Metronomy

Metronomy –
Metronomy Forever

Metronomy vuelven a la carga con su sexto álbum de estudio, el cual es, sin duda, el más ecléctico y menos cohesionado musicalmente de su discografía. Es el disco donde encontramos más altibajos, ayudado por un extenso tracklist de diecisiete canciones que combina pasajes instrumentales bastante anodinos, canciones que se quedan en tierra de nadie y momentos algo más inspirados. Sin embargo, estos últimos pueden contarse con los dedos de las manos y en ningún momento se acercan a los mejores trabajos de la banda.

Cuando escuchas un disco como Metronomy Forever te das cuenta de la importancia del contexto a la hora de juzgar un álbum. Se trata de ese tipo de trabajos que están hechos cuando no se tiene nada que perder, cuando se ha llegado a un punto en el que el afán por innovar y la tentación tanto por la búsqueda de nuevas influencias como por salirse de la zona de confort actúan en detrimento de intentar estirar hasta límites insospechados esa fórmula que tanto éxito ha dado en el pasado, con el riesgo de acabar cayendo en los mismos clichés y no aportar nada nuevo.

Quien mucho abarca, poco aprieta

Metronomy Forever suena a una especie de compendio de antiguos trabajos de la banda a los que Joseph Mount trata de aplicar nuevas directrices, algo que, por desgracia, nunca llega a funcionar.

La discografía de Metronomy es bastante particular. Se trata de un grupo que comenzó como una especie de proyecto en solitario de Joseph Mount (algo así como Kevin Parker y Tame Impala), cuya mayor influencia en su sonido se demuestra en su disco Nights Out (2008), con un acentuado interés por la experimentación con la electrónica más sintética. Con la salida del multinstrumentista Gabriel Stebbing y la suma de los integrantes que hoy en día forman parte del grupo, Metronomy se convirtió, de la noche a la mañana, en una banda con un sonido dance-pop muy peculiar que alcanzó su punto álgido con The English Riviera (2011), su álbum más comercial que les lanzó a la fama con temas como “The Bay” y sobre todo “The Look”, que hoy en día siguen siendo los más representativos del grupo. Melodías y voces enérgicas y pegadizas que se entremezclaban con líneas juguetonas de sintetizador, evocando una soleada tarde de verano en una isla paradisíaca, dieron como resultado uno de los álbumes más disfrutables de 2011 en la escena internacional. Al contrario que muchas bandas, Metronomy partió de un inicio experimental para llevar ese sonido a los estándares del pop-rock de una forma natural, elegante y sin caer en vulgaridades, situándose junto a grupos como Hot Chip en la cúspide de la indietrónica inglesa.

Con Love Letters (2014), la banda dio otro viraje mediante una mayor influencia del soft-rock de los setenta y ramalazos de soul británico, pero logrando un álbum más homogéneo melódica y armónicamente. Eso sí, quitando la canción homónima con ese videoclip grabado por Michael Gondry y algún otro destello esporádico, no gozaba de la frescura ni la creatividad de su predecesor.

En 2016 llegó Summer 08, donde se hizo notar la gran influencia del funk y los bajos prominentes se mezclaban a la perfección con la idiosincrasia indie-dance de la banda, con marcadas influencias de artistas como Prince o LCD Soundsystem (hasta utilizaron cencerros en algunas de sus canciones), dando así lugar al que quizás sea su trabajo más sólido.

Fotografía: Gregoire Alexandre

Ecléctico y, a la vez, vacío

En Metronomy Forever se hace mayor hincapié en la cohesión narrativa, estableciendo lazos de unión entre todo el cancionero a la vez que explora, de forma mayormente fallida, nuevos horizontes a los que transportar el sonido característico de la banda.

De alguna manera, podemos encontrar en este álbum reminiscencias de todos esos sonidos que Metronomy han ido forjando a lo largo de los años, conformando su trabajo más ecléctico hasta el momento, donde encontramos pinceladas grunge en temas como “Insecurity”, el folk en “Upset My Girlfriend” (en la que Mount se disfraza de Jeff Tweedy), el coqueteo con el trap en “Ur Mixtape” o la experimental “Miracle Rooftop”, cuyo motivo rítmico de batería recuerda mucho al inicio de “Trans Europe Express” de Kraftwerk.

También se aprecia en estas canciones un esfuerzo de la banda por ampliar su paleta sonora y sus influencias, pero su desmedida ambición por abarcar tantos estilos termina dando como resultado un trabajo que queda desbordado por esta gran amalgama de ideas, las cuales no logran materializarse de forma tan eficaz como en sus trabajos previos y que se traduce en un producto bastante hueco y vacío. Otros ejemplos los encontramos en canciones como “Whitsand Bay” o “Lately” (primer single y hit indiscutible del largo), que no aportan nada nuevo ni fluyen de forma tan natural como nos tienen acostumbrados, a pesar de tener buenas intenciones.

