Baroness

Baroness –
Gold & Grey

Final agridulce para la paleta de discos de Baroness: más gris que oro en su quinto trabajo, debido fundamentalmente a una producción extraña y un tracklist demasiado largo que no hacen justicia a los buenos temas que también incluye.

Cuando se habla de carreras musicales, y al contrario de lo que sucede en la atmósfera, cuanto más alto está uno mayor es la presión. Baroness llevan escalando paso a paso, sin precipitarse ni tropezar, desde aquel ya lejano álbum rojo de 2007. Desde entonces, han mutado y, por qué no decirlo, ablandado su sonido, pero lo han hecho con la rara habilidad de conservar a los fans primigenios sin dejar de sumar nuevos adeptos en su ascenso.

Seguir mirando hacia arriba

La pesada mochila de expectativas resulta, de hecho, el primer obstáculo, que no el último, de Gold & Grey.

Sin embargo, llegados a 2019 y con los galones de su anterior Purple (2015) ya empezando a disiparse, toca un nuevo golpe de efecto para mantener y aumentar su estatus. Con ese objetivo llega Gold & Grey, cuya pesada mochila de expectativas resulta, de hecho, el primer obstáculo, que no el último, en la concreción de dicha meta.

Fotografía: Pam Strohm

Las expectativas jugando en contra

Si de algo podemos estar seguros con Baroness es de que, al margen de la calidad final de su producto, no van a repetirse de un álbum para otro, de igual modo que siempre van a tratar de añadir nuevas ideas y conceptos a su tracklist.

Con la portada, John Dyer Baizley se ha superado, todo sea dicho. Otro motivo más para arrancar este disco con la mejor de las predisposiciones. El groove musculado de Front Toward Enemyparece retomar las cosas allá donde las dejaron los de Georgia con su álbum morado. Si bien no es un tema rompedor ni especialmente brillante, sí es una buena muestra de lo que ofrecen Baroness a estas alturas de la película.

Si de algo podemos estar seguros con Baroness es de que, al margen de la calidad final de su producto, no van a repetirse de un álbum para otro, de igual modo que siempre van a tratar de añadir nuevas ideas y conceptos a su tracklist. Así, Seasons muestra un muy buen blast beat de batería, quizá legado de su gira junto a Deafheaven, que la hace destacar. Por su parte, Tourniquet” tiene una línea de bajo interesante, pero un final tímido que no la hace especialmente significativa.

Más adelante, “Throw Me an Anchor” retoma la épica y los estribillos coreables de Purple, y quizá por ello se vuelve la primera canción verdaderamente memorable del disco. Precisamente, al ser un gran tema se hace especialmente incomprensible la mezcla de guitarras aquí, que, sin ser un servidor ningún experto ni oído privilegiado, suena más enlatada que las anchoas de Santoña. En cualquier caso, el nivel del tramo central del disco sube con esta pieza y con una “I’d Do Anything” abiertamente emo, mostrando a Baroness en esa vertiente más afectada y melódica que con tan buena mano manejan.

Lo raro es que el carro siga avanzando

A muchos nos entran prisas y queremos colocar a grupos que comienzan a despuntar en lo más alto, sin haberles dejado rodar lo suficiente. Baroness, sin embargo, tanto en discografía, como en sus directos, como en cantidad de fans, han sabido justificar su potencial.

Llegados a Blankets of Ash”, toca hablar del otro gran problema de este disco  (producción aparte). Y es que Baizley debería justificar la presencia de hasta ¡6! interludios de entre uno y dos minutos que, siendo más o menos interesantes por sí solos, combinados alargan Gold & Grey hasta la extenuación. Entre los que directamente no aportan nada y los que podrían haber evolucionado hasta convertirse en una canción interesante (caso de Can Oscura), lo cierto es que no se entiende tanto parón.

Y como es lógico tras tanta bajada y subida constante de ritmo, antes o después tenía que darles una pájara, que en este caso se concreta en una minimalista y folkie Emmett-Radiating Light”. Es, sin lugar a dudas, uno de los tracks más extraños que haya compuesto la banda, de esos que a la quinta vez se disfruta más que a la primera.

Mientras tanto, “Cold-Blooded Angelsvuelve al pop sentido durante media canción y luego rompe a lo Baroness clásico en un crescendo memorable que se puede guardar con mimo en el cajón de lo mejor que han hecho los de Savannah hasta la fecha.

Motas doradas

La inercia de su trayectoria les permite el lujo de seguir mirando hacia arriba incluso a pesar de firmar un disco definitivamente más gris que dorado.

Ya enfilando la última vuelta,Broken Halo se revela como otro tema grande como un castillo castigado de nuevo por una compresión deficiente, mientras que en “Borderlines” destacan especialmente los aporte de la nueva guitarrista Gina Gleason y el bajista Nick Jost, pese a lo saturado de los riffs finales. Pequeña remontada hacia el final del plástico que, tras el badén alto del último interludio, culmina en unaPale Sun” acogedora y cálida.

No andamos precisamente sobrados en el mundo del metal de bandas modernas con el potencial de convertirse en el necesario relevo generacional de los viejos mitos del siglo pasado. Por ello, parece lógico que a muchos nos entren prisas y queramos colocar a grupos que comienzan a despuntar en lo más alto, sin haberles dejado rodar lo suficiente. No es el caso de Baroness, sin embargo, que tanto en discografía, como en sus directos, como en cantidad de fans, han sabido justificar ese potencial. Así pues, la inercia de su trayectoria les permite el lujo de seguir mirando hacia arriba incluso a pesar de firmar un disco definitivamente más gris que dorado.

error: ¡Contenido protegido!