FKA twigs

FKA twigs –
MAGDALENE

El mejor disco de Tahliah Barnett llega después del fin de una relación sentimental y la superación de seis fibromas uterinos para reconectar la mente de su autora con su propio cuerpo, suponiendo la culminación de un proceso de sanación personal que incluye disciplinas como el pole-dance o el wushu y que pone fin a un período de exposición, dolor y depresión. Para darle forma, esta vez FKA twigs se pone en la piel de María Magdalena y acomete su propio empoderamiento, femenino y personal.

Una escucha basta para entender muchas cosas. Pero estamos acostumbrados a darle varias oportunidades a todo y es justo y necesario hacerlo, igual que le damos vueltas a la cabeza. Pocas veces la primera impresión nos impacta, nos sobrecoge, pues vivimos ya de por sí impresionados, en un estado a veces de nulidad emocional, de neutralidad ante cualquier tipo de estímulo. Pero hay primeras veces que nos recuerdan que, una primera vez, aunque pocas veces, basta. Y ahí estaba yo, contemplando boquiabierto y descorazonado una de aquellas estrellas fugaces en forma de primera vez la noche del jueves 30 de mayo en el escenario Ray-Ban del Primavera Sound. Fue entonces cuando escuché por vez primera algo parecido a lo que ha terminado siendo MAGDALENE, y ya entonces entendí muchas cosas, sin saber muy bien por qué ni cómo.

La primera vez que escuché MAGDALENE fue el 30 de octubre, por la noche, en mi casa de Madrid. Temblaron los cristales. La noche se colapsó y el silencio dejó el proscenio abierto a la voz solitaria de Tahliah Barnett, mientras sutiles tormentas de energía hacían eco en el espacio, con igual delicadeza y sumisión que violencia. El crescendo de pesadillas vibratorias diseñado por Nicolas Jaar en “thousand eyes” abraza sin restar protagonismo ni un solo segundo a la voz de soprano de twigs, que llega a punto de ebullición y vuelve a contraerse derrotada acompañada por el piano, en un movimiento que ya se dejaba ver en la propia configuración de su concierto y que se repite monótonamente a lo largo de todo el trabajo: rise-fall-rebirth. Ascenso, Caída y Renacimiento. De una manera u otra la fama y su consecuente sobreexposición, la enfermedad y la depresión y el final empoderamiento a través del cuerpo y la mente. 

María Magdalena como imagen de todas las dualidades

MAGDALENE es un disco complejo que trata de una forma descarnada, explícita e hiperestésica varios temas personales para Tahliah Debrett Barnett.

Por todo ello y mucho más, MAGDALENE es un disco complejo que trata de una forma descarnada, explícita e hiperestésica varios temas personales para Tahliah Debrett Barnett. Que escarba entre la depresión, entre la debilidad física causada por la enfermedad y los estragos anímicos que produce, entre la falta de comunicación en la pareja, entre las sensaciones de aislamiento y solitud, entre los efectos de la exposición personal y sentimental, entre el desamor, entre cómo el patriarcado vigila y juzga más a las mujeres y entre la necesidad de un empoderamiento desde el propio control de lo físico y lo psíquico y basado en el equilibrio. Y que consigue ligarlo todo de forma inusual y espléndida, en torno a un concepto cerrado y poderosísimo que une lo sagrado y lo profano en el vientre de una mujer y que toma forma corpórea en la figura de María Magdalena.

La verdadera mano derecha de Jesucristo, la tapada, la oculta, pero también el ojo del huracán de todas las miradas malintencionadas. Esa cuya imagen y memoria se pervirtió con la apariencia de una vulgar prostituta y que ha significado santidad y pecado a lo largo de tantos años de consolidación de una visión del mundo masculinizada en mucho por la iglesia y sus estructuras patriarcales. De algún modo la mujer objeto, pero también la espada de Damocles de toda una cultura por el espanto que a esta le suscita la idea de que pueda ser también la madre de la descendencia de Jesús. Por eso siempre la apartaron, siempre la ningunearon, pese a que ella fuera la compañera más cercana del Mesías y, probablemente y aunque la Biblia no lo testifique, su principal confidente. Una mujer poderosa. 

Fotografía: Promo

“… Despertará cientos de ojos”

MAGDALENE escarba entre la necesidad de un empoderamiento desde el propio control de lo físico y lo psíquico y basado en el equilibrio.

Poderosa, pero expuesta. Así se muestra en el impresionante vídeo de “cellophane”, primer single del disco y a su vez clausura magistral. Expuesta a las miradas lascivas de una masa informe de desconocidos dispuestos a cuestionar y juzgar el amor que puedan sentir dos personas, ya sean estas el actor Robert Pattinson y la propia Tahliah, sobre cuya ruptura va en mucho este disco, o Jesucristo y María Magdalena. “They wanna see us, wanna se us alone / They wanna see us, wanna see us apart”. Twigs lo enfrenta desde la barra de pole-dance, que además de ser fundamental para recuperarse de los estragos de sus seis fibromas en el útero por ayudarle a reconectar su mente con su cuerpo, le permite reforzar la idea de exposición en soledad, el aislamiento que siente una persona que sólo baila por el mero placer de los demás.

Y es ahí, en esa dificilísima ecuación sobre el equilibrio, donde radican todas las genialidades de MAGDALENE. En la tensión de sus propios músculos para sustentar la armonía de su voz celestial, en el equilibrio conseguido entre la abstracción y virulencia sonoras y la candidez y la intimidad, entre lo explícito de lo lírico y lo conceptual de la inspiración, entre lo sagrado y lo profano, entre lo humano y lo divino, entre lo experimental y lo cognoscible, entre la pintura de la idea y su sonoridad real, entre lo operístico y lo electrónico, entre el sonido del futuro y la vanguardia del presente, entre la experiencia personal y la abstracción universal.

