Big Thief: «La música es una especie de ente súper chamanístico con un poder increíble e imparable»

Cuando el indie-rock más primitivo empieza a mostrar signos de agotamiento y faltan propuestas que de verdad nos hagan vibrar, los de Adrianne Lenker pasan por encima de todo gracias a canciones que consiguen llegar al alma con lo mínimo posible.

En la música, el éxito (a mayor o menor escala) puede alcanzarse de dos maneras distintas. Una es prestar atención a lo que está de moda y rodearse de la gente adecuada para lograr sonidos y canciones que puedan acercarte al top de las listas de ventas. La segunda es ser tú mismo. Y no es que una sea más valiosa o digna que la otra, pero es justo reconocer la valentía y el mérito de conseguir llegar y conquistar a la gente siendo lo más transparente posible, dedicándote a lo tuyo sin mirar a quién puedes gustar o no, con la esperanza de, por supuesto, llegar al mayor número de gente posible.

En ese segundo espectro se han movido desde un primer momento Big Thief, la banda neoyorquina que en este 2019 ha publicado nada menos que dos discos: U.F.O.F. y Two Hands. Y es que, aun siendo un grupo de nicho, Big Thief han conseguido con cada uno de sus trabajos encandilar a un mayor número de personas y coronarse como una de las bandas de indie-rock más destacables de la década, con una propuesta que, sin ofrecer nada novedoso ni moderno, se siente tan sincera y personal que consigue llegar a lo más profundo de nosotros con los elementos más básicos.

Conforme ha ido pasando el tiempo, sus canciones se han vuelto más complejas, misteriosas y, a la vez, familiares y armoniosas. No queríamos desaprovechar un momento tan dulce en la trayectoria de la banda para hablar con Max Oleartchik, su bajista, sobre cómo se ha fraguado la relación entre los miembros del grupo con el tiempo y cómo ha influido esto en su música.

Habéis dicho que U.F.O.F. es el primer álbum con el que os habéis sentido como una banda completamente realizada. ¿Qué creéis que tiene de diferente este disco respecto a los anteriores?

Grabamos nuestro primer álbum con un batería diferente, mientras que para el segundo compusimos y grabamos canciones nuevas una vez terminada la gira. En cambio, escribimos las canciones de U.F.O.F. en la carretera a lo largo del último año y medio, pasando todo el día juntos, así que para nosotros es un disco más familiar debido a eso. Nos sentimos más cercanos ahora.

Entiendo lo que quieres decir y creo que es algo con lo que mucha gente está de acuerdo, pero a la vez me parece que eso devalúa un poco vuestros álbumes anteriores, que en mi opinión son también muy buenos. ¿Qué opinas tú?

Sí, a mí me encanta cada disco, tío. Cada uno tiene su propio sonido y algo que lo hace especial, pero supongo que haber pasado tanto tiempo juntos en la carretera ha hecho que este disco también tenga un sonido único. Es algo muy abstracto, pero creo que todos nuestros discos son geniales y que representan diferentes emociones y sensaciones. Para mí grabar es como: grabamos un martes y después esa canción es la representación de cómo nos sentíamos ese martes. Es como hacer una foto. Me gusta mucho tomarme la grabación así.

En U.F.O.F. hay dos canciones, “from” y “terminal paradise”, que también forman parte de abysskiss (2018), el disco en solitario de Adrianne Lenker. ¿Hubo alguna razón en particular por la que decidisteis incluir concretamente estos dos temas?

Pues… es que eran canciones muy bonitas, ¿sabes? Realmente fue de casualidad, ya que estábamos decidiendo qué canciones incluir en el disco y cuando ya las teníamos todas dijimos: “Oh, ¡estas dos ya están en el álbum en solitario! Bueno, qué más da, ¡vamos a grabarlas otra vez!”. Fue algo bastante espontáneo y como era un disco distinto quisimos hacer una interpretación diferente.

«Todas las canciones encajaron de forma natural. No creo que haya ninguna de U.F.O.F. que pudiese haber entrado en Two Hands ni viceversa»

Hablemos ahora de Two Hands, que es un trabajo más directo y crudo, como si estuvierais tocando justo delante del oyente. ¿Cómo surgió esa idea del gemelo celestial y el gemelo terrestre?

