Foals

Foals – 
Everything Not Saved Will Be Lost — Part 2

Foals completan con esta segunda parte su obra más colosal y ambiciosa. Este nuevo capítulo se presenta como el Mr. Hyde del binomio, recurriendo a imágenes más evocadoras que se apoyan en la mitología griega y paisajes apocalípticos para ilustrar un sentimiento ya irrefrenable. La rabia global provocada por la agotadora sucesión de decepciones a la que nos ha sometido la última década parece confluir en este disco, un catalizador para nuestro desengaño y un desahogo para nuestro instinto.

Madre santa. Más de uno y más de dos clamarán al cielo buscando una respuesta que les arroje luz sobre qué hacer con todo esto que ha llegado de golpe. Otros tantos simplemente darán gracias por el alimento recibido. Y es que veinte canciones son muchas, un número demasiado grande como para digerirlo en tan poco tiempo pese a llegar en dos dosis porque, cuando a uno le ponen delante algo que huele bien y sabe mejor, el riesgo de cólico se multiplica. Menos mal que la música es un sustento vital infinito, permitiendo sucesivas oportunidades de ingesta y que, por cierto, suele envejecer mejor que el vino. 

Violento a la par que hipnótico

Si la primera mitad era el planteamiento del problema y la llamada de aviso, ahora nos encontramos con la sacudida y posterior paranoia.

Así pues, tras interiorizar la secuencia de avisos iniciada con el lanzamiento de la primera parte y comprobar que podría ser cualquier cosa menos una broma con esos tres misiles en forma de single, ya tenemos con nosotros la pieza final del proyecto más ambicioso de Foals. Everything Not Saved Will Be Lost — Part 2 (2019) no sólo supone el impulso definitivo hacia el primer nivel mundial en la carrera de la banda que lidera Yannis Philippakis, sino que, también y con toda probabilidad, devolverá el rock más contundente a un primer plano, ocupado estos últimos años por otro tipo de propuestas.

En una comparativa preliminar, observando en conjunto las dos obras de arte que son las portadas de sendas partes, podemos apreciar un claro cambio cromático y visual: pasamos del rojo intenso y comedido a un naranja destellante, violento a la par que hipnótico. Nada es casual, al igual que tampoco lo es que al primer disco lo ilustren con palmeras levemente agitadas y en este segundo lo que nos encontremos sea un cementerio. Si la primera mitad era el planteamiento del problema y la llamada de aviso, ahora nos encontramos con la sacudida y posterior paranoia. Una respuesta natural del mundo a esta última década de regresión global, plagada de sorpresas decepcionantes; de Trump al cambio climático, al Brexit o a la crisis de los refugiados en Europa.

Fotografía: Mike Palmer

Se completa su obra más ambiciosa y colosal

Una respuesta natural del mundo a esta última década de regresión global, plagada de sorpresas decepcionantes; de Trump al cambio climático, al Brexit o a la crisis de los refugiados en Europa.

Everything Not Saved Will Be Lost — Part 2 abre con Red Desert, un telón hábilmente utilizado como implementador de tensión, desvelando tras de sí ese silencio desde el que empieza a carburar el motor hasta el momento justo de levantar el embrague. The Runner hace saltar todo por los aires. Del color de la portada, la canción nos lleva a través de un paisaje devastado por el fuego, con la determinación de dejar atrás las cenizas y portando con uno demonios y enseñanzas, como el protagonista de La soledad del corredor de fondo. No hace falta conjeturar mucho sobre su potencial en directo, conociendo el despliegue de la banda en esa parcela y partiendo de la certeza de estar ante una de las mejores canciones de toda su discografía.

No podía faltar la característica sección rítmica en este álbum. Wash Off es la primera en contribuir al apartado bailable del álbum, invitando a no caer en el nihilismo y la negatividad. La energía funk sirve para relajar y distender cualquier posible agarrotamiento por la sacudida inicial, dejando todo listo para recibir más cera. Black Bull se coloca en posición tras cumplir su función de primer sencillo, cobrando ahora sentido completo. Como el título que lleva, se trata de una pieza visceral, desbocada y dispuesta a embestir a todo lo que se ponga por delante, puro instinto viril.

