Tropical Fuck Storm

Tropical Fuck Storm –
Braindrops

Con su segundo álbum, Tropical Fuck Storm reafirman su excéntrico discurso a modo de himno punk sobre la apatía hacia un mundo que ven perdido por la vanidad del ser humano.

Cual epílogo de A Laughing Death in Meatspace (2018), Tropical Fuck Storm filtran con Braindrops cualquier invasión ajena al atípico ecosistema que ya crearon estos singulares australianos con su debut, por si quedaba algún recodo que explorar en su mapa sonoro. La libertad compositiva llega a sus cotas más altas en este LP, en el cual rozan la peligrosidad del libertinaje musical (al contrario de verse coartados por el síndrome del segundo disco). Así, la escucha de este Braindrops se parece a la contemplación de un cuadro sumamente abstracto en el que los sonidos crean paletas que estimulan nuestra percepción del conjunto, acercándose más al puro rock experimental de corriente ochentera. Braindrops quizá no es tan mastodóntico como lo fue su debut, pero sí igualmente disfrutable. Si Daughters, IDLES, Oh Sees o Parquet Courts son de tu agrado, definitivamente te encantarán TFS e incluso podrás apreciar cómo añaden una capa de complejidad instrumental adicional que los vuelve altamente adictivos con las repetidas escuchas.

Una propuesta fiel a su predecesor

No es que Tropical Fuck Storm salgan de su propio terreno en Braindrops, pero sí que exploran sonidos más electrónicos, experimentales y retorcidos.

En cuanto a lo estrictamente musical, no es que TFS salgan de su propio terreno, pero sí que exploran sonidos más electrónicos, experimentales y retorcidos, consiguiendo un matiz extra para la etiqueta punk-blues de su primer álbum. Braindrops es diferente y a la vez más de lo mismo, lo cual es una buena noticia ya que el nivel lírico se mantiene con la mórbida ironía a la que nos tenían acostumbrados.

Fotografía: Jamie Wdziekonski

Feliz infelicidad

Para Tropical Fuck Storm la vida moderna es absurda, tóxica y destructiva. Y lo peor de todo es que no podemos escapar de ella porque ya está integrada en nosotros.

A partir de “Paradise”, una apertura que hace las veces de bis respecto a la conclusión de su anterior disco, los sonidos de guitarra se van diluyendo en un punk ruidista lleno de coros sublimes que recuerdan a aquellos tiempos de la No Wave en los que el jazz se convertía en ruidos de toda clase, pero siempre manteniendo el ritmo de un semi-funk anguloso. “The Planet of Straw Men” hace las delicias de los amantes del jazz-rock a la vez que añade la desesperación lírica de unos venenosos Dead Kennedys en un acto de concienciación colectiva, un lamento del que no se despegan hasta romper con los infecciosos gritos de un final anticlimático.

Con “Who’s My Eugene” empezamos a apreciar la creciente participación de Fiona Kitschin en el apartado lírico de la banda, casi rapeando una sátira sobre la vida de Brian Wilson de los Beach Boys y Eugene, quien hasta escribió su autobiografía analizando la psique del cantante. “The Happiest Guy Around” sigue con este cabaret tétrico, destacando una rítmica superior en este LP, donde los traqueteos de las baquetas resuenan intencionadamente para introducirnos en una infelicidad “feliz”; algo así como bailar drogado y solo en una discoteca a altas horas sin saber por qué. Para TFS, la vida moderna es así: absurda, tóxica y destructiva. Y lo peor de todo es que no podemos escapar de ella porque ya está integrada en nosotros.

De esta aceptación surge pues la tormenta de ruidos que la banda sabe mezclar con baladas desangeladas como “Maria 62”. Porque no te acordarás de mí, ni de ellos, ni de nosotros: la vida pasa rápido en una saturada sociedad donde la única salida es despertar una inquietud tan incómoda que se quede pegada a tus auriculares, algo que nadie en 2019 parece saber hacer mejor que la banda australiana.

Ruidismo y baladas desangeladas

La vida pasa rápido en una saturada sociedad donde la única salida es despertar una inquietud tan incómoda que se quede pegada a tus auriculares, algo que nadie en 2019 parece saber hacer mejor que la banda australiana.

La homónima “Braindropscontinúa con la exploración de sonidos electrónicos, rozando el electro-punk pero sin salirse del estilo de producción independiente marcado a fuego por la banda en sus ideales. Con el concepto de cerebros destruidos no solamente por las drogas, sino por el consumo, la vida superficial y también ambigua que muchos llevan guiados por el mainstream, Tropical Fuck Storm construyen una crítica y una autocrítica al mismo tiempo, lo cual da sentido extra a unas letras inteligentes y afiladas que no dejan títere con cabeza: “Recuerdo cuando la vida era simple como un vaso de agua, ahora es tan clara como el espejo de un baño”. TFS ponen en duda la necesidades de la vida cosmopolita tanto en su contenido lírico como en su sonido, lleno de violentos guitarreos desafinados a propósito.

En “Aspirin vuelven a establecer un paralelismo con el ex-perdido, ese abandono del propio amor a la vida y la pérdida del sentido de ésta, juegos de palabras que TFS exploran en todas sus vertientes. Una anti-balada en la que Gareth Liddiard y Fiona Kitschin cantan al unísono en su desarrollo, dando un punto de vista conjunto sobre un asunto sentimental que hemos sufrido todos alguna vez:

“The last summer that I saw you
At the BP with no cash
You were burnt out like an aspirin
And I was melting on your dash”

Tocando las teclas correctas dentro de su caos

 Tropical Fuck Storm son punks, pero no anarquistas. Más bien un reducto de inconformistas que buscan expulsar su malsana crítica hacia la sociedad actual a través de un espectáculo degradante y estudiado nota a nota para conseguir ese efecto apático-nostálgico.

La instrumentalDesert Sands of Venus” es otra muestra de experimentación en consonancia con “Shellfish Toxin” de su anterior larga duración. Guitarras arábigas abren la veda para las melodías de un blues enrarecido, guiadas libremente por la improvisación de Gareth y los suyos, creando una atmósfera de polución, de desierto de ciudad. TFS dan la importancia necesaria a cada track, alzándose como el grupo de punk underground del momento por la propia reflexión que implican al oyente, innovando y a la vez redondeando sus conceptos de forma tan concisa que asusta.

Culminan con el himno a la apatía que supone “Maria 63” en forma de balada a noche abierta sobre el encuentro de un agente secreto con la hija de Maria Orsic (una ídolo en el mundo neo-nazi), aunque él no cree que fuera ella sino su madre, la original. Una sátira conspiranoica que alcanza su clímax en unas épicas guitarras y violines con Fiona al mando del micrófono. Una canción que imagino apoteósica en directo.

Tropical Fuck Storm cierran con Braindrops otro disco sobresaliente, dando lo mejor de sí mismos en esta fusión de indie-rock, rock progresivo y blues experimental que ya tiene su propio hueco entre los mejores discos de este 2019. Son punks, pero no anarquistas. Más bien un reducto de inconformistas que buscan expulsar su malsana crítica hacia la sociedad actual a través de un espectáculo degradante y estudiado nota a nota para conseguir ese efecto apático-nostálgico. Así, Gareth y los suyos mantienen su independencia de todo lo que se mueve alrededor, consiguiendo ser esa guerrilla en contra de la industria que aún mantiene el fervor propio del primer indie-rock que nació con grupos como Pavement, pero en un nivel superior de virtuosismo que sólo un súper grupo con un alto grado de madurez podría alcanzar.

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