Alex Cameron

Alex Cameron –
Miami Memory

Alex Cameron no ha perdido el fuelle y sigue haciendo evolucionar su sonido con su álbum más personal y honesto. Miami Memory desnuda los sentimientos más cándidos y las mayores pasiones de un Cameron enamorado, al tiempo que actualiza su crítica a la masculinidad tóxica. Si bien recurre en exceso a lugares comunes de su discografía, no puede negarse que la maduración y los cambios le sientan bien a su trabajo.

Decir que una banda o un artista firma “el disco más personal de su carrera” suena casi siempre a tópico, pero en el caso de Alex Cameron esta muletilla es especialmente pertinente. Su debut, un Jumping the Shark (2016) que ya queda artísticamente lejano, se componía de una retahíla de historias de fracasos acaecidos a personajes distantes y apenas esbozados; Forced Witness (2017), su sucesor, daba un salto cualitativo en lo musical y lo lírico representando diez manifestaciones de la masculinidad tóxica en primera persona con desenfado e ironía al tiempo que hacía evolucionar su estilo synth-pop de corte ochentero. Han hecho falta tres buceos en el estudio para que Cameron decida hablar por primera vez de sí mismo.

Una época de grandes cambios

Cameron ha decidido utilizar lo que él mismo tiene en la cabeza: los lugares comunes a los que ya nos ha acostumbrado, su amor más comprometido y una buena cantidad de contradicciones que todas y todos tenemos.

La honestidad siempre ha existido en su trabajo, eso no puede negarse, pero hasta Miami Memory nunca había encontrado bien la comodidad, bien el momento de sincerarse y exponer cuáles son sus propias cartas. En vez de dejar que infiramos cuáles son sus sentimientos a través de sus caricaturas, modernos esperpentos que deforman la realidad con tal habilidad que el reflejo resultante es más nítido y veraz que la propia vida, Cameron ha decidido utilizar todas sus herramientas sobre lo que él mismo tiene en la cabeza: los lugares comunes a los que ya nos ha acostumbrado en sus discos, su amor más comprometido y una buena cantidad de contradicciones que todas y todos tenemos, pero de las que no queda claro si él se percata o no.

Para poner toda la carne en el asador, todas sus fobias y sobre todo sus filias, Cameron necesitaba dar un nuevo salto adelante en su estilo, pero que tampoco lo alejara mucho de una posición en la que está ciertamente cómodo. De nuevo en compañía de su camarada Roy Molloy, saxofonista, socio productor y primero en apuntarse al bombardeo que el bueno de Alex ande organizando, optó por un enfoque menos centrado en los sintes ochenteros y las bases machaconas, que ciertamente cada vez sonaban más frías y manidas. En ese sentido, Miami Memory gana enormemente en color y, con ello, en matices expresivos: lo electrónico y lo analógico conviven, repartiéndose el protagonismo de forma adecuada a la progresión de los temas en lugar de dar un papel demasiado preeminente a los sintetizadores y relegar a las guitarras y otros instrumentos a meros arreglos puntuales.

Fotografía: Chris Rhodes

La nueva vida que da el amor

Miami Memory gana enormemente en color y en matices expresivos: lo electrónico y lo analógico conviven, repartiéndose el protagonismo de forma adecuada en lugar de dar un papel demasiado preeminente a los sintetizadores y relegar a las guitarras y otros instrumentos a meros arreglos puntuales.

Y, ¿qué hay de lo lírico? ¿Qué hace de Miami Memory, como decíamos al principio, el disco más personal de Alex Cameron hasta la fecha? Quizás lo que más ha cambiado en la vida del artista es algo a priori tan común en toda la música de cualquier época que parece ridículo que hasta ahora no tuviese protagonismo: el amor. La relación de Cameron con la actriz Jemima Kirke es, sin ningún género de duda, el elemento central de su tercer álbum (que, tal y como declaró Cameron en una entrevista para NBHAP, fue concebido como un regalo para su novia), hasta el punto de impregnar las letras de un modo tan abierto que por momentos llega a ser explícito.

