Whitney

Whitney –
Forever Turned Around

Teníamos tantas ganas del regreso de Whitney que Forever Turned Around nos dejó de primeras con el culo torcido al ser un disco más pausado y menos inmediato. A pesar de ello, tras varias escuchas uno nota que la banda de Chicago ha conseguido un trabajo muy pulido, cálido y lleno de detalles, con canciones que calan hondo y que, en esta ocasión, se acercan más al otoño.

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Nunca me he parado a comprobar si es realmente el único, pero lo que está claro es que sí: se vuelve a tropezar dos, tres y tantas veces como haga falta. Una de las máximas que siempre trato de tener en mente con respecto a la música (y ante cualquier obra en general) es que no debemos tener demasiadas expectativas, ya que a veces pueden jugarnos una mala pasada y podemos acabar llevándonos una decepción porque algo no es lo que esperábamos en un principio.

Pero otra cosa que se suele decir (y con esto termino mi retahíla de dichos y moralejas, lo prometo) es que más sabe el diablo por viejo que por diablo, y la cosa es que, con los años, sabiendo que soy incapaz de no dejarme llevar por el hype, he aprendido a tener un plan B en caso de que algo no cumpla con lo que mi mente había imaginado. Ese plan B consiste, sencillamente, en adaptarse a algo, seguir dándole oportunidades para ver qué se puede sacar. Y si bien Forever Turned Around, el segundo trabajo de Whitney y el disco que más ganas tenía de escuchar este año, no ha acabado siendo lo que yo quería, eso no quiere decir que no se pueda sacar nada de él.

Tomémoslo con calma

El segundo larga duración de Whitney es, en cierto modo y según nos prometieron, continuista, pero sólo con respecto a la parte más pausada y melancólica de Light Upon the Lake.

Light Upon the Lake (2016) fue, para mí, un álbum con muchísimas virtudes y muy pocos defectos. Divertido, original, serio pero a la vez con ese rollo de canciones de juguete al estilo Woods o Dead Ghosts, instrumentalmente muy rico, orgánico, épico, melancólico, breve y, sobre todo, tremendamente sincero y pegadizo. Canciones como “Golden Days” o “Polly” sonaron hasta la saciedad en todos mis cachivaches capaces de reproducir música, además de que su corta duración hace que sea un disco al que hoy en día sigo volviendo en muchas ocasiones. Sobra decir que mi hype con Forever Turned Around era bastante desmesurado, y, en cierto modo, nada realista. Así pues, esperando un disco que potenciase todo lo que ofrecieron en su álbum debut, cuando lo escuché por primera vez me quedé un poco frío.

No porque el disco fuese malo, que para nada lo es, sino porque sentía que le faltaba algo. Y lo cierto es que sí, ya que Forever Turned Around carece de algunos elementos que sí se encontraban presentes en Light Upon the Lake. Principalmente, las canciones más rápidas y la intensidad de la orquesta rozando la épica. El segundo larga duración de Whitney es, en cierto modo y según nos prometieron, continuista, pero sólo con respecto a la parte más pausada y melancólica (la de canciones como “No Woman” o “Dave”).

Fotografía: Sandy Kim

La templanza propia de la madurez

Forever Turned Around se siente como un disco mucho más consciente de sí mismo. También más coherente y más maduro, dejando tras de sí quizás ese optimismo ingenuo propio de la juventud y que en su primer trabajo se notaba tanto.

A cambio de dejar algunas cosas en el camino, Forever Turned Around se siente como un disco mucho más consciente de sí mismo. También más coherente y más maduro, dejando tras de sí quizás ese optimismo ingenuo propio de la juventud y que en su primer trabajo se notaba tanto. Esta vez, el tono viene marcado desde el principio: “Giving Up” es un medio tiempo de esos que desprenden nostalgia por algo que todavía no ha pasado (You’re the only one I love / Even when you’re giving up). La suavidad de las estrofas con el falsete característico de Julien contrasta con el crescendo del estribillo, al que no tardan en unirse los ya clásicos vientos del grupo, con una parte final puramente instrumental que nos hace recordar por qué nos gusta tanto esta banda. Porque cuando ponen toda la carne en el asador, suenan realmente increíbles.

En esa misma línea de canciones tristonas y melancólicas sigue “Used To Be Lonely”, rememorando los días de soledad y el miedo a volver a ellos: ’Cause the only life I’ve ever known / Used to be lonely. Esta es otra de las piezas que Whitney desarrollan con una maestría pasmosa, con los arreglos adecuados en cada momento y las subidas y bajadas de intensidad acordes con las emociones que desprenden, constituyéndose como uno de los momentos más brillantes del disco.

Pero las canciones de Forever Turned Around no siempre estallan en un mar de sensaciones, sino que, como ya anticipábamos, muchas veces la banda permanece más calmada, como en “Before I Know It” o “Song For Ty”, con instrumentales suaves en las que las trompetas intentan mecernos junto al resto de instrumentos en vez de elevarnos como solían hacer antaño. Temas como “Day & Night” están más cerca que nunca de Simon & Garfunkel o del Neil Young más folkie. Lo que antes sonaba como la típica canción para una noche de acampada en compañía, ahora nos da la sensación de habernos dejado solos ante la hoguera.

Menos inmediatez, mayor poso

La vida pasa tan rápido que, a veces, es necesario pararse a tomar un respiro, algo que Whitney han hecho a la perfección en este trabajo y que, por otro lado, nos sirve a nosotros como oxígeno para reemprender la marcha.

Eso no quiere decir que Forever Turned Around sea un disco puramente triste, ya que el grupo también es capaz de sacar a relucir su lado más positivo y esperanzador, ese que aún mantiene cierta inocencia e ingenuidad, en canciones como “Valleys (My Love)”. Es otro de los momentos álgidos del álbum gracias a una melodía dulce y un solo de Max muy destacable. Mientras que “Rhododendron” es un gran divertimento instrumental que ojalá durase más, “My Life Alone” nos devuelve a los nanana” clásicos de Whitney en un tono mucho más jovial y alegre (similar al que encontramos en “Friend of Mine”).

Pero si hay una canción que destaca por encima del resto del álbum, esa no es otra que la encargada de cerrarlo y de darle título: “Forever Turned Around”. Aquí nos encontramos una estrofa que se cuece a fuego lento, con tan sólo las guitarras y la voz, para anticipar un estribillo en el que se repite la misma frase mientras la música refleja ese giro de 180º irreversible que sugiere el título, con teclados y guitarras que consiguen una especie de dream-pop campestre y unas cuerdas que aportan la grandeza de sus temas más celebrados (como “No Woman”) a pesar de mantener esa templanza característica de todo el álbum.

Realmente la propuesta de Whitney no es tan diferente en este trabajo respecto a lo que nos ofrecieron en su debut. Uno espera esos momentos de euforia y de melancolía descontrolada y se topa con un puñado de canciones que, a priori, son menos inmediatas, pero que poco a poco van dejando un mayor poso, con multitud de detalles instrumentales y esas melodías tan dulces que hacen que acabes queriendo volver a ellas una y otra vez. Quizás se eche de menos algo más dinámico como “Polly” o más eléctrico como “No Matter Where We Go”, pero lo cierto es que Forever Turned Around es un álbum cuidado al más mínimo detalle, con un sonido mucho más pulido y cálido, además de con unos arreglos más sutiles y pulcros. Y es que la vida pasa tan rápido que, a veces, es necesario pararse a tomar un respiro, algo que Whitney han hecho a la perfección en este trabajo y que, por otro lado, nos sirve a nosotros como oxígeno para reemprender la marcha.

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