Temples

Temples –
Hot Motion

Temples intentan volver a un sonido más guitarrero sin abandonar el pop barroco característico de Volcano, entregándonos un disco demasiado obsesionado con el envoltorio y que se olvida de prestar atención a lo que realmente importa: la propia música. Y es que, a pesar de tener buenas canciones, su propuesta empieza a volverse insípida y falta de garra.

Es curiosa la diferente vara de medir que utilizamos para cada grupo. Con algunos abrazamos y aplaudimos el cambio, deseamos que con cada disco prueben algo nuevo y nos mantenemos expectantes ante el nuevo rumbo que puedan tomar. Con otros, en cambio, rezamos para que las cosas se queden como están y para que, aunque pasen los años, todo siga igual y cada vez que escuchemos a ese grupo nos sintamos como si volviéramos atrás en el tiempo. Y no porque creamos que no pueden hacer otra cosa, sino porque al intentarlo a veces pierden el rumbo o, simplemente, porque lo que hacen es perfecto así.

Temples nacieron como parte de ese boom neopsicodélico que surgió a partir de Tame Impala a principios de década. Su apuesta era más clásica y british, pero lograron un álbum debut muy contundente y equilibrado como fue Sun Structures (2014). Para su continuación, Volcano (2017), el grupo decidió indagar en las profundidades de la producción y experimentar con sus posibilidades para conseguir una propuesta más cuidada y más pop que, a pesar de contar con buenas melodías y momentos brillantes, perdía algo de garra y se pasaba con el azúcar en más de una ocasión. Ahora vuelven con Hot Motion y, por desgracia, todo sigue prácticamente como estaba.

Más de lo mismo

El mayor problema de Hot Motion es, al igual que ocurrió con Volcano (2017), tener todo perfectamente calculado y mostrarse demasiado cuidadoso, sin dejar espacio para la improvisación, la sorpresa o para una experimentación más centrada en el contenido y menos en el continente.

Hot Motion podría resumirse en tan sólo una frase que, desgraciadamente, no habla muy bien de él: más de lo mismo. La formación británica se enfrentaba con este trabajo a una serie de retos y problemas que, lejos de haber superado, no han hecho más que agravarse e intensificar nuestras dudas respecto al estado actual de ese grupo que antaño nos enamoró con “Shelter Song”.

El mayor problema de Volcano fue tener todo perfectamente calculado y mostrarse demasiado cuidadoso, sin dejar espacio para la improvisación, la sorpresa o para una experimentación más centrada en el contenido y menos en el continente. A Hot Motion le ocurre básicamente lo mismo. Las guitarras recobran fuerza y protagonismo, pero por lo demás es un disco bastante similar al anterior; la estructura de sus canciones es sota, caballo y rey, y de este modo pocas veces logra pillarnos desprevenidos.

Fotografía: Press

Obsesionados con el envoltorio

La producción y las canciones están muy cuidadas, la melodía vuelve a estar muy trabajada y los sonidos que consiguen sacar a las guitarras son bastante interesantes. No obstante, más allá de eso hay pocas novedades.

No quiero decir que Hot Motion sea un mal trabajo o que esté hecho sin ganas, ya que la producción y las canciones están muy cuidadas, la melodía vuelve a estar muy trabajada y los sonidos que consiguen sacar a las guitarras son bastante interesantes. No obstante, más allá de eso hay pocas novedades y lo cierto es que la mayoría de canciones no están a la altura de las mejores de su anterior elepé. El sonido oscuro y pesado del que hablaban los propios miembros de Temples se traduce en coqueteos muy tímidos con el rock anatólico y en aspectos concretos de ciertos instrumentos como el bajo, el cual trae consigo un nivel de saturación tal que ensucia innecesariamente unas canciones con un carácter y unas melodías muy pop. Es como intentar volver a Sun Structures, pero encerrando las canciones en la estructura y el sonido pop.

El disco tiene un puñado de singles que cumplen, como la extensa “Hot Motion” o esa “You’re Either on Something” que casi parece un tema de Foster the People, pero no dejan de ser más que eso: singles que consiguen salir del paso. “Holy Horses” es divertida y recuerda un poco a los Temples más alocados de su debut, aquellos que se permitían jamear y no se preocupaban tanto de que todo estuviera milimétricamente calculado.

Es complicado describir la sensación que transmite un álbum como este, porque cuando escuchas canciones como “The Howl” no te parece que estés ante un mal tema, y ciertamente “Context” es una gran canción que, además, tiene el mejor estribillo de todo el largo. Sin embargo, la excesiva repetición de ritmos y recursos hace que Hot Motion acabe siendo un trabajo monótono y que, en varias ocasiones, provoca sencillamente indiferencia.

En tierra de nadie

Temples tenían una propuesta interesante que dio un volantazo hacia algo de peor resultado, pero con posibilidades por explotar y evolucionar. Ahora se han quedado un poco en tierra de nadie, sin volver del todo a lo que hacían en sus comienzos y sin aventurarse tampoco a salir de su zona de confort.

A veces resulta frustrante no ser capaz de sentir mayor apego o emoción por estas canciones, pero también es frustrante ese empeño del grupo en hacernos pasar por momentos tremendamente predecibles que parecen imprescindibles para que las melodías más pegadizas consigan destacar un poco más en contraposición. Así ocurre con “Not Quite the Same” y con “Step Down”, que tiene una introducción y una estrofa con bastante gancho, pero que pierde toda la gracia en cuanto llega al estribillo. Aunque lo peor de todo son, sin duda, unos puentes muy poco inspirados en su mayoría.

Puede que globalmente Hot Motion esté más equilibrado y tenga menos altibajos que Volcano, pero la falta de riesgo y la obsesión con que todo suene en su sitio hace que uno pierda el interés más rápido, sobre todo en su segunda mitad. Decía al principio de este texto que hay grupos cuya propuesta inicial me resulta lo suficientemente interesante como para no necesitar escuchar nada nuevo y otros con los que me ocurre justamente lo contrario. Temples tenían una propuesta interesante que dio un volantazo hacia algo de peor resultado, pero con posibilidades por explotar y evolucionar. Ahora se han quedado un poco en tierra de nadie, sin volver del todo a lo que hacían en sus comienzos y sin aventurarse tampoco a salir de su zona de confort. Aunque son jóvenes y todavía hay tiempo, hablar de zona de confort ya en el tercer disco no nos alberga, tristemente, demasiadas esperanzas.

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