Vagabon

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¿Dónde quedaron esas guitarras y esa energía con la que Vagabon nos sorprendió hace tan sólo dos años? La secuela de Infinite Worlds (2017) es personal y sorprendente, no cabe duda, pero esto no es necesariamente positivo. Las canciones dejan paso unas a otras sin casi darnos cuenta de que empiezan y terminan. Laetitia Tamko se desprende de la guitarra eléctrica para centrarse en un sonido más electrónico y pausado que no acaba de colmar las expectativas que teníamos para ella.

De Laetitia Tamko, la mujer tras el seudónimo de Vagabon, no se puede decir que tuviera una adolescencia fácil. Se mudó desde Camerún junto a su familia a la jungla de asfalto que es Nueva York, a una edad ya de por sí tumultuosa, sin saber hablar inglés. Imagínate lidiar con el acné y las hormonas y, además, vivir inmersa en un idioma que no es el tuyo. A los diecisiete años sus padres le regalaron una guitarra, que eventualmente la llevó a formar parte del círculo del DIY neoyorquino en su etapa universitaria, granjeándole comparaciones con Frankie Cosmos o Mitski.

En aquel momento, Laetitia no se imaginaba llegar a dedicarse a la música de forma profesional. Algo menos de una década más tarde, Vagabon figura en el cartel del Primavera Sound 2018 y hechiza con su debut, enérgico y particular. Infinite Worlds, publicado en 2017, era un estallido constante; la voz pasa de melodiosa y reposada a gritar con toda la fuerza de su grupo tras ella. Su directo es igual de espectacular. Con la atención de la prensa internacional sobre ella de forma inesperada, la secuela de su debut se hizo esperar. No demasiado, pero sí lo suficiente como para crear expectación.

El peso de las expectativas

Hacer un disco que complaciese, que siguiera la estela de su predecesor, era la opción fácil. En su lugar, Tamko ha continuado por la senda de “Mal à L’aise” (la canción de Infinite Worlds que parecía tan fuera de lugar), sin prestar atención a lo que los demás querían de ella.

Dos años más tarde, Laetitia Tamko vuelve con un LP del que ya había presentado tres singles. Tras una primera escucha me sentí decepcionada, no hay otra palabra. ¿Esto es todo? ¿Dónde está la garra que esperaba? El disco en sí no es un mal disco, pero como suele ocurrir después de un debut tan aclamado como lo fue el suyo, las expectativas estaban por las nubes y era evidente que alguien iba a terminar sintiéndose decepcionado (en este caso particular, yo).

Fotografía: Tonje Thilesen

Ser parte de la abrumadora minoría

Irónicamente, “Water Me Down” es un buen resumen de la opinión que merece el disco en comparación al anterior: aguado y carente de fuerza.

En su anterior álbum, desde el primer corte nos mostraba a una música que pisaba fuerte y decía “aquí estoy yo”. Por el contrario, este disco comienza de forma casi anecdótica, con una primera canción (“Full Moon In Gemini”) que pasa desapercibida. Se puede oír influencias diluidas de R&B y una instrumentación casi inexistente aparte de la percusión y sintetizadores varios. Las letras –en general– consisten en versos que se repiten y que no presentan imágenes muy claras, a pesar de algunas excepciones notables.

Los singles que ya presentó, “Flood” y “Water Me Down”, son algo más destacables, pegadizos pero tampoco extraordinarios. Una vez pasados estos dos temas, ambos en la primera mitad del álbum, el disco no tiene prácticamente ningún corte que destaque musicalmente.

Algo a lo que Tamko se ha tenido que enfrentar, de forma similar a otras mujeres jóvenes en la industria musical, es la responsabilidad de ser un estandarte de todas las mujeres. Lindsey Jordan nos decía hace unos meses en una entrevista que quería “ser como los chicos”, es decir: que su identidad no tuviese un papel fundamental a la hora de juzgar su obra musical. Pero el hecho de que sean tan pocas las mujeres en la industria hace que sea difícil pasarlo por alto. Y en el caso de Tamko esto se ve acentuado por ser negra, colocándola en una posición todavía más minoritaria. La propia Laetitia hace referencia a esta sensación de no pertenencia en la canción “Wits About You”, donde canta:

“I was invited to the party
They won’t let my people in”

Unos versos dolorosos que se quedan clavados en la mente al terminar la canción.

Un esfuerzo en vano

Las letras, brillantes en algunos momentos, no destacan lo suficiente dentro de canciones insípidas que terminan siendo pasadas por alto.

Algunas pistas, como “Home Soon”, se hacen eternas. Prácticamente instrumental y repetitiva hasta la saciedad, llega a ser cansina sobrepasando los cuatro minutos de duración. Seguidamente, el penúltimo corte es “Every Woman” (también publicado previamente como single). En él, Laetitia canta:

“I won’t ask permission from you
We reserve the right to be full
[…]
All the women I meet are tired
They just kick up their feet prior
‘Cause we’re not afraid of the war we brought on
And we’re steady while holding you all”

Toda una declaración de intenciones en la que se intuye esa fuerza con la que se había presentado en su debut, aunque no se traduzca musicalmente. El potencial es indiscutible, pero no puedo evitar pensar que los versos arriba destacados habrían sido mucho más efectivos gritados al micrófono, como sí hacía en Infinite Worlds. El disco termina con un reprise de la canción con la que empieza, logrando de alguna manera imprimir en él una naturaleza cíclica.

La lectura de alguna entrevista con Laetitia Tamko me hace reflexionar. La artista ha dicho abiertamente que no hace música para los demás, y eso es una cosa que queda clara en su proyecto. Si bien no coincide particularmente con mis gustos, hay que concederle lo especial de su álbum. Hacer un disco que complaciese, que siguiera la estela de su predecesor, era la opción fácil. En su lugar, Tamko ha continuado por la senda de “Mal à L’aise” (la canción de Infinite Worlds que parecía tan fuera de lugar y que llegaba a incomodar, tal y como su propio nombre avisaba), sin prestar atención a lo que los demás querían de ella.

Aun así, no es suficiente. Irónicamente, “Water Me Down” es un buen resumen de la opinión que me merece el disco: aguado y carente de fuerza. Las letras, brillantes en algunos momentos, no destacan lo suficiente dentro de canciones insípidas que terminan siendo pasadas por alto.

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