Larga vida al reinado de los duendes

Black Francis y los suyos ofrecieron un recital cargado de energía y dinamismo en el que demostraron, una vez más, que siguen siendo una formación incombustible

La pista del Sant Jordi Club empieza a llenarse de almas y un servidor se afana en encontrar agujero entre la multitud donde poder disfrutar del espectáculo lo mejor posible. Finalmente, consigo situarme en una zona aceptable en visionado y audición. Me rodean unos asistentes que tocan la cincuentena en su mayoría, dispuestos a bailar y vociferar con el rock imperecedero de los Pixies. 

Luces fuera. La instrumental “Cecilia Ann” marca el punto de partida del regreso de los de Boston a la ciudad condal dentro de la gira europea de presentación de Beneath the Eyrie, su séptimo trabajo de estudio. Porque ellos lo valen, cuernos arriba y a dar palmas con las orejas, el público se entrega al máximo en cada uno de los temas de un setlist en el que alternaron su último álbum con muchas de sus canciones más míticas.

Tras varias décadas en activo, los Pixies han conseguido hacer de sus canciones himnos que han trascendido en el tiempo y han calado en muchas generaciones.

Tras tres décadas en activo, los norteamericanos han logrado que sus canciones se conviertan en himnos que han trascendido en el tiempo y han calado en muchas generaciones. Kurt Cobain lo sabía y, por eso, declaró su importante influencia en el sonido de Nirvana, así como numerosas bandas del panorama alternativo de los noventa.

Hablo de “Monkey Gone to Heaven”, “Bone Machine”, “Here Comes Your Man” o “Wave of Mutilation”, entre otras, que provocaron el éxtasis del respetable. Suena “Vamos (Pilgrim)” y los espasmódicos fans arremeten unos contra otros en un furioso pogo. Entonces, Francis echa mano de la acústica y llega el tan ansiado momento: con los primeros acordes de “Where Is My Mind”, el público enloquece y se desgañita. 

Cambiando de registro musical con una facilidad pasmosa, el señor Francis domina con maestría las melodías pop à la Beatles y al mismo tiempo berrea histéricamente cual recién nacido mientras rasguea su guitarra distorsionada, siempre bien escoltado por su no menos talentoso séquito formado por Joey Santiago, Paz Lenchantin (sin nada que envidiar a Kim Deal) y David Lovering.

Con “Debaser”, los duendes ponen el broche de oro a un show espléndido que tumba a los presentes a base de guitarrazos contundentes y los hace flotar con pasajes melódicos. 

Venga, hasta luego.

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Gracias Barca….

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