La Bien Querida

La Bien Querida –
Brujería

Es cierto que Ana Fernández-Villaverde siempre ha tendido a hablar de sentimientos románticos, pero quizá nunca con tanta sinceridad y descaro como en este último disco. Cualquiera que se haya enamorado (y desenamorado) podrá verse reflejado en unas letras que, esta vez, vienen acompañadas de sonidos exuberantes con tintes de My Bloody Valentine, The Cure o Beach House, consiguiendo así un resultado final espectacular.

Lo cerca que hemos estado de no haber conocido jamás el proyecto de La Bien Querida sólo lo sabe Jota de Los Planetas, quien un buen día convenció a su amiga Ana Fernández-Villaverde para que se pasara de la pintura, su profesión entonces, a la música. En 2009 y después de una maqueta que ya había captado la atención de la prensa, Ana nos cautivaba con su álbum debut: Romancero. Desde entonces, la bilbaína ha ido creciendo sin prisa, pero sin pausa, al margen del mainstream, como un secreto (no-tan-secreto), aunque aclamada por el público y la crítica a partes iguales.

Mejor bien acompañada que sola

La secuela de Fuego (2017) no es tan sorprendente como ninguno de sus predecesores, pero sí se siente como una culminación que, además, supera con creces las expectativas.

La secuela de Fuego (2017) no es tan sorprendente como ninguno de sus predecesores (difícilmente podría serlo), pero sí se siente como una culminación. Superando con creces las expectativas, Brujería incluye varias canciones (si no todas) que hacen referencia a su ruptura con David Rodríguez, más conocido como La Estrella de David, quien por primera vez no produce el disco. Afortunadamente para todos, la ruptura parece haber sido exclusivamente sentimental y, en lo profesional, su colaboración sigue siendo fructífera; David canta en una canción y toca la guitarra en otras dos. 

Pero aquí no acaban los artistas invitados, ya que Ana se ha rodeado de toda una cohorte de músicos españoles muy bien escogidos. Tomando el relevo de la producción está Carlos René, que ha trabajado con Axolotes Mexicanos, mientras que Juan, Mario y Diego de Carolina Durante ponen batería, guitarra y voz, respectivamente, en varias canciones de Brujería. El ya habitual Jota canta en otros dos temas. Con este prometedor elenco, nos sumergimos en el disco.

Fotografía: Alfredo Arias

Puros sentimientos sin cortar

Está claro que Ana Fernández-Villaverde no necesita metáforas ni excusas para hablar de lo que siente. Su forma de lanzar declaraciones conmovedoras hace que uno casi se avergüence, como cuando alguien nos confiesa algo íntimo que no esperábamos.

Brujería es un álbum con cierta intención conceptual. En Intro: Hechizo Protector”, Ana nos presenta, a modo de obertura orquestal, las temáticas que abordará en este su nuevo trabajo. De esta forma, pide protección contra los venenos (“Me Envenenas”), las mordeduras de serpiente (“Morderte”), valor (“Miedo”), fortaleza (“La Fuerza”), etc. El tono susurrante y misterioso, unido a la portada (un homenaje confeso al álbum Midnight Creeper de Lou Donaldson), confiere una atmósfera ocultista al disco que casi provoca escalofríos. A partir de este momento, el único conjuro que nos echa Ana Fernández-Villaverde es el de no poder despegarnos de los auriculares.

Unos acertadísimos arreglos de cuerda nos reciben en La Verdad”, además de un tono preciosista que continúa también en “Te Quiero”. Lo que en otro contexto pudiera haber sido la mayor cursilería de la década se convierte en manos de La Bien Querida en una canción sincera y nostálgica. Está claro que Ana no necesita metáforas ni excusas para hablar de lo que siente. Su forma de lanzar declaraciones conmovedoras hace que uno casi se avergüence, como cuando alguien nos confiesa algo íntimo que no esperábamos, para dejar paso de inmediato a una sensación de que nunca nadie me había entendido tan bien”.

