Cigarettes After Sex

Cigarettes After Sex –
Cry

En líneas generales, Cry es un álbum bastante desacertado, que busca consagrar el sonido de la banda y la perspectiva de Greg González sobre la vida sentimental con una voz que, en esta ocasión, busca ser cálida y armoniosa, pero que termina perdiendo parte de su brillantez mediante unos pasajes más bien monótonos a nivel musical y empalagosos a nivel lírico. Como álbum continuista, es posible que no defraude a los fans acérrimos de la banda, pero tampoco logrará conquistar a un nuevo público.

El álbum debut de Cigarettes After Sex, lanzado en 2017, podría definirse como el sumun de la homogeneidad musical. Un disco de diez canciones que, en cuanto a estilo, estructura y lírica, funciona como una misma canción de cuarenta y siete minutos. Un viaje melancólico, íntimo y con tintes eróticos a través de todos esos pasajes amorosos que nos relata la voz andrógina de Greg Gonzalez, el alma máter del grupo. Si bien por momentos se llega a caer en la monotonía, el álbum funciona como un reloj en cuanto a la síntesis de unas letras profundas y una música totalmente evocadora, como se demostraba en aquella nostálgica y maravillosa “Sunsetz” o en estribillos que te marcan desde la primera escucha como el de “John Wayne” o “K.”. Con Cigarettes After Sex, el dream-pop había encontrado un nuevo, poderoso y oscuro aliado, que daba sus primeros pasos de forma segura sobre el legado de Cocteau Twins y Mazzy Star.

Continuista en el peor de los sentidos

A Cry le falta gancho, resulta por momentos bastante cansino y, lo más importante, pierde ese importante factor hipnótico que en su primer álbum funcionaba, a pesar de sus altibajos, de forma magnética y atrayente a lo largo de todo el LP.

Ah, el dream-pop… ese género que tan pronto nos deja largos pasajes desaboridos como nos brinda unas melodías celestiales que parecen haber venido de otro mundo… Si me dicen que el segundo álbum de la banda de Texas va a ser un calco del primero, a pesar de ser un defensor de ese trabajo, seguramente me mostraría bastante escéptico a la hora de escucharlo. Creo que con su primer largo ya aportaron una dosis lo suficientemente satisfactoria como para exigirles abrirse a nuevos horizontes líricos y estilísticos, y buscar nuevas formas de transmitir su mundo interior.

No obstante, es cierto que muchas veces utilizamos el adjetivo de “continuista” con connotaciones peyorativas, que hacen alusión al conformismo o la falta de ideas. Hay muchos discos que parecen confirmar la certeza de esta premisa, pero también hay muchos otros que nos hacen pensar todo lo contrario. Sin salirnos del marco del dream-pop, en este segundo conjunto de discos podríamos incluir el Bloom (2012) de Beach House, un álbum que persigue los mismos derroteros que su predecesor, Teen Dream (2010), y que no sólo logra ser un buen álbum, sino uno de los más logrados de esta última década, de los que das las gracias a un grupo por hacer lo que sabe hacer y no se ponga a experimentar con cosas raras (aunque con su último álbum, 7, tampoco es que lo hiciesen nada mal, precisamente). Siguiendo con el juego, ¿qué disco se nos viene a la mente que podríamos incluir en el primer conjunto? Sin duda, Cry podría ser uno de los mejores ejemplos.

Fotografía: Ebru Yildiz

Un álbum tan lánguido como falto de ideas

El problema radica, fundamentalmente, en que las melodías de este disco no resultan tan sugerentes ni efusivas como las que nos dejaron en temas de su debut homónimo.

Las primeras líneas de Don’t Let Me Go”, la canción que abre el álbum, ya vaticina una continuación de su predecesor en la faceta musical, con esos sintetizadores ambient, arpegios de guitarra con reverberación, un bajo toniquero que marca una progresión armónica cíclica de cuatro acordes y una melodía vocal intimista, con un Greg que vuelve a estar totalmente pegado al micrófono dispuesto a tocarnos la fibra sensible. En lo lírico, su primera estrofa también sintetiza todo ese universo al que Cigarettes After Sex nos trasladaron en su primer disco, un recorrido sobre un amplio abanico de emociones experimentadas en las relaciones sentimentales, así como en su forma de afrontarlas y el anhelo y deseo resultantes: 

“When I was young, I thought the world of you
You were all that I wanted then
It faded and I never saw you again
But I won’t forget the love we had”

No obstante, encontramos algún que otro cambio en la forma de construir las texturas que no percibimos en su álbum homónimo, como una inclinación a la repetición de melodías en la voz durante las estrofas que son emitidas de forma previa en la guitarra, como sucede en la propia “Don’t Let Me Go” y que actúa de leitmotiv a lo largo de la misma, generando un contrapunto en el estribillo en el que ambas voces se funden. Y no es casual, ya que es una fórmula que Cigarettes After Sex tienden a explotar en una gran parte de este breve álbum de nueve canciones, como se aprecia en cortes como “Heavenly”, “Hentai” o en “Touch” (gran parecido la melodía inicial de esta última, por cierto, al estribillo de “You Talk Way Too Much” de The Strokes).