Adrianne escribe un montón de canciones y cuando nos quisimos dar cuenta teníamos cuarenta temas, así que dijimos: “Vale, ¿qué hacemos? ¿Grabamos un disco doble?”. Pero después James dijo que un álbum doble probablemente sería un tostón para cualquiera que lo escuchara y, al final, nos dimos cuenta de que las canciones se dividían en dos de forma natural. Un puñado de ellas tenían más que ver con lo espiritual y las cosas del exterior, y las otras se encaminaban más hacia el barro y aspectos terrenales. Es algo muy abstracto, pero sentíamos que unas tiraban hacia lo más lejano y otras hacia lo más mundano. De repente, tenía sentido. No teníamos un álbum doble, sino que teníamos dos discos diferentes.

¿Os parasteis a elegir qué canción iba a entrar en un disco y cuál en el otro? Porque algunas ya llevabais tiempo tocándolas en directo.

La verdad es que no, ya que todas encajaron de forma natural. No creo que haya ninguna canción de U.F.O.F. que pudiese haber entrado en Two Hands ni viceversa. Cada disco tiene su propia personalidad, en parte debido a que los grabamos en dos lugares diferentes y eso le da una sensación distinta a cada uno.

Creo que “Not” es una de vuestras canciones más atrevidas hasta la fecha. Es cruda, agresiva y, además, es larga y tiene un solo muy extenso también. ¿Cómo llegasteis a ese punto? Quiero decir, ¿teníais una idea que fue evolucionando con el tiempo o desde el principio concebisteis así el tema?

La parte lírica fue escrita así. No recuerdo si teníamos la idea del solo desde el principio, pero la letra y la melodía eran prácticamente así de base. Me acuerdo de que empezamos a tocarla en las pruebas de sonido y después la incluimos en el directo porque es una canción muy divertida y emocionante de tocar. Es muy rockera, nos da mucho juego como músicos y nos sentimos muy sueltos tocándola, así que cada vez nos gustaba más darle rienda suelta y extender el solo, y cuando fuimos a grabarla a los Sound City Studios en Los Ángeles quisimos hacerla tal cual la tocábamos en directo. Por eso acabó siendo una canción de siete minutos. Una amiga me dijo que cuando la escuchó se puso a bailar como una loca y que conforme la escuchas te pide más y más hasta que llega el solo. Para nosotros es como un viaje, y esperamos que para la gente también.

¿Os gustaría experimentar más con canciones así?

Sí, claro, somos un grupo abierto a todo. Quién sabe, quizás el sexto disco sea completamente electrónico, con voces de tribus de los bosques más profundos de Sudamérica rapeando… Es broma [risas]. Pero sí, no sé, queremos ver de qué somos capaces y de qué podemos hacer algo bello de escuchar, así que todo es posible.

Si estás pensando en el sexto disco, ¿quiere decir que ya hay un quinto en camino?

[Risas] No, no, lo he dicho por decir. Realmente no hay nada por ahora, podría haberte dicho el séptimo o el octavo.

En relación con esto, leí en una entrevista hace tiempo que Adrianne quiere hacer muchos discos diferentes. ¿Son estos dos esos álbumes que ella quería hacer? ¿Cuando empezasteis a grabarlos pensasteis “vale, queremos probar esto concretamente” o “vamos a intentar que suene de esta manera”?

Hay algo genial y gracioso en esta banda, y es que tan pronto como planeamos algo, descartamos ese plan. O sea, tenemos una idea, pero enseguida todo empieza a irse por otros sitios y nunca sabes qué va a pasar. Podemos grabar una canción que nos parece maravillosa y después desecharla porque no queremos que el disco dure más de cuarenta minutos y queremos que esté bien hilado, ¿sabes? Como que cuente una historia. Pensamos en un disco como si fuera un libro y tenemos mucho cuidado con eso porque la extensión de una obra, ya sea musical, teatral o lo que sea, puede afectar en gran medida a cómo la percibes. Así que básicamente es eso: planeamos cosas de antemano, pero todo puede cambiar en cualquier momento. Como en la vida.

«Quizás lo que ahora llamamos sobrenatural era normal hace diez mil años, pero nosotros simplemente no le prestamos la atención suficiente»

Las letras de Adrianne se han vuelto más intrincadas y enigmáticas con cada disco. ¿Crees que la música ha evolucionado acorde con su manera de escribir?

