Noche sinestésica en el centro de Madrid

The Levitants dieron comienzo a su gira de Enola con un repertorio sólido y en pleno estado de gracia

“No somos los Pixies”, advirtió la banda vallisoletana The Levitants nada más arrancar con “Satellite” y “Nino Bravo”, canciones de su anterior EP titulado Coimbra. La casualidad les hizo coincidir con la histórica banda de Black Francis el pasado jueves 24 de octubre. Pasadas las diez de la noche, el trío formado por Sergio Isabel (voz), Daniel Falco (batería) y Juan Izquierdo (teclados) saltó al escenario dispuesto a comerse al público. Esa noche quedó enmarcada como una de las primeras citas de su gira de presentación de Enola, en la mítica sala Sol de Madrid, con un imprevisto sold-out que asentó los ánimos de los presentes y les colmó de buenas sensaciones. El ambiente estaba cargado de un clima que avisaba de que no se trataba de una noche más. 

Y así, de hecho, lo fue. La sala se llenó de humo y tonos rojizos. Los levitantes desplegaron un show trepidante y adictivo, que en pocos minutos metió dentro de la pasión desbocada que despiertan muchas de sus canciones a un público más que exigente y entregado. Parece ser que el concierto comenzó de verdad con los primeros acordes de su canción epítome, “Coimbra”, seguida de “Red Lines”, sino le falla la memoria a un servidor. Ambas fueron defendidas con carácter, consiguiendo que los más tímidos o rezagados comenzaran a mover discretamente el esqueleto y a alzar los brazos. 

“Enola (M de llorar)” y “Hay alguien ahí” fueron las dos canciones escogidas para la transición de la primera a la segunda parte del directo, las cuales establecieron las características más básicas de este mundo propio que The Levitants han creado. Los asistentes pronto descubrieron que el trío suena de manera diferente en directo que en estudio, ganando fuerza e intensidad gracias a su apego por los volúmenes altos y la comunión sónica entre la guitarra distorsionada y los ambientes espaciales, cósmicos y mecánicos del sintetizador valvular. El ambiente se llenó de sinestesias. El verdadero impulso llegó con “Light and Strokes”, que dedicaron a todos los fans que les han estado siguiendo desde sus inicios, muchos presentes entre el público, con un especial recordatorio y agradecimiento a su ciudad natal, Valladolid. Dicha canción está incluida en su primerísimo álbum, ya descatalogado de Spotify, titulado Gravity for the Masses, aunque la volvieron a grabar para el EP Coimbra.

Fotografía: Dani Vega

“A los orígenes hay que mirarlos de vez en cuando”, expresó Isabel antes de comenzar con el riff de “Light and Strokes”. Y, justo después, llegó el momento más emocionante de la noche. El trío abandonó el escenario. A los pocos segundos, el vocalista salió armado de la guitarra acústica sin amplificar de su compañero y amigo Kiko Sumillera (quien regaló a los presentes un rápido repaso de sus canciones de su más reciente álbum Jardín Sin Vigilancia como telonero) para interpretar una bella versión de uno de sus mejores temas: “Ancient Empire”. La sala enmudeció en un sonoro silencio de respeto que el cantante agradeció emocionado. Nada más terminar, Izquierdo y Falco volvieron a sus puestos y la sala reventó como una olla a presión. This is another kind of fire”, como reza el poderoso estribillo de la que sin duda es una de las mejores composiciones de esta banda, la cual está llamada a ser un clásico de sus conciertos. 

Poco a poco, The Levitants fueron demostrando a los más escépticos (ya que la cita aglutinaba a todo tipo de público musical) sus grandes tablas sobre el escenario, además de una sorprendente madurez que contrasta con su juventud, conseguida a lo largo de los años gracias al esfuerzo y a tener las ideas claras para dedicarte a lo que verdaderamente te gusta. A pesar de no gozar de un repertorio demasiado extenso, temas como “Ancient Empire” certifican que esto no ha hecho más que empezar y que están destinados a ser una de las bandas más a tener en cuenta de los próximos años.

Los asistentes pronto descubrieron que el trío suena de manera diferente en directo que en estudio, ganando fuerza e intensidad gracias a su apego por los volúmenes altos y la comunión sónica entre la guitarra distorsionada y los ambientes espaciales, cósmicos y mecánicos del sintetizador valvular.

Con el público cien por cien rendido a los pucelanos, la sorpresa mayúscula llegó con una rápida versión de “Toxic”, la popular canción de Britney Spears, que encaminó a las almas hacia el final del concierto, que de no ser por tiempo o corrección, bien podría haberse convertido en una gran fiesta de música electrónica. La responsable de este giro hacia la música disco fue “Adult Life”, con unos teclados sobresalientes que ya se dejaron notar en las canciones más post-punk, como “From the Other Side (Driving)”, en la cual Juan Izquierdo demostró ser un completo especialista a la hora de domar su instrumento, desatando los fantasmas perdidos de Joy Division en los bajos profundos, y a la vez ejerciendo de músico de la tradición más clásica, para abrazar el estilo del DJ. 

Casi acabando, interpretaron “Kolmanskop”, uno de los temas preferidos tanto por sus creadores como por su público, cuyo estribillo está condenado a quedarse en el inconsciente por muchos años. Y, para despedirse, ya en medio de una vorágine de ruido y fiesta, se decantaron por “Suicide”, la breve canción de dos minutos que usaron para denunciar la transfobia que viven muchas personas en nuestro país a través de su videoclip. Sin duda, una noche para el recuerdo que The Levitants nunca olvidarán. Y nosotros tampoco.

Fotografía: Dani Vega

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