Sin nada de factor sorpresa

Con su primer largo ya aportaron una dosis lo suficientemente satisfactoria como para exigirles abrirse a nuevos horizontes líricos y estilísticos, y buscar nuevas formas de transmitir su mundo interior.

Si este tipo de cambios, que en conjunto se terminan traduciendo en mínimas modificaciones estructurales, son de las pocas cosas nuevas que podemos extraer de este álbum, ya de por sí se denota una falta de creatividad importante. No obstante, este no es uno de los factores más trascendentales que hacen a este álbum peor que el anterior, ya que el problema radica, fundamentalmente, en que estas melodías no resultan tan sugerentes ni efusivas como las que nos dejaron en temas como “K.”, “Each Time You Falling In Love” o “Apocalypse”, por nombrar algunas.

Esto hace que al disco le termine faltando gancho, resulte por momentos bastante cansino y, lo más importante, hace que se pierda ese importante factor hipnótico que en su primer álbum funcionaba, a pesar de sus altibajos, de forma magnética y atrayente a lo largo de todo el LP. De todo esto, no obstante, saco una conclusión que incrementa el mérito alcanzado por Cigarettes: La gran dificultad que supone el hecho de crear un álbum tan uniforme musicalmente sin apenas caer en pasajes prolongados que pequen de redundantes y machacones, que puedan propiciar fácilmente una tentación progresiva en el oyente a pulsar el botón de “stop” antes de que el disco finalice. Un reto al que Greg ha vuelto a hacer frente, pero que esta vez se ha quedado algo lejos de superar.

Otras canciones como “Cry” o “Kiss It Off Me” aparecen menos cargadas de instrumentación en las estrofas, añadiendo esos ya famosos arpegios de guitarra en el estribillo a fin de resultar expresivos, y que desembocan en ese siempre enigmático y etéreo puente instrumental. No obstante, se terminan echando de menos melodías más ambiciosas que contrasten con lo que estamos escuchando, como sí sucede en “Heavenly”, la canción más acertada del álbum. Esto es algo que, a nivel general, hace perder el énfasis en lo que se quiere transmitir, sumiendo al espectador en una lánguida escucha desprovista del factor sorpresa, que tampoco a nivel lírico consigue hacerle captar demasiado la atención.

Unas letras sosas y superficiales

El apartado lírico es otro de los grandes descuidos de este álbum; unas letras que están despojadas de esa fogosidad característica de su predecesor.

Y es que el apartado lírico es otro de los grandes descuidos de este álbum; unas letras que están despojadas de esa fogosidad característica de su predecesor, en el cual, sin hacer un uso extremo de metáforas y simbolismos, desprendían una sensibilidad que nos transportaban a los lugares más íntimos de nuestras vivencias sentimentales. Cigarettes pierden ese pulso hipnótico mediante la incapacidad de recrear esa atmósfera, por medio de frases superficiales de pop convencional en las que Greg recae una y otra vez, acabando por resultar excesivamente empalagoso. Líneas que encontramos en canciones como “Touch” (“Feeling so lonely, ’cause it’s not enough / Missin’ you only, ever since we fell in love”), o la redundancia de “Kiss It Off Me” en su estribillo, que son un claro ejemplo de algunos de los pasajes del álbum que parecen haber sido creados como banda sonora del epílogo de una telenovela romántica.

“Beautiful hearts are in your eyes
I’ve been waiting for you to fall for me
And let me in your life
I’ve been waiting for you”

Así reza el estribillo de Hentai”, en la misma línea que los anteriores, pero que convive con versos pornográficos y de erotismo explícito que dejan poco espacio a la imaginación a la vez que resultan bastante crípticos y un poco ridículos:

“There was a hentai video that I saw
I told you about the night that we first made love
About a girl who as soon as she made you cum
Would show you the future and tell you your fortune”

Todo parece indicar que Cigarettes After Sex están muy lejos de expandir su paleta sonora, algo que, como he dicho antes, tampoco es necesariamente negativo en una banda que está dando sus primeros pasos. El problema está en que también se encuentran muy lejos de dar con su Bloom particular.

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