Ferran Palau

Ferran Palau –
Kevin

Ferran Palau nos sumerge en su trabajo más emotivo y brillante hasta la fecha, moviéndose dentro de las mismas coordenadas de ese pop etéreo y pausado que siempre ha caracterizado sus obras, aunque, en esta ocasión, con una visión estilística más amplia. En Kevin, Palau juega con la dicotomía amor-ruptura, pero sin definir su hilo discursivo en una dirección u otra.

En un momento político y social convulso como el que se está viviendo, cuando parece que la convivencia pende de un hilo y estamos instalados en un estado perpetuo de lucha de egos y resquemores absurdos, me sorprende que algo que parece tan trivial como la música cantada en catalán consiga disipar esas diferencias que parecen insalvables. Es realmente curioso que, con la que está cayendo, la música sea lo único que consigue hermanar a los melómanos, vengan de donde vengan. Porque quienes nos dedicamos a esto tratamos de ir a lo nuestro y mantenernos alejados de esta vorágine testosterónica que se encuentra al borde de un cuadro clínico de problemas de salud mental. Hecha esta breve reflexión, hablemos de tema que nos ocupa en este artículo. Esto es, el nuevo álbum de Ferran Palau.

Entre lo retro y lo contemporáneo

Quién busque respuestas en la música de Ferran Palau no las encontrará, tan sólo percepciones recubiertas con un sonido minimalista que, sin embargo, no está exento de profundidad.

Con una sólida trayectoria avalada por tres discos a sus espaldas y habiéndose ganado el favor de la crítica gracias a su tercer álbum de estudio, Blanc (2018), Ferran Palau vuelve a demostrar que la escena independiente catalana está de enhorabuena con Kevin (2019), su cuarto trabajo en el formato de larga duración. Palau ha facturado su segunda referencia en prácticamente un año, dos auténticas perlas de dream-pop intimista que hilvanan a la perfección los pensamientos y cavilaciones del artista catalán.

Quién busque respuestas en la música de Ferran Palau no las encontrará, tan sólo percepciones recubiertas con un sonido minimalista que, sin embargo, no está exento de profundidad. Una propuesta ideal para desconectar de la intensidad del mundanal ruido y maravillarse con su pureza sónica y poética.

Fotografía: Promo

Ambigüedad como pilar lírico

Los sonidos vaporosos a los que nos tiene acostumbrados Palau permanecen constantes a lo largo de Kevin, pero, en esta ocasión, se empapan de la calidez del soul y el R&B de nueva escuela, además de introducir pinceladas folkies.

En Kevin, el cantautor de Esparraguera consolida su posición como estandarte del pop metafísico, un terreno en el que se mueve como pez en el agua. Los sonidos vaporosos a los que nos tiene acostumbrados permanecen constantes a lo largo del elepé, pero, en esta ocasión, se empapan de la calidez del soul y el R&B de nueva escuela, además de introducir pinceladas folkies.

Respecto al apartado lírico, Palau se mueve entre la nitidez y la incertidumbre para articular un discurso impregnado de ambigüedad, con el que uno se cuestiona si gira en torno al romanticismo o el desengaño. Un misterio que va más allá de las letras y también se manifiesta en esas melodías nubosas que flotan en el ambiente, como insinúa el propio artista en la imagen de la cubierta del disco.

Este Kevin cuenta nuevamente con las colaboraciones de Joan Pons (coros y batería) y del primo de Palau, Jordi Matas, quien realiza un trabajo espléndido de co-producción para conseguir materializar una riqueza sonora increíble basada en la austeridad de recursos. Las oníricas líneas de sintetizador, acompañadas de esos bajos sugerentes y de sutiles guitarras, se guían por la temblorosa (aunque personal) voz de Palau para conformar un estilo francamente elegante, al nivel de las producciones de Frank Ocean o The Internet, lo cual es admirable para una obra de factura nacional.

Conseguir más con menos

Kevin ofrece un verdadero viaje sensorial en el que Palau nos muestra su universo mental y sonoro en todo su esplendor. Hay que disfrutarlo, simplemente, dejándonos atrapar por cada pieza.

Así, temas cargados de estos matices (“Univers”, “Kevin”, “Estrany”, “Amén”) trazan la tónica general de un álbum que utiliza el minimalismo sustentado sobre silencios y los versos casi recitados por Ferran, que bien podrían rendir homenaje a emblemas de la poesía romántica catalana como Jacint Verdaguer o Àngel Guimerà. A pesar de todo, ¿tratan estas canciones realmente del amor? Una cuestión que roza lo filosófico y que en el repertorio del álbum nunca se percibe de forma evidente.

De lo que no hay ninguna duda es de que esas reflexiones se aderezan perfectamente con efectos sensuales a modo de susurros (“¡uuuh!”) que caen como gotas de lluvia  (“Què serà de mi?”, “Flora”), percusiones latinas (“Una Llum”, “Plores o rius?”) y los sintetizadores espaciales de “Caic”, el tema de cierre, que constituye un bello ocaso sonoro en el que Palau nos invita a perdernos.

Ambigüedades y misterios aparte, lo cierto es que Kevin ofrece un verdadero viaje sensorial en el que Palau nos muestra su universo mental y sonoro en todo su esplendor. Hay que disfrutarlo, simplemente, dejándonos atrapar por cada pieza y sin buscar un significado concreto en su contenido.

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