Primavera Weekender: Una mascletá bizarra para descorchar el Primavera Sound 202020

Primera parada de la celebración del vigésimo aniversario del todopoderoso festival de Barcelona en un recinto bizarrísimo, pero con la calidez, la cercanía y el buen ambiente de las citas que se recuerdan

La aventura del Weekender parecía una fantasía utópica cuando nos enteramos de su existencia en pleno Primavera Sound. Poco tardamos en darnos cuenta de que la cosa iba en serio y que el veinte aniversario del festival de Barcelona se iba a tomar todo lo en serio que merece su espléndida trayectoria, empezando por reunir a Pavement en exclusiva para el Parc y para Porto y terminando por un cumpleaños de resaca en Los Angeles.

Y, al final, la bizarrada ha salido a pedir de boca. Porque todos los objetivos se han cumplido, que al final es lo importante, y toda la gente ha salido encantada. Es lo que tiene un sold-out modestito, con tan solo 3.200 asistentes concentrados en su mayor parte en las cabañas que el Magic Robin Hood de Benidorm tiene habilitadas dentro de un recinto loquísimo que recrea una ciudad medieval, con su castillo, sus gremios, sus cuadras y toda su imaginería de caballeros y princesas. 

Fantasía bizarra con el espíritu del Primavera Club

El escenario principal estaba en un salón del trono que, cuando se iluminaba, daba incluso la sensación de un gimnasio para bailes de fin de curso a la americana, dejando con Weyes Blood, por ejemplo, imágenes bastante psicodélicas. Pero es que la cosa mejoraba en los dos secundarios… el uno, Excalibur, el más pequeño y que fundamentalmente asistió a un concierto exquisito pero algo descontextualizado de Juan Wauters y al alumbramiento del metamórfico dúo femenino de hard riot grrrl Pinpilimpussies, servía tanto de pre-backstage de los grupos que iban a tocar en el principal como de cámara de torturas. El otro, Camelot, estaba literalmente dentro de una sala de justas con una arena de verdad y mesas y sillas corridas para disfrutar del espectáculo.

Y, en este caso, además, se llevó el premio de las grandes revelaciones y sirvió para invocar en todo momento al ausente y añorado Primavera Club, que este año se ha tomado un descanso. Por allí pasaron triunfales Squid y su post-punk-funk esquizoide que viaja en un palmo desde black midi a los Talking Heads, la caricia y la seda de MorMor, el empuje y la clase bailable del pop electrónico de Georgia (que se presentó sola a la batería y parecía poder con todo), el post-metal-jazz brumoso y chirriante de Black Country, New Road, el espíritu de Gothboiclique en la voz algo desafinada y las bases sí afiladas de Wicca Phase Springs Eternal, Kokoroko y su afro-jazz estimulante, entre urbano y trascendental, y la ya demostrada infalible fiesta dance-punk de las japonesas CHAI. No estuvieron tan convincentes Charly Bliss, que parecen unos power-Wolf Alice a la neoyorquina y cuya vocalista se queda en lagunas indeterminadas entre Debbie Harry y Taylor Swift, ni unos Sheer Mag desafinados.

Las virtudes del grande, en pequeñito

Pero aparte de Squid, verdadera revelación del festival, los mejores conciertos de este Weekender se concentraron en el escenario SEAT (el principal). En parte por el sonidazo del escenario (sobrecogedor en el caso de IDLES), que merece mención aparte. Pero también porque es un privilegio poder disfrutar de ciertos artistas en un contexto tan íntimo y tan cómodo, factor determinante para elevar un concierto de Primal Scream que, en ejecución, quizá sí fuera un poco más flojo, o para rubricar el conciertazo de Whitney, de lo mejor de la edición con sonidazo, banda completa con vientos, teclados, dos guitarras y lo mejor de sus dos trabajos combinado con certeza y la delicadeza que siempre demuestran.

También por la concreción de los shows, que seguramente benefició a unos siempre perfectos pero cada vez más descafeinados Belle and Sebastian (quizá renuncian en demasía a su glorioso pasado) y, sobre todo, a Sleaford Mods, mejores en distancias cortas. No encajaron tan bien Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, pese a estar siempre dotados de un sonido arrollador, y seguramente pueda excusarles la hora intempestiva a la que tocaban (entradas las cuatro de la mañana).

En la vertiente más tranquila del escenario brillaron con luz propia Ferran Palau y, sobre todo, unos Cigarettes After Sex que hipnotizaron literalmente a los asistentes con su bruma y su melancolía y una incuestionable Weyes Blood que fue adentrándose en la inmensidad de su nuevo trabajo, Titanic Rising, en un descenso enfatizado con los preciosistas efectos de luces que la hacían parecer sumergida, entre las oscilaciones del agua, y culminado por lo enorme de “Movies”, sin duda uno de los temas del año y ya bandera de su autora.

