Michael Kiwanuka

Michael Kiwanuka –
KIWANUKA

El dolor y la tristeza invaden el tercer álbum del cantautor londinense Michael Kiwanuka, pero emerge como un artista más fuerte gracias a la eficaz producción de sus colaboradores Danger Mouse e Inflo. Un disco que hereda de forma directa lo mejor de la Motown y Stax, pero que, quizás para evitar que las cosas se vuelvan demasiado retro, tiene ese toque de modernización que aportan sus productores. Kiwanuka da un golpe sobre la mesa con un disco reivindicativo que le engrandece y le augura un gran porvenir.

Ostentando el título de gran embajador actual de la música negra de raíces añejas, Michael Kiwanuka ha tenido que afrontar la presión del éxito y demostrar que esa etiqueta no le venía grande con un tercer álbum de estudio que se ha hecho de rogar. Sus dos primeros trabajos aunaban las sonoridades del soul y el folk más clásico con retazos de jazz, y esa combinación dio como resultado un cocktail hiperefectivo que conquistó a público y crítica.

Pese a su fulgurante éxito, Kiwanuka también ha tenido que lidiar con malas experiencias  que le han acompañado desde su niñez hasta la edad adulta debido a su apellido. Lamentablemente, éstas no han cesado en su carrera artística y ha tenido varias disputas con discográficas por ese mismo motivo. Dicha preocupación llegó a materializarse en forma de canción con aquella “Black Man in a White World”.  

En un ejercicio de reivindicación de sus orígenes ugandeses y a pesar de los prejuicios raciales imperantes en la industria musical, el artista no ha podido por menos que titular su tercera referencia con su apellido y en mayúsculas; una especie de grito al “poder negro” en pleno siglo XXI.

Una capa de frescura sobre un sonido retro

KIWANUKA nos ofrece un conjunto de canciones que miran de reojo a Marvin Gaye, Bill Withers u Otis Redding, pasando todo por el filtro de una psicodelia rockera con guiños a Jimi Hendrix.

De esta forma, con su tercer material el británico ha reafirmado una propuesta musical sólida y diferenciada que huye definitivamente de escenas y tendencias multitudinarias. En este KIWANUKA se abre a nuevos caminos estilísticos y se percibe una notable adhesión de arreglos instrumentales de aires vintage, pero sin perder el gusto por lo contemporáneo. Los responsables de esto son Danger Mouse e Inflo, quienes se han implicado nuevamente en la producción para esculpir un sonido repleto de matices y en el cual el ejercicio vocal del artista es, sin duda, el eje vertebrador del disco.

KIWANUKA hará las delicias de los amantes de la Motown y Stax, un álbum que sustenta su sonido sobre estos dos pilares a través de un conjunto de canciones que miran de reojo  a Marvin Gaye, Bill Withers u Otis Reading, pasando todo por el filtro de una psicodelia rockera con guiños a Jimi Hendrix. Sin embargo, el álbum se vuelve más interesante al estar concebido para su consumo a la antigua usanza (de principio a fin y sin brincos de pistas). Debido a esta genuina fórmula, todo fluye de manera natural y los cortes se encuentran perfectamente conectados por los interludios como si de un disco conceptual se tratase.

Fotografía: Olivia Rose

Soulman de la vieja escuela

En un ejercicio de reivindicación de sus orígenes ugandeses y a pesar de los prejuicios raciales imperantes en la industria musical, el artista no ha podido por menos que titular su tercera referencia con su apellido y en mayúsculas.

Por lo comentado anteriormente, lo primero que se me viene a la cabeza al escuchar la percusión tribal combinada con los sublimes arreglos guitarrísticos del frenesí inicial que supone “You Ain’t the Problem” es que estoy ante un álbum propio de un auténtico soulman de la vieja escuela. En “Rolling”, el R&B de la British Invasion se encuentra con la lisergia sesentera y, por si quedaba alguna duda de que Kiwanuka es todo un icono moderno del soul, el asunto se confirma con la espiritual “I’ve Been Dazed”. Aquí su voz se alza sobre lo que parece un coro de góspel que canta sobre una base rítmica triphopera con ecos a Radiohead.

Pero lo más destacable de este KIWANUKA, sin duda, está en la pluralidad instrumental que contribuye a crear mágicas capas sonoras que te envuelven (“Piano Joint (This Kind of Love)” encadenada con la silenciosa “Another Human Being”). Precisamente, en “Another Human Being” Kiwanuka hace su particular alegato antirracista incluyendo un sample de un discurso de activistas que luchaban por los derechos civiles en Estados Unidos organizando sentadas pacíficas en cafeterías segregadas durante la década de 1950.

Un clásico traído al presente

KIWANUKA se abre a nuevos caminos estilísticos y se percibe una notable adhesión de arreglos instrumentales de aires vintage, pero sin perder el gusto por lo contemporáneo gracias a la producción de Danger Mouse e Inflo.

Con “Living In Denial” y sus “la la las” uno llega a creerse que está en una sesión de grabación de Stax, siendo precisamente ese matiz el que hace crecer una canción ya de por sí estupenda. Michael Kiwanuka entiende el soul con respeto a la tradición, pero también tiene capacidad de renovarlo en canciones como “Hero”, la cual se postula como firme candidata a himno gracias a un riff de guitarra infalible que deviene en un espectacular solo distorsionado à la Hendrix.  

Si bien el disco pone mucho detalle en la instrumentación, también se aprecia un esfuerzo reseñable en el apartado vocal, desde la voz de Kiwanuka hasta los coros femeninos, en su mayoría celestiales pero también misteriosos (“Hard to Say Goodbye”). La recta final de KIWANUKA se mueve de forma magistral entre suaves percusiones jungle (“Final Days”) y voces apenadas (“Solid Ground”) para rizar el rizo con los arreglos vocales e instrumentales de una “Light” que, lejos de apagar la luz de este trabajo, más bien sirve para iluminar sus numerosas virtudes.

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