La vía rápida de Psychedelic Porn Crumpets

Australia: ya nos ha quedado claro que sois el país más psych-rockero del mundo, así que dejad algo para el resto o nacionalizadnos a todos

Hay maneras muy distintas de ganarse el respeto y la admiración del público y la crítica. Quizá, la más rápida sea la que buscaron los australianos más colgados del oeste de Australia desde los Drones. Psychedelic Porn Crumpets irrumpieron en su primera vez en España con una tonelada de fuzz, ácido y setas alucinógenas para regalar a los presentes. Y los presentes les compramos toda la mercancía.

Antes de eso, los poco anunciados teloneros respondían al nombre de Coach Moss, y a pocas cosas más. Punk sucio, con olor a Stooges sin duchar y del que os va a costar encontrar en Internet algo más que su página de Facebook y un par de canciones sueltas. Una lástima porque al día siguiente de su concierto me costaba acordarme de qué había presenciado exactamente. La velocidad a la que se sucedieron los temas y el sonido caótico del trío madrileño fueron los culpables, si bien también convirtieron su concierto en un aperitivo inmejorable de lo que venía a continuación. En conclusión: un sabor de boca dulce y extraño, como meter una trompeta en un concierto de punk, que nos deja con ganas de más candela por parte de Coach Moss.

Tengo que reconocer que, al contrario que los artículos clickbait de Vice, lo que sucedió a continuación sí me sorprendió. En primer lugar, no esperaba un sold-out un miércoles de noviembre en Madrid para ver a una banda de la otra punta del mundo a la que se ha comparado hasta la saciedad con compatriotas como Tame Impala, Pond o ya sabéis quién. En segundo lugar, y pese a haber devorado cada nuevo paso de su discografía como quien no ha comido en diez días, tampoco estaba preparado para un torbellino así. Una intensidad, la de Psychedelic Porn Crumpets, más que respondida por el público, que devolvía cada golpe con el doble de fuerza en forma de pogo infernal.

Si de lo que se come se cría, que alguien nos pase la dieta de los Psychedelic Porn Crumpets. Presuponemos que debe consistir en pastillas de psilocibina destilada, whisky casero y carne cruda de canguro; sólo así se explica su fantasía multicolor.

Pertenecieran a sus dos primeros trabajos gemelos, titulados High Visceral (1 y 2) en un alarde de precisión, o a su más reciente And Now for the Whatchamacallit, temas de nombres impepinables como “Found God in a Tomato”, “Hymn for a Droid” o “Marmalade March” le sirvieron al público como excusa perfecta para desfogarse a gusto. Un nivel poguístico que un servidor sólo ha visto en conciertos de hardcore y con el bonus de mérito de que los cuatro de Perth que había sobre el escenario ni siquiera parecían buscar explotar esa locura colectiva con demasiado ahínco.

A nivel sonoro, qué decir del quinteto que no contase con más acierto Fernando en su estupenda reseña. Garage psicodélico del más puro, con el toque indie-rock justo para fabricar canciones deliciosas por sí solas sin hacerse bola (“Cornflake”, himno y penúltima en ser tocada, o “Keen for Kick Ons?”), pero con un extra de potencia lisérgica que les acerca muy a menudo a terrenos de acid rock o heavy-psych (así sonaron de duras “Cubensis Lenses” o “Ergophobia”).

Si de lo que se come se cría, que alguien me pase la dieta de los Psychedelic Porn Crumpets. Presupongo que debe consistir en pastillas de psilocibina destilada, whisky casero y carne cruda de canguro; sólo así se explica que la fantasía multicolor de estos cinco sea capaz de desatar el infierno en las antípodas de su lugar de origen.

Fotografía: Luis Córdova

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