Una tormenta tropical perfecta asedió Madrid

El show a pleno pulmón ofrecido por los australianos Tropical Fuck Storm les postula como uno de los grandes faros del rock underground del futuro

Vivimos tiempos extraños y convulsos. Tanto es así que, si pudiésemos traer a un ser humano de comienzos del siglo pasado a la actualidad, se volvería loco al presenciar el modo de vida que llevamos. Sobre todo teniendo en cuenta a los líderes políticos que dicen representarnos y la sociedad cibernética en la que estamos inmersos. Curiosamente, sucedería lo mismo en el plano musical. Si pudiésemos traer al presente a cualquier productor musical que hubiera trabajado con bandas decisivas en la historia del rock de los años sesenta, véanse The Doors, The Rolling Stones o The Kinks, su cara de perplejidad sería un monumento. Esta es una de las ideas que se me vienen a la cabeza después de asistir al que sin duda fue uno de los eventos musicales del año; el concierto de Tropical Fuck Storm el pasado jueves 21 de noviembre en Madrid.

De esto mismo hablé una tarde hace años con Luis Boullosa, quien está detrás de la máscara artística de Broke Lord y ha escrito dos de los mejores volúmenes sobre música underground actual, El puño y la letra y Santos y Francotiradores. En una dilatada conversación, me aseguró que nunca se había hecho tan buena música como ahora, dejando clara su repulsa a ese colectivo de nostálgicos que siempre anda detrás de ediciones especiales de los abuelos más prestigiosos del rock. Contra ese espíritu reaccionario que no hace más que aumentar el saldo de artistas millonarios y productoras todopoderosas en base a una perezosa melancolía basada en el “cualquier tiempo pasado fue mejor” se erigen otras bandas como Tropical Fuck Storm, revolucionarias en forma y contenido, dispuestas a dinamitar cualquier tótem sagrado.

En directo, la banda se transforma y desde que toman el escenario hasta que lo dejan, sus canciones adquieran vida propia, embarcando al público en un viaje que va desde los suburbios callejeros hasta las arenas de los desiertos de la mente provocados por la ingesta de drogas lisérgicas.

El cuarteto formado por Gareth Liddiard (voz y guitarra), Fiona Kitschin (bajo), Erica Dunn (guitarra) y Lauren Hammel (batería) ofreció en pleno centro de Madrid una verdadera demostración de fuerza y carácter digna de cualquier leyenda viva o muerta. A lo largo de su corto pero bien nutrido repertorio, desplegaron ante los asistentes un show meteórico y a pleno pulmón que echa por tierra todos esos axiomas de pureza musical, generando un ambiente combativo, ruidoso y desafiante. Temas como “Soft Power” o “Paradise”, que ya ponen la piel de gallina en su versión de estudio, resultaron ser una auténtica inyección de adrenalina y ruido no apta para todos los públicos. En directo, la banda se transforma y desde que toman el escenario hasta que lo dejan, sus canciones adquieran vida propia, embarcando al público en un viaje que va desde los suburbios callejeros hasta las arenas de los desiertos de la mente provocados por la ingesta de drogas lisérgicas.

Una de sus interpretaciones más notables fue “You Let My Tyres Down”, con ecos a Neil Young y Crazy Horse, que dejó mudos a los más escépticos de su filosofía musical, quizá convencidos por un buen amigo para asistir a la cita. La amplia gama de pedales de efectos de guitarras y bajo no embadurnó el espíritu orgánico de su propuesta, con rasgueos y riffs que resonaron en el tuétano de los huesos. Otra de las grandes epifanías fue “Who’s My Eugene”, dedicada a la biógrafa de Brian Wilson, de los Beach Boys, que sobre las tablas rompió el sincopado ritmo de su versión en estudio para destrozar los oídos con el que ya es un hit antológico dentro del rock underground. Aunque todos y cada uno de sus miembros están en plena forma, merece la pena incidir en el enorme talento de su batería, Lauren Hammel, y su manera de aporrear el instrumento, digna de los grandes padres fundadores del hard-rock, como John Bonham o Keith Moon.

A lo largo de su corto pero bien nutrido repertorio, desplegaron ante los asistentes un show meteórico que echa por tierra todos esos axiomas de pureza musical, generando un ambiente combativo, ruidoso y desafiante.

También hubo espacio para el homenaje a bandas históricas del subterfugio musical australiano, como Divinyls, al versionar uno de sus himnos, “Back to the Wall”. Por no hablar de la inusitada facilidad para gritar, cantar y recitar de Gareth Liddiard, quien adquirió el rol principal en “Braindrops” y “Rubber Bullies”. Su personalísima forma de comportarse sobre el escenario con la guitarra colgada, la vena hinchada y los ojos vidriosos, rabiosos y furibundos fue digna de los grandes mitos musicales de ayer y de hoy.

Tropical Fuck Storm se despidieron con una emocionada versión del tema que cierra su nuevo disco, la balada “Maria 63”, aunque volvió para efectuar dos bises más, “Two Afternoons” y la anteriormente mencionada “Paradise”, dejando con ganas de más a los asistentes. Este fue en realidad el único punto negativo de la noche: el concierto se hizo demasiado corto a pesar de su gran intensidad. Pero, aun así, más que suficiente para encumbrar a Tropical Fuck Storm como una de las mejores bandas de rock de la actualidad, de las que día a día aportan más razones para desechar a los clásicos y confiar en que sin duda estamos viviendo la mejor época musical de la historia.

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