DIIV

DIIV –
Deceiver

DIIV firman su disco más maduro hasta la fecha apostando por ritmos sosegados y densidad melódica. Sus canciones dirigen ahora la mirada hacia grandes históricos del género como Slowdive y My Bloody Valentine, dejando en un segundo plano ese kraut luminoso más característico de sus anteriores trabajos.

La primera escucha de Deceiver deja en la boca un sabor extraño. ¿Estamos escuchando al mismo grupo que nos sorprendió hace siete años con la ya icónica “How Long Have You Known”? ¿Son los mismos músicos que refrescaron entonces el krautrock? ¿Dónde están esas baterías incesantes y los punteos saltarines tan marca de la casa? Los demonios internos de Zachary Cole Smith y su entorno no le permiten volver a aquellas coordenadas tan frescas e inocentes; todo arde y su vida se ha tambaleado por el abuso de las drogas. Ha visto el infierno y el único contexto posible para el tercer álbum de su grupo es seguir, precisamente, su misma peregrinación. ¿El resultado? Una representación de sí mismo abriéndose paso a través del caos y a golpe de guitarras distorsionadas, un sonido atmosférico y mucho dolor.

Pongámonos un poco en situación: desde Nueva York, DIIV conquistaron medio mundo con un álbum debut, Oshin (2012), capaz de entremezclar krautrock, shoegaze y dream-pop en una fórmula que enseguida hicieron suya. Así, sin adherirse completamente al sonido de ninguna banda coetánea (Beach Fossils, Wild Nothing o Real Estate), DIIV consiguieron despuntar y se colocaron en primera línea con tan sólo un disco en el mercado. Los neoyorquinos eran la nueva sensación del panorama.

El final de su verano reverberado y saltarín

Los demonios internos de Zachary Cole y su entorno no le permiten volver a las coordenadas frescas e inocentes de su debut; todo arde y su vida se ha tambaleado por el abuso de las drogas.

Si bien Is The Is Are (2016) no fue tan bien recibido por algunos sectores, quiero romper una lanza en favor de DIIV porque es indudable que lograron madurar su fórmula introduciendo una gran variedad de texturas (más vena ruidista post-punk, guitarras menos ambientales y más contundentes, etc.) y una mayor sinceridad a nivel lírico. Por aquel entonces, Zachary Cole empezó a dar pistas acerca de su vida personal y, aunque en canciones como “Dopamine” se viera envuelto por melodías joviales, el vocalista de DIIV reconocía ser un drogadicto al borde del abismo. Ahora, en Deceiver, nos topamos con las consecuencias de sus actos. Y, esta vez, no están acompañadas precisamente de canciones ligeras.

Los adelantos previos al lanzamiento del álbum nos fueron preparando para el sonido que nos encontramos en el tercer larga duración de DIIV, un álbum que, tal y como ellos mismos han declarado, busca jugar con el sonido de la misma forma que hicieron y hacen sus grupos referentes: desde My Bloody Valentine o Slowdive a formaciones más modernas como True Widow, cuyo slowcore lento y desértico muestra similitudes con la nueva dirección artística de DIIV.

Fotografía: Coley Brown

Drogas, demonios internos y distorsión

Deceiver es un álbum que, tal y como ellos mismos han declarado, busca jugar con el sonido de la misma forma que hicieron y hacen sus grupos referentes: desde My Bloody Valentine o Slowdive a formaciones más modernas como True Widow.

Skin Game y “Taker sentaron de manera acertada las bases de Deceiver: la batería ya no invita a bailar (ahora sus golpes nos dan en la conciencia como hacen Swans) y las guitarras ya no tienen ese reverb que invitaba a flotar (ahora su desgarradora distorsión produce terror y nos obliga a enfrentarnos a nuestros demonios internos).

Pero antes de eso, “Horsehead” abre Deceiver con cinco minutos llenos de guitarras distorsionadas que definen el sonido del álbum en una sola palabra: densidad. Como decía, DIIV han fabricado este elepé con el fin de representar lo duros que han sido estos años de recuperación para su vocalista; por ende, nos encontramos ante un trabajo que fluctúa entre una épica apocalíptica y una introspección francamente dolorosa, espectro al cual pertenecen temas como la delicada “Between Tides (à la Slowdive) o la lenta y rotunda “Lorelei”, cuya batería (con ritmos algo stoner) y acoples de guitarra nos transportan a las horas más bajas de Zachary Cole.

Si bien esta es la tónica general de Deceiver, también hay momentos que arrojan cierta luz y ligereza para coronarse como highlights indiscutibles. Ahí están esa “Like Before You Were Born”, con ecos a My Bloody Valentine y que tan bien juega con las dinámicas (estrofa calmada, estribillo ruidoso), o “The Spark”, la cual se queda a caballo entre el sonido de Deceiver y lo que fue su anterior Is The Is Are. Tenemos más ritmo, más punteos, una voz más dulce y, en definitiva, a Zachary Cole consciente de que se acerca el final de su tormento.

Potencial por explotar

DIIV han fabricado este elepé con el fin de representar lo duros que han sido estos años de recuperación para su vocalista; por ende, nos encontramos ante un trabajo que fluctúa entre una épica apocalíptica y una introspección francamente dolorosa.

En ese momento de lucidez aparece “Blankenship, una canción guerrera, más cercana al post-punk y cargada de crítica hacia el cambio climático y políticos como Don Blankenship. Aquí es cuando mejor funcionan los neoyorquinos porque no se dejan llevar tanto por la introspección y apuestan por un sonido con más garra y cercano a formaciones actuales (en concreto, “Blankenship” podría funcionar como preludio de “LaGuardia” de FEWS).

Sin embargo, esa luz dura apenas un instante y basta con escuchar el onírico final del álbum, “Acheron”, y sus siete minutos de duración. Se trata de un tema cuya melodía no termina de aterrizar mientras Zachary Cole va entonando una letra sobre falsas creencias y sentirse abandonado. Esta pieza nos vale para darnos cuenta de que el mal no sólo habita en el interior de Cole, sino que también está alrededor de él mismo y de todos nosotros. 

Es innegable que hay grandes aciertos en Deceiver. Principalmente, muestra a un grupo ambicioso, con ganas de trascender y llegar al nivel de sus referentes. No obstante, todavía falta algo de sangre en la producción. Al final, el ritmo del álbum se mantiene más por los ecos a sus anteriores obras y por canciones como “Like Before You Were Born” o “Blankenship” que por otra cosa. Tienen buen material y un gran potencial, así que ahora falta saber gestionarlo del todo.

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