En las pistas instrumentales encontramos los pasajes más insulsos y anodinos. Repartidas a lo largo de las diecisiete que tiene el álbum, éstas funcionan a modo de interludio y la mayoría son de corte ambient, como “Wedding” o “Driving”, que no aportan absolutamente nada al conjunto y dan la sensación de estar metidas a calzador, provocando que los saltos entre canciones se sucedan de forma violenta.

Un pastiche sin alma ni fundamento

Parece como si Joseph Mount hubiese querido crear un álbum conceptual y líricamente cohesionado por medio canciones totalmente dispares entre sí, pero guardando relación narrativa unas con otras.

De hecho, parece como si Joseph Mount hubiese querido crear un álbum conceptual y líricamente cohesionado por medio canciones totalmente dispares entre sí, pero guardando relación narrativa unas con otras, algo que podemos comprobar con los títulos de algunas de ellas (“Insecure”-“Insecurity”, “Wedding”-“Wedding Bells”). En el plano lírico, Mount ahonda en el tema del amor desde el lado más nostálgico como ya hiciera en Love Letters, pero esta vez gira sobre la visión de un amor adolescente en los tiempos en que se regalaban mixtapes y desde el punto de vista de la madurez, lo que se refleja en temas como “Ur Mixtape”:

“Ten years later
I was near Old Street
And a stranger ran right up to me
He said
You loved my sister
And I loved your mixtape”

En cualquier caso, este intento de Mount por crear esa especie de álbum conceptual le termina saliendo rana, obteniendo como resultado el LP menos coherente en la discografía de Metronomy y dando la sensación de que todas esas ambiciosas ideas que pretende transmitir finalmente se quedan en tierra de nadie.

Un claro paso atrás en su carrera

Una colección de canciones en su mayoría bastante vacías, a las que les falta expresión, fuerza, frescura y, lo más importante, identidad propia.

Y es ahora cuando tengo que volver a la importancia del contexto, ya que, si este fuera el primer disco de la agrupación, seguramente lo apreciaría desde un punto de vista más optimista, sacando más valor de esos momentos más eléctricos del álbum que podrían configurar un punto de partida muy interesante con el objetivo de lograr algo grande en el futuro. No obstante, teniendo en cuenta lo alto que ha puesto el listón la banda, moviéndose con gran aplomo en un amplio abanico de estilos sin poner en peligro su idiosincrasia sonora, Metronomy Forever es claramente un paso atrás, termina sabiendo a poco y da la sensación de que se pierden en sí mismos, lo que se traduce en el álbum más largo y a la vez el más flojo hasta el momento.

Aun así, se pueden encontrar momentos interesantes y divertidos que salvan al LP de la catástrofe, y lo hace en las canciones que, de alguna manera, evocan a sus álbumes predecesores y a esa receta que tan bien ha sabido cocinar Metronomy a lo largo de los años, pero a la que parecen haber añadido unos nuevos ingredientes que hacen que cueste mucho más percibir ese sabor inconfundible. La mejor representación de ello la encontramos en los dos primeros minutos de “Sex Emoji”, en cuyo estribillo el falsete de Joseph Mount da lugar a uno de los pasajes más excitantes del álbum. Desgraciadamente, la pieza se estira como un chicle hacia la más absoluta indiferencia, algo de lo que peca demasiado un álbum con buenas ideas que en muchas ocasiones se desarrollan de forma torpe, provocando la pérdida de interés en el oyente.

La canción “Forever Is a Long Time” es otro ejemplo perfecto de ello, mientras que quizás sea “The Light”, con cierto aroma funk del Summer 08, la composición más acertada y coherente del álbum, también la menos excéntrica y de las pocas donde te da la sensación de que cada elemento suena en el momento oportuno. Junto a ella, aportan un poco de vehemencia a un trabajo lleno de altibajos la oscura “Walking In the Dark” y, sobre todo, la bulliciosa “Salted Caramel Ice Cream”, con unos sintetizadores que son igual de pegajosos que su desenfadada letra: 

“She’s sparkling like a fresh glass of Perrier
She’s happy like my birthday
She’s like a dream
Salted caramel ice cream”

No obstante, en ningún momento dan la sensación ni de acercarse a los momentos más inspirados de la banda, ni de oponer resistencia a ser arrinconadas en el fondo de la estantería una vez que se esfume el hype. Un hype venido a más tras la larga espera de tres años para tener sobre la mesa un nuevo material de una de las bandas de dance alternativo más icónicas de la última década, y que Metronomy Forever no termina de satisfacer mediante una colección de canciones en su mayoría bastante vacías, a las que les falta expresión, fuerza, frescura y, lo más importante, identidad propia.

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