Perder el contacto con tu cuerpo, cárcel y liberación

FKA twigs consigue ligar todo de forma inusual y espléndida, en torno a un concepto cerrado y poderosísimo que une lo sagrado y lo profano en el vientre de una mujer y que toma forma corpórea en la figura de María Magdalena.

Los seis fibromas que se generaron en su útero, del tamaño de frutas y que la hicieron parecer embarazada de cuatro meses, fueron la razón imprevista de la necesidad de encontrar el equilibrio, pero también la causa de una devastadora depresión, y seguramente tuvieron mucho que ver en la ruptura con su ex-pareja. “Apples, cherries, pain / Breathe in, breathe out, pain”, canta en la especie de suite que es “home with you” y donde quizá aborda precisamente eso a través de una dualidad expresada mediante las estrofas y su procesamiento vocal en contraposición con los estribillos y el final ejecutados de una forma más orgánica, incendiándose en un éxtasis de cuerdas.

“Silent are my heart strings / Icy is my body heat, yeah”, canta del engole al suspiro, reverenciando a Kate Bush, al principio de “daybed”, esa fantasía de pop etéreo y nórdico que tanto recuerda a Enya como se va a la Björk más naturalista diseñada junto a Oneohtrix Point Never, impulsada de nuevo por unas cuerdas que tanto pueden ser liberadoras como pueden convertirse en presión, de nuevo representando otra dualidad. Es en “daybed” donde vemos a una twigs más sumida en la depresión que le causó no poder controlar su cuerpo, sucumbir al dolor, y tratando de sentir algo mediante la masturbación depresiva, imaginando un cunnilingus que en realidad sólo son sus “dedos activos”.

El imaginario bizarro de Nicolas Jaar regresa en su máxima expresión en la turbia “fallen alien”, la canción en la que twigs hace definitivamente clic en su relación de pareja y se decide a abandonar forzando más que nunca su voz desde el punk a Florence y Beyoncé, entre coros alienígenas infantilizados, ascensos y caídas, suspensiones y turbulencias.

“In the blazing sun I saw you
In the shadows hiding from yourself
When the lights are on I know you
See you’re grey from all the lies you tell
Now you hold me close so tender
When you fall asleep I’ll kick you down”

La continuación la pone “mirrored heart”, otra referencia a la dualidad que se supone que debe representar una pareja equilibrada, en la que twigs acepta definitivamente y con serenidad la ruptura mientras Koreless y Nicolas Jaar diseñan para ella una perversión electrónica que deja espacio para las guitarras vidriosas de Cy An, à la The xx, y los pianos de Ethan P. Flynn mientras, como siempre, no perturba un ápice su voz, que se abre hueco entre todos los momentos de opresión y siempre consigue salir a una luz brumosa pero intensa y cegadora.

Avanzada experimentación y el mejor avant pop/R&B

En esa dificilísima ecuación sobre el equilibrio radican todas las genialidades de MAGDALENE. Entre el sonido del futuro y la vanguardia del presente, entre la experiencia personal y la abstracción universal.

La misma renuncia serena se advierte en “sad day”, uno de los hits mejor deconstruidos del trabajo, seguramente gracias a un inacabable trabajo de producción entre la propia twigs, Skrillex, Nicolar Jaar, benny blanco, Cashmere Cat, Koreless, Noah Goldstein y Hudson Mohawke. Es quizá ese cóctel imposible el que le da a este homenaje tormentoso, pero igualmente brillante, a la mejor Kate Bush y a la mejor Björk ese corazón tan pop y esa coraza de experimentación tan aparentemente inexpugnable. La apertura del estribillo y el colapso de las estrofas, la insistencia de ese “Would you make a, make a, make a wish on my love”, del loop histérico de sintetizador que acompaña cada oleada de la canción, los drops a contratempo, pasados e implosivos. 

Y el ánimo pop no se va a abandonar en “holy terrain”, en manos nuevamente de Skrillex y Koreless pero con producción adicional del cannábico Sounwave, que seguramente contribuye mucho a esos 808 tan secantes junto a Kenny Beats, del genio del pop Jack Antonoff y del maestro del avant-pop Arca, cuya participación iba a ser inicialmente mucho mayor en MAGDALENE y se queda finalmente en el procesamiento vocal de un Future más derrotado que nunca para este tema y, sobre todo, en inspiración y guía.

El empoderamiento definitivo lo encontramos en la piedra angular del trabajo, una “mary magdalene” que no sólo encierra el concepto en sí mismo, sino que de alguna manera y gracias a su producción y a su performance vocal encapsula todas sus virtudes. Los pianos, las guitarras. La ambientación cósmica pero también espiritual, incluso exótica. La contraposición de cálidos y gélidos espaciales. El procesamiento vocal extremo y el organicismo lírico, el difícil tránsito que haría Kate Bush entre dos lugares tan inhóspitos y diferenciados como los territorios de Björk y Beyoncé.  La tormenta electrónica y el ánimo bailable tanto como la extremada sensibilidad y la descarnación hiperestésica. Lo experimental con los matices de accesibilidad que pueden aportar con inteligencia Cashmere Cat o benny blanco. Pero también el reconocimiento de la propia fuerza. Como individuo y como mujer.

“A woman’s work
A woman’s prerogative
A woman’s time to embrace
She must put herself first
A woman’s touch
A sacred geometry
I know where you start, where you end
How to please, how to curse”

Es la hora de que las mujeres se conviertan, de que se pongan en primer lugar. Un lugar del que la historia se ha preocupado siempre por apartarlas.

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