Tanto ha cambiado su vida y su convivencia con Kirke que decide abrir el melón con “Stepdad”, donde habla de su relación con los hijos que su pareja tuvo en un anterior matrimonio y la agradable vida familiar en la que no esperaba verse involucrado pero que tanta felicidad le aporta ahora. En la otra cara de la moneda estarían la oscura “Too Far”, epílogo del álbum, o la irónica “Gaslight”, compuestas por los recuerdos oscuros y desagradables de las pasadas experiencias de Kirke con un nice guy misógino y manipulador, que ve su desenlace en una “Divorce” animada, cargada de patetismo hacia su victimista personaje central y que Cameron entona con cierta rabia.

Lo cierto es que la masculinidad tóxica sigue siendo un elemento de crítica central en Miami Memory, pues, según sus propias palabras en una entrevista muy personal concedida a The Guardian: “Incluso cuando era un niño, [yo estaba] analizando constantemente el modo en que los hombres se comportaban a mi alrededor, y era inevitable que eso se convirtiera en algo sobre lo que escribir en mis canciones porque me he visto sofocado por ello y al mismo tiempo se esperaba que yo me comportase así”.

Las consecuencias de desnudarse

Su proceso creativo no deja de madurar y buscar nuevas formas expresivas sin dejar de poner por delante sus herramientas básicas: una mirada sagaz para detectar verdades incómodas, talento para satirizarlas y valor para ponerse a sí mismo en medio.

Eso es algo que permea a algunos de los mejores temas del álbum, como una “Bad for the Boys” que ironiza sobre los “damnificados” por el movimiento #MeToo (a los que presenta sin tapujos como acosadores sexuales y redpills sobre los que, como dice textualmente al final del tema, “no se siente tan mal”) al ritmo sincopado de un piano ochentero y un viento metal increíblemente animados; o la ligeramente funky Far From Born Again”, con tarareos tan fáciles y buenrolleros que es imposible resistirse a cantarlos, así como alguna que otra frase memorable (“Far from born again / She’s doing porn again”). La subjetividad masculina, no obstante, es pasiva en esta canción, pues las protagonistas de esta canción son el círculo de “trabajadoras sexuales independientes” que Kirke presentó a Cameron y cuya postura ante la prostitución él apoya.

Queda claro que Kirke está presente en cada línea de este álbum, pero la prueba fehaciente de esta dedicatoria está en “Miami Memory”, el tema que actuó como catalizador de los sentimientos de todo este álbum. Decenas de recuerdos fragmentarios de vicios, risas, instantes apasionados y promesas de amor conforman una declaración de emociones extraña y explícita, por momentos incluso un poco desagradable, pero innegablemente franca y honesta: tal y como son el propio Alex Cameron y este mismo disco, al fin y al cabo.

A pesar de su sinceridad y su innegable renovación sonora, cuesta considerar Miami Memory como un disco perfecto: hay un recurso demasiado habitual por parte de Cameron a lugares comunes de su discografía pasada (el corte que da nombre al elepé puede casi verse como una revisión de la magistral “Stranger’s Kiss” de su segundo disco, y es incapaz de desprenderse del todo de la electrónica ochentera), además de que, si bien sus letras siguen siendo inteligentes y su sátira se mantiene aguda, resulta complicado alabar enormemente toda su composición solo por un puñado de one-liners, por muy inolvidables que sean, máxime cuando una de esas líneas es “Eating your ass like an oyster / The way you came like a tsunami”.

Pese a todo, el proceso creativo de Alex Cameron no deja de madurar y buscar nuevas formas expresivas sin dejar de poner por delante sus herramientas básicas: una mirada sagaz para detectar verdades incómodas, talento para satirizarlas sin privarlas jamás de un comentario crítico y valor para ponerse a sí mismo en medio de esa acción que también lo envuelve a él. Mientras eso no falte en su obra, tamo bien.

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