Los mejores: Mura Masa, IDLES… y Carolina Durante

Pero lo mejor fue la cañita. Y de doble cara, además. Porque por un lado estaban IDLES representando a toda esa oleada de grupos británicos que servían para atraer al Weekender a un público más familiarizado con Benidorm, pero por el otro estuvieron nuestros Carolina Durante, siempre entre el autismo y la ironía, saliendo al escenario lanzando flechas de juguete y con hachas en las manos. Desplegaron su repetitiva y mareante sarta de hitazos, que incluyen himnos generacionales como “Joder, No Sé” y certeros retratos costumbristas como “Cayetano”, y salieron por la puerta grande respaldados por un sonidazo cada vez más contundente y un Mario en estado de gracia. Un señor mayor con orejeras que se convirtió en uno de los indispensables invitados especiales de este Weekender llegó a comentarme que no se lo esperaba, que les había ido dejando por pereza y que habían sido su revelación personal del festival. Y supongo que de esto ha ido siempre Primavera Sound.

IDLES no sólo demuestran que una nueva masculinidad es posible, sino que también evidencian en directo que las viejas virtudes del rock nunca deberían de darse por muertas con un show que les coloca seguramente a la altura de las bandas en mejor forma del momento.

Aunque lo de IDLES estuvo en otro nivel. Los de Bristol dejaron el bolo de la jornada de largo y se convirtieron en una apisonadora atroz y destructiva que algunos oídos literalmente no pudieron soportar, presentando un comprimido de los mejores temas de sus dos trabajos y dejando momentos estelares como “Mother”, “Danny Nedelko”, “Love Song” o la hardcoreta “Never Fight a Man With a Perm” mientras algunos asistentes volaban por la sala, otros se dejaban los zapatos y otros tantos formaban pogos aislados que luego convergieron en uno solo. Estos cinco tipejos no sólo demuestran que una nueva masculinidad es posible, sino que también evidencian en directo que las viejas virtudes del rock nunca deberían de darse por muertas con un show que les coloca seguramente a la altura de las bandas en mejor forma del momento. Poco les falta para convertirse en la bandera de una nueva generación, si no lo son ya y en apenas tres años.

La contrapartida electrónica (quizá se echara algo en falta para el desarrollo de la madrugada del sábado) la puso Mura Masa, el único DJ que brilló realmente sobre los escenarios del Primavera Sound Weekender, con un show que tuvo de todo y siempre en justa medida, entre el pop bailable y la experimentación, entre sonidos más atrevidos y otros más accesibles, y siempre manteniendo un buen equilibrio entre ambas facetas, como demuestra muy bien “1 Night”. Acompañado de una vocalista en directo, echó mano de sus recientes colaboraciones con Clairo o slowthai tanto como de recursos cambiantes que iban del PC Music al dubstep y al EDM, que abordaban el house del futuro y que ofrecían una vibrante visión del presente del pop electrónico, rubricando una pinchada excelente.

Primera parada de una celebración que promete ser histórica

Así se completa, de forma sorprendente (aunque ya nada debería sorprenderos viniendo de Primavera Sound) con una nota muy alta, el experimento bizarro con el que el festival de Barcelona arranca su 202020. Con una celebración de la identidad clásica de Primavera Sound, haciendo hincapié siempre en la mezcla ecléctica y desacomplejada de estilos, pero enfocándose más en guiñarle un ojo a aquellos fieles que no quedaron demasiado contentos con The New Normal, para recordarles que Primavera sigue siendo Primavera, aunque se empeñe en hacer entender a todos que es necesario y sano aceptar la diversidad, la diferencia.

El Primavera Sound ha demostrado que se puede montar un festival pequeño en noviembre en Benidorm, mientras llueve y en un campamento medieval bizarro, si se hacen las cosas bien y si el cartel es bueno. Parece fácil, pero sólo porque Primavera Sound hace que lo parezca.

Una lección que, por otra parte, nos viene muy bien aprender a todos, empezando por nuestros gobiernos y por nuestros políticos. Celebrando lo que está por venir, y por eso podía verse distendida y disfrutando de los conciertos a toda la organización, disfrutando seguramente de uno de los últimos momentos de calma musical ante el 2020 que se avecina. Celebrando entre amigos y entre viejos conocidos, y poniendo cara a otros también. Disfrutando del ir relajado de escenario a escenario, de la comodidad de no tener que hacer colas y de no tener que hacer travesías eternas durante horas para bascular de universo en universo, de concierto en concierto. Si IDLES demuestran que una nueva masculinidad es posible, el Primavera Sound demuestra por su parte que se puede montar un festival pequeño en noviembre en Benidorm, mientras llueve y en un campamento medieval bizarro, si se hacen las cosas bien y si el cartel es bueno. Parece fácil, pero sólo porque Primavera Sound hace que lo parezca. Acabamos de coger aire… yo ya estoy deseando empezar a soplar las velas.

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