Alba Reche

Alba Reche –
Quimera

En Quimera, el álbum debut de Alba Reche, nos encontramos con un trabajo de dos mitades bien diferenciadas: una primera sección más orgánica a la par que insustancial, y una segunda más sintética donde su voz fluye a través de producciones vaporosas y sorprendentes. El imaginario de la mitología griega no termina de unificar un producto que, condensado, habría funcionado mejor.

Seamos claros: hay mucho producto deleznable firmado por artistas surgidos de la cantera Operación Triunfo, pero es de admirar que tantos otros facturen canciones capaces de salirse por la tangente y abandonar los cánones establecidos en el pop más básico. María Escarmiento abraza las tendencias urbanas y Natalia Lacunza apuesta por el sonido de Billie Eilish y el primer James Blake post-dubstep, mientras que Amaia… ¿hace falta decir algo en concreto de ella? Pues bien, ahora es el turno de concursantes como Alba Reche para aparecer en escena y tratar de hacerse un hueco en la industria.

En busca de la belleza clásica

La mitología griega funciona como elemento aglutinador de todo el álbum. Por desgracia, ese concepto no termina de desarrollarse más allá de la portada, los videoclips y los títulos de las canciones, ya que el carácter ambiguo de las letras no ayuda a la hora de ubicar los personajes que Alba presenta.

Reche quedó clasificada en segundo lugar de la más reciente edición del talent show tras llamar la atención del personal gracias a la potencia y versatilidad de su voz. No en vano, la pudimos ver adueñándose del escenario cantando por Beyoncé o con actuaciones más melodramáticas versionando a Radiohead o Sara Bareilles, motivo por el cual apareció en el New York Times.

La artista ilicitana se ha tenido que enfrentar a grandes referentes antes de ver publicado su álbum debut, Quimera, pero ha sabido ofrecer algo nuevo (o al menos diferente) respecto a sus compañeros: un concepto artístico como es el de la mitología griega como elemento aglutinador de todo el álbum. Por desgracia, ese concepto no termina de desarrollarse más allá de la portada, los videoclips y los títulos de las canciones, ya que el carácter ambiguo de las letras no ayuda a la hora de ubicar los personajes que Alba presenta en sus composiciones.

Fotografía: Promo

Canciones oníricas que no terminan de aterrizar

Salvo en contadas excepciones, Quimera es una exploración de la belleza en base a medios tiempos de carácter más orgánico. En ocasiones nos elevan al Olimpo de su imaginario, pero la gran mayoría de veces no hacen más que mostrar un potencial desperdiciado.

Una vez finalizó el concurso, su destino era incierto y la verdad es que no podíamos saber a ciencia cierta hacia dónde querría dirigir su carrera artística. Desde luego, un single como medusa” no era de esperar. Con esas influencias UK Garage sostenidas por la producción del dúo LOWLIGHT (Yung Beef, Bad Gyal), Alba Reche se alejó de las propuestas del resto de sus compañeros con un sonido bastante único dentro del panorama.

Sin embargo y adelantando acontecimientos, esta vertiente más sintética y distinguida de Reche sólo la encontramos en el tramo final de Quimera. “inanna”, con retazos del R&B más sensual y contemporáneo de artistas como Sabrina Claudio, Jorja Smith e incluso Yaeji, y “eco”, producida por Mon Dvy (batería de Yawners), son dos buenos ejemplos. En esta última, además, la ilicitana encuentra un equilibrio perfecto entre el pop de tintes urbanos y esa atmósfera vaporosa que domina todas las canciones del disco. No cabe duda de que es una muy grata sorpresa escuchar dos temas así al final de Quimera, pero para llegar hasta ahí debemos atravesar un mar de niebla que no convence tanto como ese último tramo.

Y es que, salvo en contadas excepciones, el resto del álbum es una exploración de la belleza en base a medios tiempos de carácter más orgánico. Estos fluctúan entre lo íntimo y lo melodramático para, en ocasiones, elevarnos al Olimpo de su imaginario. Sin embargo, la gran mayoría de veces no hacen más que mostrar un potencial desperdiciado.

quimera” y “caronte”, las dos composiciones que abren Quimera y nos presentan el espectro sonoro del álbum, son también las canciones más destacadas de esta primera mitad. “quimera” se muestra luminosa y va desenvolviéndose entre una guitarra acústica y ciertos detalles electrónicos que se despliegan con suavidad. “caronte”, por contra, desarrolla un carácter mucho más melodramático gracias a la potencia del piano y la voz de Reche. Ambas son, en esencia, dos piezas sencillas. No obstante, es en el extremo cuidado de los detalles donde reside su capacidad de transgredir y evocarnos el buen hacer de grandes artistas como el Sufjan Stevens de Carrie & Lowell (2015).

Un EP estupendo, pero un álbum algo vacío

Esperamos que, de cara a futuras referencias, Alba Reche termine de desarrollar esa faceta más vanguardista, pues ahí parece residir su potencial.

A partir de aquí parece que nos encontramos frente a una Alba Reche que persigue por igual la belleza clásica de la carátula, firmar el próximo hit pop y alejarse, a su vez, de todo lo establecido. Sin embargo, lo que acabamos escuchando es una sucesión de buenas ideas que se ejecutan de manera tímida y, por ello, no consiguen alcanzar ninguno de esos objetivos. “asteria”, por ejemplo, no es más que una guitarra eléctrica acompañada de ritmos R&B clásicos que hemos escuchado en infinidad de ocasiones. Seguidamente, “aura” juega a mezclar una guitarra acústica y ese intimismo que recuerda a algunas canciones de Pero No Pasa Nada, el disco debut de Amaia, pero el desarrollo de su segunda mitad no conduce a ningún sitio. Por su parte, “niña” parece estar influenciada por un sonido algo más arraigado en el folclore español gracias a esa cadencia vocal y los juegos de guitarras (recordando, incluso, a Alexanderplatz). No está mal, pero sin más; pura indiferencia.

Nada menos que cinco canciones después (demasiado, sí), llegamos al punto en el cual Quimera recupera fuelle. lux” funciona como bisagra entre el carácter orgánico de la primera mitad y esa faceta más electrónica de la segunda. La única mácula podría ser “ares”, un cierre sin pena ni gloria que nos deja cierto regusto amargo tras las buenas sensaciones de aquellas “inanna” y “eco” que mencionábamos antes.

En definitiva, Alba Reche firma un disco debut con dos partes claramente diferenciadas: una más delicada y orgánica, y otra con más pegada debido a las influencias del R&B contemporáneo. De aquí podría haber salido un EP maravilloso, pero, en general, el formato de larga duración termina produciendo indiferencia. Esperamos que, de cara a futuras referencias, la artista ilicitana termine de desarrollar esa faceta más vanguardista, pues ahí parece residir su potencial.

error: ¡Contenido protegido!