A continuación llega Déjame Entrar”, esa colaboración con David Rodríguez de la que hablábamos al principio. El tema arranca a través de un tono cabalgante con el que uno puede casi imaginarse a los dos músicos sentados en un porche al atardecer con sus guitarras, balanceándose en sendas mecedoras. Ana cambia su falsete habitual por un tono más natural, que encaja perfectamente con la voz de David. Y entonces empieza la letra. Imagínate por un momento el percal de cantar junto a tu ex-pareja:

“Y es que no sé cómo decirte lo mucho que te quiero 
Y no consigo calmar este deseo
Dime si tú te has acordado de mí
[…]
Porque no, no he dejado de recordarte
Y recordar tus besos de noche”

Aun así, lejos de resultar incómoda, la canción es uno de los momentos más destacados del disco. Habrá que pedirles consejo (o el número de su terapeuta de pareja) para aprender a llevar así de bien las rupturas amorosas.

Versatilidad y equilibrio

La Bien Querida nos guía a lo largo de Brujería por un mar de sentimientos tormentosos con gran soltura, cual experta bucanera.

El siguiente corte, que ya habíamos escuchado como single, es “¿Qué?”, en el cual colabora el chico del momento: Diego Ibáñez. Ana canta “estoy pensando en enviarte un corazón” y nos recuerda inevitablemente a “El Relámpago” de Amaia, una declaración de amor al más puro estilo millennial. Bailongo y con aires retro, este tema consigue de algún modo hilar con lo que viene antes y después sin mayores dificultades. Y es que quizá esa sea una de las mayores virtudes de Ana Fernández-Villaverde: ser capaz de moverse entre krautrock y el synth-pop (por poner dos ejemplos) sin despeinarse, dándole a todo su toque personal.

En un nuevo juego de contrastes tenemos “Me Envenenas”, la canción más oscura del disco, y seguidamente “Nubes Negras”, bordeando lo naif. Esta última, además, vuelve a recordarnos a algunas de las mejores letras del reciente álbum debut de Amaia. Ana nos guía, una vez más, a través de un mar de sentimientos tormentosos con gran soltura, cual experta bucanera:

“Lejos de los ojos de la gente
Y darte el amor que tú mereces
Y si no puede ser, y si no puede ser
Ayúdame, ayúdame a olvidarte”

El apogeo de su carrera artística

Brujería no es un disco especialmente innovador, pero sí es un trabajo maduro, bien hilado, excelentemente producido y al que obviamente se le ha puesto mucho cariño.

Morderte” explota nada más empezar, eliminando cualquier duda de dónde podían quedar esas referencias a My Bloody Valentine que mencionaba la nota de prensa. Alternando estrofas más tranquilas con un estribillo que no se puede describir como nada menos que fulminante, la canción finaliza dejándonos casi exhaustos.

Brujería termina con la segunda colaboración de Los Planetas:La Fuerza”. En este último corte, Ana se pone digna y le canta a esa persona cuya relación ha terminado (al pobre susodicho le deben pitar los oídos a estas alturas). Le deja bien claro que no va a ser capaz de olvidarla nunca y, así, cierra el álbum con una nota pícara.

Como decíamos, Brujería no es un disco especialmente innovador. No obstante, sí es un trabajo maduro, bien hilado, excelentemente producido y al que obviamente se le ha puesto mucho cariño. Nos encontramos frente a quien quizás sea la heredera más digna del legado del pop romántico hasta la médula, con toques electrónicos, de La Oreja de Van Gogh (la buena, la de Amaia Montero). Me atrevo a decir que el álbum que nos ocupa es el mejor trabajo hasta la fecha de Ana Fernández-Villaverde, lo cual nos plantea asimismo otra duda: ¿cuál es el siguiente paso para La Bien Querida? Y más importante aún: ¿logrará cautivarnos al mismo nivel que con Brujería?

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