Sí, definitivamente creo que la música se ve afectada de forma muy directa por las letras. U.F.O.F. tiene más experimentación y un mayor número de texturas sonoras, y quizás sea cierto que Adrianne cuenta sus historias y presenta sus temas de forma más misteriosa ahora. Nunca dejas de evolucionar como músico y lo más divertido de esto es que tú lo interpretas así y quizás haya otra persona que lo sienta distinto. La música tiene espacio para esos agujeros, esas interpretaciones y malentendidos, sentimientos confusos y sentimientos claros al mismo tiempo. Por eso pienso que es algo mágico: porque no hay una única respuesta, todo está abierto a la interpretación.

Volviendo a la imaginería misteriosa de U.F.O.F. con ese componente sobrenatural y acercamiento a lo desconocido, quería preguntarte si alguno de vosotros cree en lo paranormal o si habéis tenido algún tipo de experiencia relacionada con ello.

Totalmente. Siento que la vida en sí misma es muy sobrenatural y natural al mismo tiempo. Tenemos una manera de percibir la realidad que va cambiando con el tiempo y que a veces juega con nosotros. Personalmente pienso que lo sobrenatural y lo natural forman parte del mismo universo. Hay muchas cosas que podemos ver y entender, pero también hay otras que queremos ver y sentir pero no podemos, y al final cuando eso también forma parte de nuestro mundo en cierto modo acaba siendo algo natural. Quizás lo que ahora llamamos sobrenatural era normal hace diez mil años, pero nosotros simplemente no le prestamos la atención suficiente. Para mí es algo inherente al ser humano; tener curiosidad por lo desconocido. Creo que cuantas más inquietudes tengas, mejor estás encaminado.

¿Y crees que esto se puede reflejar en la música?

Sí, la música es una absoluta locura. Tan pronto estás eufórico como te puede hacer llorar. Para mí, la música no va de la industria, de listas o de un trabajo con el que hacer dinero. Para mí, la música es una especie de ente súper chamanístico con tanto poder que resulta increíble e imparable. Porque, ¿dónde empieza y dónde acaba la música? Si grabase esta conversación y le pusiese una instrumental de fondo, ¿podríamos llamarlo música? ¿Podría despertarle emociones a alguien?

Para mí es una especie de nigromancia hecha por magos y brujas, algo muy poderoso y curativo a la vez, que nos mantiene conectados y nos ayuda a conocernos. Hay gente que dice que es un entretenimiento y yo pienso, ¿qué somos los músicos entonces? ¿Payasos? Puede serlo y no tiene nada de malo, pero creo que la gente que va a un concierto de Big Thief no va simplemente porque le entretenga. En resumen, que para mí es algo muy importante. [Risas]

¿Hay algún artista que escuchases especialmente durante la grabación de estos dos discos?

Pues te voy a mencionar dos de los que me acuerdo. Una es Kara-Lis Coverdale y el otro John Luther Adams. Los dos son compositores de música electrónica bastante ambient, drone y ese tipo de cosas; hacen canciones y sonidos muy bellos.

Pregunta típica para acabar: ¿dónde te gusta más tocar, en festivales o en salas pequeñas?

Los festivales juntan a mucha gente y eso está bien, pero por otro lado hacen mucho dinero a costa de los músicos y de los sponsors. A veces parece que la música es un simple entretenimiento o una excusa para que la gente se gaste el dinero en alcohol y demás; quiero decir que para mí es un negocio que se intenta maximizar para sacar todo el beneficio posible. Es como la universidad: das toda la materia en el menor tiempo posible para poder comprimirlo al máximo y que todos los años tengas un grupo nuevo de estudiantes pagando. Aquí hay un montón de gente tocando a la vez, haciendo las pruebas de sonido a la vez… y al final acaba siendo una locura que te deja sin energía. A veces damos grandes conciertos en festivales, pero el simple hecho de tocar en uno te hace sentir como en una corporativa, como tocar en el McDonald’s. También hay mucha tensión porque hay mucha gente trabajando y tienes que atenerte a unos horarios muy estrictos y creo que la música no debería funcionar así. Por eso preferimos las salas más íntimas, porque creo que el sentimiento es bastante distinto y toda la energía se centra en la música en vez de desgastarse entre el resto de factores externos.

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