El inicio de Like Lightning es una genialidad, prescindiendo de la batería y el grueso del esqueleto para ocultar así en un primer momento su verdadera naturaleza y lograr un efecto demoledor. Una vez encarrilada, la canción se desarrolla sobre una base de blues combinada con un adictivo riff antiguo de Yannis que llevaba tiempo buscando su papel.

La sacudida y la paranoia

Se alcanzan conclusiones tan importantes como que la trascendencia importa sólo en vida, y el destino es triste para aquellos que buscan en ella un último consuelo, pues eso indica que no lo han encontrado mientras respiraban.

Sobrepasado el ecuador, todo pega un frenazo; el sonido y el ambiente comienzan a oscurecer, la explosión deja paso a los sudores, la paranoia y la búsqueda del sentido de la existencia. Dreaming Of ofrece ese detalle en forma de pausa al comienzo, pero que pronto se torna en un tema de ritmo muy marcado donde se advierte cierta urgencia por dirigir la huida hacia un nuevo comienzo.

Tras ella, Ikaria es utilizada para dar paso al tramo final del disco, un conjunto con entidad propia dentro del álbum que versa sobre la mortalidad, apoyándose en el mito griego de Ícaro. El tema recibe su nombre de la isla junto a la que el personaje mitológico se precipitó al perder las alas que le fabricó su padre para huir de sus enemigos, y que el Sol derritió tras desoír las advertencias de su progenitor de no volar demasiado alto.

Escuchar 10,000 Feet por primera vez a un volumen considerable encoge el alma, de forma similar que al observar algo monumental. Esa guitarra cruda y grave dota de una personalidad única a la pieza, concebida por Yannis (cuyo estado de gracia le sitúa como uno de los grandes compositores en activo) en forma de caída libre, una metáfora del mundo actual. Esa certeza de encontrarnos en plena precipitación es recogida para entenderla como una oportunidad de renacimiento, la muerte entendida como cambio de estado, no como final.

Un reflejo de los instintos más primarios

“Neptune” es la canción más ambiciosa de toda su discografía. Un viaje progresivo que, sin pretensión, hipnotiza y diluye el tiempo, llevándonos hasta escenarios oníricos salidos de lo más profundo de la mente de Yannis.

El disco se acerca a su conclusión conInto the Surf”, colocada al final para no romper la cadena de energía, y que se erige como uno de los momentos que más curiosidad y emoción suscita, ya que estamos ante el nexo de unión que conecta el disco con la primera parte a través de “Surf, Pt. 1”. Se trata también de la canción más sosegada del disco, y versa sobre una historia típica del folclore griego que aborda la muerte lejos de casa como el peor de los destinos, algo común, por otro lado, en la antigüedad debido a las características geográficas del país. Especialmente evocador es el momento en el que entra en escena el fragmento exacto del primer álbum, enriqueciendo aún más el inmenso trabajo.

Cierra toda esta epopeya “Neptune”, la joya de la corona del disco y la canción más ambiciosa de su discografía. Los temas paisajísticos, acotados normalmente a atmósferas espaciales o apocalípticas son, junto a los ritmos funk-rock, los principales atuendos de la música de Foals. Esta vez han ido más allá, alargando la inmersión durante más de diez minutos en un terreno desolado por las llamas. Un viaje progresivo que, sin pretensión ni forma alguna de meter prisa debido a su dimensión, hipnotiza y diluye el tiempo, llevándonos hasta escenarios oníricos salidos de lo más profundo de la mente de Yannis.

Al final, el poso que queda es valiosísimo gracias a la reflexión construida sobre el sentido de la muerte. Se alcanzan conclusiones tan importantes como que la trascendencia importa sólo en vida, y el destino es triste para aquellos que buscan en ella un último consuelo, pues eso indica que no lo han encontrado mientras respiraban. Ahí reside la genialidad final de los de Oxford, relativizando un destino que, a ellos sí, se les antoja eterno, ya sea en este planeta o remando por los ríos negros de Neptuno.

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