El post-rock es el nuevo punk

Porque no hay nada más punk que enlazar composiciones de veinte minutos para recordarte que el dinero que gastas en discos de cualquier major puede acabar en financiando armamento

De una manera sorprendentemente silenciosa, Godspeed You! Black Emperor llegaron a Madrid el pasado martes. GY!BE son un icono dentro del post-rock y, de hecho, es difícil encontrar una banda que no suene inspirada por ellos (en un género donde el copy-paste abunda demasiado). En 2017 lanzaron su último disco, Luciferian Towers, en el cual abandonaron la tendencia drone de sus dos anteriores trabajos (afortunadamente) para confeccionar temas más directos. Todo lo directo que puedes llegar a ser cuando saltaste a lo alto de la escena al lanzar un disco de ochenta minutos de duración con cuatro canciones, claro (Lift Your Skinny Fists Like Antennas to Heaven, 2000).

Para abrir boca, Light Conductor ejercieron como maestros de ceremonias para un público aún creciente. El trío está formado por Stephen Ramsay, de Young Galaxy, Jace Lasek, de The Besnard Lake, y una tercera componente de la que no se cuenta con más datos. Su espectáculo fue, por mantenerlo breve y escueto, una demostración minimalista de las posibilidades sonoras del drone. Más allá del impacto crudo de gente como Sunn O))), existen vías alternativas, más lisérgicas e intrincadas. Éstas las explotaron Light Conductor en lo que pareció ser su única canción para acercarse a unos White Hills sin percusión o unos Spiritualized pasados de rosca. Una introducción inmejorable para la demolición de todos los estamentos clásicos del rock que estaba por venir a continuación.

Los conciertos de GY!BE son especiales. No sólo por el hecho de que con seis canciones (de las cuales como mucho igual conoces tres) te hayan hecho un concierto de dos horas con un sonido y una producción sobresalientes, sino porque además sin mediar palabra han conseguido un mensaje mucho más profundo que cualquier otro grupo.

Una vez en la But, Efrim y los suyos salieron despacio, de uno en uno, entre aplausos, al escenario, como ya hicieran el pasado lunes en el Capitol de Santiago de Compostela. El concierto empezó de forma minimalista con “Hope Drone”, un tema ya clásico en el repertorio de los canadienses y que nunca se ha publicado. El drone y el minimalismo (tanto musical como estético; la proyección nos mostró únicamente el mensaje HOPE en tonos sepia sobre negro) ya han sido explorados en sus anteriores trabajos e incluso en el último disco en solitario de Menuck (Pissing Stars, 2018). Un gran comienzo, hilado muy bien y sin pausas con los primeros compases de violín de “Bosses Hang”, la segunda pieza de su último trabajo, con su potente riff en ¾. En la pantalla vimos desde manifestantes hasta edificios en ruinas, difuminados en tonos sepia, que nos acompañaron durante todo el recorrido. La presencia en escena de los canadienses fue nula en favor de estas mismas presentaciones y, aun así, consiguieron llenar la But de energía y rabia.

Fotografía: Luis Córdova

Tirando abajo muros de sonido

Llega el turno de “Glacier”, uno de los nuevos temas de Godspeed You! Black Emperor aún no publicados. Arranca sobria después de la bola de demolición que es el final de “Bosses Hang” y que, con el tiempo, como si volviéramos a los años de levantar los puños al cielo, crece y crece hasta formar un estallido controlado. Pese a no ser la bomba que fue “Storm”, resulta un muy buen corte y muy efectista, ya que se sabe situar perfectamente entre dos canciones conocidas del grupo.

“Anthem for No State” toma el control del concierto. No sólo es el tema más memorable de su último trabajo, sino que probablemente sea su mejor pieza desde “Mladic”. El himno anti-estado empieza con unos compases de violín y guitarra, seguramente de lo más melódico que han escrito nunca en toda su carrera, para acabar con uno de los mejores momentos del concierto a través de un muro de sonido acompañado del violín de Trudeau (la mejor Trudeau de Canadá).

El siguiente tema inédito es “Cliff”. Como canción, “Cliff” es, en definitiva, anticlimática, lo cual resulta bastante claro cuando partes del final de “Anthem for No State”. No obstante, crece y crece lentamente hasta que de alguna manera se convierte en la composición más alegre de la banda. O en la única composición alegre de la banda, ya que estamos. Sigur Rós, vamos a por vosotros.

Fotografía: Luis Córdova

Contra todo, contra todos

El concierto termina con “BBF3”, el segundo corte de Slow Riot for the new Zero Kanada (1999). Una versión ligeramente modificada, algo más densa que la del EP. Nunca pensé que nadie se pudiera alegrar tanto de escuchar hablar a un redneck acerca de cómo fue a pagar una multa. El violín y la guitarra interrumpían la farsa del discurso final de Iron Maiden que ya todos nos sabemos. No es un revolucionario antisistema, es un fraude que se esconde en sus armas y en contradecir al cura del pueblo. Muy apropiado. Geniales los muros de sonido que consiguen hacer mediante juegos de guitarra a lo largo de todo el tema, coincidiendo con las pausas en el discurso del redneck.

Cerraron el concierto con un outro puramente drone, y puede que bastante innecesario (mucha gente optó por marcharse antes de que terminara; no los culpo). Personalmente, nunca he sido partidario de esta cara suya y considero que, teniendo la posibilidad de cerrar un concierto en alto con el muro de sonido de “BBF3”, debes aprovecharla. Eso, o tocar “Sleep”.

En conclusión: los conciertos de GY!BE son especiales. No sólo por el hecho de que con seis canciones (de las cuales como mucho igual conoces tres) te hayan hecho un concierto de dos horas con un sonido y una producción sobresalientes, sino porque además sin mediar palabra han conseguido un mensaje mucho más profundo que cualquier otro grupo. Este es el punk que no va al festival veraniego de tu pueblo de la sierra, pero es el punk que deberías estar escuchando de verdad.

Fotografía: Luis Córdova

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