Cómo dar y recibir, por León Benavente

La primera de sus dos noches consecutivas en La Riviera se resolvió con elegancia y canallería bien tirada, dirigida por un público que sabía muy bien cuando le estaban tocando en el lugar adecuado

Es curioso cómo empezó la noche, llegando con prisa inquieta a La Riviera, instigado en parte por un goteo confluyente de gente que se acercaba a la puerta marchando nerviosa, pues pasaban ya de las 20:30. Tanto estrés para descubrir a Bihotza calentando un espacio prácticamente vacío, y que se llenaría casi de repente con los protagonistas apareciendo a través del telón. Será Madrid y su pulso, que inhiben la capacidad de razonar que, aunque uno vaya de concierto, es jueves. Eso sí, gran sesión previa la que preparó la DJ vasca, a quien no le hizo falta servirse de calor humano para transformar la estancia en un lugar agradable donde parapetarse junto a una columna y dejarse envolver. 

Y, por fin, se presentaron los “Cuatro Monos” ante su público. Una canción que se enfunda como un guante de seda en ese envite inicial, supliendo con clase el ciego instantáneo que te cogías con “Tipo D”. “Tipo D” te levanta hasta una colecta de Cáritas y, como cabía esperar, funciona también en su nueva ubicación dentro del setlist. León Benavente apuestan por abrir los conciertos de esta gira con su flamante último trabajo, por lo que a “Cuatro Monos” le siguieron “Amo” y “Como la Piedra Que Flota”, un gancho en forma de tríptico que Boba sabe utilizar bien como arma de seducción. Impresionante magnetismo el que desprende esta persona, y qué imprescindible es para sus canciones que sea él quien las interprete.

Impresionante magnetismo el que desprende Abraham Boba, y qué imprescindible es para sus canciones que sea él quien las interprete.

Me pareció escuchar que la gente cantaba: “En mi pequeño palacio construido en La Riviera”, o igual sólo lo pensé mientras veía las caras que se sonreían entre sí al reconocer el primer clásico de la noche, pieza que enlazaron con “Se Mueve”, única representante de ese oasis discográfico en forma de EP que apareció el pasado año. No terminó de encajar del todo “Mano de Santo” en el directo del grupo, más circunscrita al contexto del último álbum que al conjunto de su obra, y que rebajó la energía creada al continuarla con “Estado Provisional”. Aprovechando quizá que el respetable estaba mirando fijamente, como esperando algo, Abraham se sirvió del momento para recordar el primer concierto de la formación, que fue en el Teatro Lara de la capital, donde también sonó en su día “Ánimo,Valiente”. Ahora sí, el asunto comenzaba a lubricar.

“Volando Alto” y “No Hay Miedo” son dos temas hechos por y para el directo, repitiendo sus títulos una y otra vez hasta convertirlos en parte de la sección rítmica. Admirable y didáctica cuestión el trabajo realizado en I+D para conseguir esa eficiencia en la participación coral del público. Y, siguiendo con las reivindicaciones, qué temazo es “Aún No Ha Salido el Sol” y cómo consigue remover a las masas como si estuvieran dentro de un molinillo. Siempre es uno de los mejores momentos de sus conciertos, y su modesta popularidad contribuye a mejorar la experiencia, por contundente y por estar poco manoseada.

“La Canción del Daño” es ya un pilar fundamental dentro del cancionero de León Benavente, pero, seguramente, nunca se logrará desbancar del trono a “Ser Brigada”, una entidad con alma propia y con el poder de abducir seres vivos y hacer que se destrocen las cuerdas vocales, no con ningún verso, ojo, sino con el riff de una guitarra.

Perfecto prolegómeno para que, tras hacerse el silencio durante un segundo, entre ese bombazo de sintetizador a negras. Como poco eriza la piel ver a Abraham Boba entrar en trance con “Tipo D” y arremeter contra las teclas con la planta de los botines. Aprovechar la inercia creada por una de las mejores y más vigorizantes canciones del indie español para lanzar “California” salva el obstáculo que puedan suponer “Disparando a los Caballos” y “Ayer Salí”, quizá demasiado para cuerpos poco acostumbrados a esto. Menos mal que después llegó el intermedio, aunque muchos ya volvían del baño justo al llegar la pausa.

Se sabe que una gran canción lo es cuando, aún fuera de contexto, triunfa. “La Canción del Daño” es ya un imprescindible, un pilar fundamental dentro del cancionero de León Benavente y que sirve para purificar las mentes antes de afrontar el encore. Probablemente nunca se desbanque del trono a “Ser Brigada”, una entidad con alma propia y con el poder de abducir seres vivos y hacer que se destrocen las cuerdas vocales, no con ningún verso, ojo, sino con el riff de una guitarra. Qué genialidad. Para cuando llegó “Gloria” la gente ya estaba reventada, pero adecuadamente estimulada para acometer la tarea final y reconocer aquello de: “Ahora soy feliz”.

Fotografía: Juan Pérez-Fajardo

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