Un talento hecho realidad

Madrid recibió a Nilüfer Yanya en su estreno en la capital con una sala a menos de la mitad de su aforo. Lo que (probablemente) ha sido un fiasco económico para la artista británica supuso para los asistentes un regalo íntimo con un sonido impecable de principio a fin

Nilüfer Yanya es un talentazo con una proyección inabarcable, y así lo demostró en su primer concierto en Madrid el pasado 24 de noviembre. Desde los primeros versos de la noche, de “The Florist”, se anticipó un sonido con la mezcla justa de pulcritud y grandilocuencia que se le imagina a una artista asentada, pero no a una veinteañera con una banda igual o más joven que ella. 

Aunque a la artista británica sólo le acompañaban un batería, una saxofonista que hacía segundas voces y un bajista que a veces tocaba el teclado, en ocasiones sonaron tan grandes que parecían ocho personas sobre el escenario. Todo ello sustentado, principalmente, por lo bien que Nilüfer Yanya toca la guitarra. Mantuvo en todo momento la solidez en la mano derecha (lo que uno es), tanto en temas como “Monsters Under the Bed”, más desnudos y acompañada solamente por los coros de la saxofonista; como en los que tenía que puntear sobre el muro empastado de sonido que lanzaba la banda por detrás (por ejemplo, en “The Unordained”). Y en lo que uno sabe (la mano izquierda) sin tocar posturas clásicas de acordes, sino arriesgando con las armonías y la digitación.

Por momentos delicados, otros, inmensos, Nilüfer Yanya y su banda dieron una lección de control de matices y derroche de talento.

Otros temas, como “Paradise” o “Baby Blue”, destacaron por el derroche de poderío vocal de la autora de Miss Universe. Además de un gran registro, Nilüfer Yanya sorprende porque tiene tanto flow al cantar que, en directo, acerca sus canciones de influencia britpop a un R&B bailable y envolvente.

El concierto duró apenas una hora, pero el hecho de que terminaran con el cañonazo que abre su álbum debut, “In Your Head”, seguida de la potente “Heavyweight Champion of the Year”, dejó la sensación de que había sido la dosis justa para una noche de domingo.

Por momentos delicados, otros, inmensos, Nilüfer Yanya y su banda dieron una lección de control de matices y derroche de talento que, en unos años, será recordado como una joya por quienes tuvieron las ganas, o el amigo o pareja freak, de acercarse a la sala El Sol a ver a una artista con un nombre difícil de comentar al día siguiente en el trabajo.

Fotografía: Dani Belcanto

error: ¡Contenido protegido!