primer LP, Disorder, publicado vía Subterfuge Records, que continuaba surfeando entre el grunge y el garage y perfeccionaba la fórmula. Cuatro años desde su origen, en los que si no han sido el grupo español con récord en número de conciertos, sí que lo habrán sido en vehículos tirados en mitad de la carretera de camino a los bolos. 

Trata de arrancarlo, Adriana

Para su segundo largo, Texxcoco han decidido ponerse a dieta y dejar fuera buena parte del jangle, el toque y el tópico subtropicales y la buena onda de sus anteriores trabajos. Lo que ha quedado tras dicha purga han sido los ingredientes esenciales de su rock.

Para su segundo largo, de nuevo sacado con la escudería más mítica del indie español, Texxcoco han decidido ponerse a dieta y dejar fuera buena parte del jangle, el toque y el tópico subtropicales y la buena onda de sus anteriores trabajos. Lo que ha quedado tras dicha purga han sido los ingredientes verdaderamente esenciales de su rock: las guitarras bien cargadas, el contraste entre las letras angustiadas de Adriana y su desenfado al cantarlas, y la idea de hacer ruido a mala idea.

Side Effects of Proximity Pt.1 es el nombre de este nuevo esfuerzo de los canarios. Y es, por lo pronto, la consolidación de una de las bandas de rock más punteras del país. Pasada la etapa de formación de su propio sonido y de darse a conocer, primero en la escena y luego hacia el público más generalista (paso por festivales mediante), a Texxcoco les toca ahora lo más difícil: seguir teniendo algo que decir y mantenerse relevantes.

Fotografía: Promo

En la borrosa frontera entre el grunge y el noise

Los canarios siempre han estado más próximos a The Breeders que a los Pixies en su concepción del rock ruidoso y melódico, pero las influencias en este disco se amplían para abarcar el post-hardcore y la parte más chunga del grunge.

El comienzo con Seat Belt” peca de un problema que sobrevuela el resto del disco aunque nunca llegando a arruinarlo: una batería demasiado fuerte en contraste con una voz un poco baja de volumen. Ese momento hacia el final de “Time Wasted” en el que Adriana alterna tarareos inocentes con un mantra repetitivo mientras a su alrededor se despliegan las líneas instrumentales una por una es la prueba definitiva de que este álbum supone un paso hacia delante.

¿Hacia dónde? Bueno, pues uno podría tirar de topicazo y decir que hacia una dirección más oscura y reflexiva, pero la naturalidad con la que “First Term of Non-Motion” cierra la cara A se encarga de recordarnos que nada es tan sencillo, y que la prioridad para Texxcoco es seguir siendo una banda divertida y extenuante. Incluso si les da la bajona.

Los canarios siempre han estado más próximos a The Breeders que a los Pixies en su concepción del rock ruidoso y melódico, pero las influencias en este disco se amplían para abarcar el post-hardcore y la parte más chunga del grunge. No hay más que ver la canción elegida como su segundo single, “A Sleepless Night”, con una fenomenal batería a contrapié y una Adriana a ratos recitando más que cantando. Sin duda, el tema que está llamado a ser la piedra de toque de los Texxcoco de los próximos años.

Final apuntando al riesgo y a lo desconocido

Más allá de ser un disco de rock puro, disfrutable y entretenido, Side Effects of Proximity Pt.1 sienta las bases del sonido futuro de la banda sin pegarse un tiro en el pie en el intento, dejando los dientes largos de cara a su segunda parte con un final tan arrollador como imprevisto.

En cuanto a la producción del disco, a cargo de Javier Ortiz, de Estudios Brazil, una de cal (concretamente, su deliciosa textura analógica) y otra de arena (la ya comentada batería, algo sobreexpuesta). Tras el primer single,Red is Open”, menos sorprendente, se enfila la recta final del disco. Hasta entonces, la conclusión general podría ser que quizá Side Effects of Proximity Pt.1 no sea tan distinto a Disorder como podría haberlo sido.

Sin embargo, con “Despair is Number 2”, primero, y con “The Rest is Noise…”, después, Texxcoco dan un inesperado giro de timón que les dirige hacia territorios inexplorados. Oscuridad, desarrollos instrumentales largos (incluso cercanos al post-rock en la segunda, voces de fondo incluidas) y, en general, una sensación extraña de incomodidad y de incertidumbre que suben simultáneamente el nivel del disco y el interés en conocer lo que hará el cuarteto en sus próximos movimientos.

Visto de manera global, el camino de Texxcoco con esta nueva etapa parece razonable y bien medido. Side Effects of Proximity Pt. 1, más allá de ser un disco de rock puro, disfrutable y entretenido, sienta las bases del sonido futuro de la banda sin pegarse un tiro en el pie en el intento, dejando los dientes largos de cara a su segunda parte con un final tan arrollador como imprevisto. Una transición necesaria hacia otra cosa, algo que quizá ni ellos sepan definir con precisión. Pero, al fin y al cabo, ¿acaso no es esa la gracia?

error: ¡Contenido protegido!