The Levitants

The Levitants –
Enola

La banda vallisoletana debuta en Subterfuge Records con un largo de diez canciones en las que se percibe el pálpito de una vivificante energía punk que, del mismo modo, conecta a tientas con el darkwave. El trío formado por Sergio Isabel, Juan Izquierdo y Daniel Falco sella su carta de presentación más ambiciosa y conseguida. El merecido punto de partida de una de las bandas más prometedoras a nivel nacional. The Levitants están aquí para quedarse.

Una noche gris y gélida de otoño, en el corazón del páramo castellanoleonés localizado en esa ciudad de carácter señorial llamada Valladolid, una marabunta de gente abarrotaba la famosa calle de Macías Picavea a la entrada de un concierto. Dentro aguardaba una de las bandas más prometedoras de la escena pucelana. The Levitants presentaban su flamante primer disco, titulado Gravity for the Masses, un esbozo primigenio de la que prometía ser una de las formaciones musicales más interesantes a nivel local e, incluso, nacional. En él se incluían algunos himnos que los asiduos a las noches de música en directo ya conocían (unidos frente a la adversidad por la persecución municipal hacia los bares musicales y las propuestas artísticas alternativas), como “Holy Boy” o “Light and Strokes”.

Pasaron los años y la banda tuvo que enfrentarse a una refundación debido a la salida de dos de sus componentes. Pero el destino quiso que fuera un sintetizador el único instrumento sumado a la entente para suplir la ausencia de bajo y guitarra solista. Así llegó Juan Izquierdo, de los ácidos y sesenteros Lizard Pants, dispuesto a asumir el cargo y barnizar las canciones, de buen arraigo post-punk, en una olla humeante de ráfagas electrónicas y ritmos envolventes. Al cabo de un tiempo surgió su primera referencia discográfica, el EP Coimbra (2016), con el que se reinventaron de nuevo y empezaron a dar forma a su nuevo sonido, esta vez más actual y alejado de la siempre agradable nostalgia por los noventa que reflejaba su etapa anterior. Los seguidores se dieron de bruces con un nuevo repertorio bastante sólido que funcionaba a todo gas en directo. Temas como “Ancient Empire” o “Satellite” confirmaron su giro hacia el lado oscuro, con el sintetizador nutriéndose de arreglos propios de la new wave para acompañar a las melodías, así como la personal voz grave de Sergio Isabel y el estilo rítmico inconfundible de la batería de Daniel Falco. 

Energía punk en dos direcciones

Una bocanada de aire fresco en medio de esta ola actual de música urbana e indie precocinado que nos devuelve la energía del punk de todas las clases y subgéneros.

Este año, por fin, los levitantes han dado un gran paso en su carrera al publicar la obra definitiva que asienta sus bases y les concede un merecido hueco en la música independiente nacional. Se titula Enola y poco tiene que ver con el luminoso himno de OMD. Tras fichar por el sello Subterfuge, esta colección de diez canciones son el resultado de su gran esfuerzo y compromiso.

Se trata, pues, de una bocanada de aire fresco en medio de esta ola actual de música urbana e indie precocinado que nos devuelve la energía del punk de todas las clases y subgéneros, ya que podríamos decir que el disco tiene, en general, dos vertientes: una mucho más clásica en la que priman las melodías con regusto pop y otra mucho más hermética donde resaltan los ambientes electrónicos oscuros. En todo caso, cada una de ellas despierta un dulce sentimiento nostálgico que habla de juventud, amor y dispersión.

Fotografía: Javier Biosca

Juventud, amor y dispersión

El disco tiene, en general, dos vertientes: una mucho más clásica en la que priman las melodías con regusto pop y otra donde resaltan los ambientes electrónicos En todo caso, cada una de ellas despierta un dulce sentimiento nostálgico.

La primera, escogida como single de presentación, es la meteórica Red Lines, la cual nos adentra en una sucesión rápida de rasgueos de guitarra muy típicos del indie-rock británico, acompañados de un potente ritmo de batería y unas voces hondas y profundas. Se trata de un tema múltiple, que admitiría muchísimas lecturas, desde un country-rock (imposible no recordar a sus padrinos Arizona Baby) hasta una balada folk. Los secos detalles de una guitarra a contratiempo durante el estribillo hacen aún la canción más adictiva, hasta llevarnos a un final eufórico que, sin duda, está llamado a ser uno de los grandes momentos de sus giras.

Le sigue “Suicide”, compuesta al parecer a partir de una breve frase de teclado, la cual destaca de nuevo por su sencillez (dura apenas dos minutos y medio) y una buena melodía pop en el estribillo. También sorprende su línea de bajo para un grupo que carece de él, lo que viene a defender la gran labor de Izquierdo a los mandos del sintetizador, ocupándose de ambas cosas como si fuera un inspiradísimo Raymond Manzarek. 

Por el momento, vemos un inicio guitarrero dinámico, atractivo, luminoso. Pero la bajada llega en los primeros segundos de “From the Other Side (Driving)”, un viaje a las profundidades interiores, a lo sórdido, a lo noctámbulo. Aquí recuerdan especialmente a Joy Division, confirmando su obsesión por los ecos del post-punk y sus múltiples híbridos, pero también por sus referencias musicales más actuales, como MGMT.

Una obra con muchas aristas

Enola es un trabajo heterogéneo en el que conviven diferentes estados de ánimo con clara predilección por la oscuridad y el hermetismo.

Su prima hermana, por así decirlo, es la que le sigue: “Kolmanskop”. Suena muchísimo más darkwave, aunque con restos de ese faro iluminador llamado Pixies. Esta es, quizás y según los oídos de un servidor, la más redonda de todo el conjunto. La voz de Isabel se estira en un apasionante estribillo final con un agudo impropio de un timbre tan grave. Una canción que recibe el nombre de un pueblo fantasma en el desierto de Namibia para hablar de temas como la soledad del individuo contemporáneo en la sociedad del consumo y sus diferentes cárceles interiores. “Telescape” cierra la primera parte, tal vez el tema más angustioso de todo el disco debido a esa base oscilante de sintetizador y a las guitarras con el ‘gain’ a punto. 

Como vemos, Enola es un trabajo heterogéneo en el que conviven diferentes estados de ánimo con clara predilección por la oscuridad y el hermetismo. Su cara B viene presidida por la pieza que da título al disco, Enola (M de llorar), la más críptica de todas, la cual hace inevitable que pensemos en la electrónica de Chromatics y, por ende, en el turbio mundo de David Lynch. Una bella balada compleja, bien armada sónicamente, que también pone los dientes largos de cara a su interpretación en directo.

Aún más decadente suena “Hay Alguien Ahí”, su rápido giro al castellano, que desentona un poco conceptualmente con el resto del álbum pero que encaja perfectamente a nivel formal. Entre medias encontramos “Mirror Eyes, a camino entre estas dos sensibilidades, aportando cohesión y frescura a la colección, y que sirve para reafirmar aún más el mundo propio que The Levitants están construyendo. 

Por fin, llegamos al final con Adult Life”, la cual se aleja del hermetismo darkwave para empatizar con el lado más millennial, poniendo palabras a la amarga sensación de la juventud española y su quiebra de expectativas, incapaz de vislumbrar un futuro. “Coimbra”, tema rescatado de su anterior EP, cierra el álbum con una nueva masterización, en honor a los fans que les siguen desde el inicio. Una auténtica declaración de intenciones expresada en el estribillo: There is no time to give up”. Con ella, cierran la que es su carta de presentación más ambiciosa y que, seguramente, esté destinada a ser el comienzo de muchísimos más éxitos.

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