Madonna

Madonna –
Madame X

En Madame X, la reina del pop nos deja una irregular colección de canciones que, a pesar de algunos momentos brillantes, no cumple con todos los estándares que esperamos de una artista de su calibre. En su constante búsqueda por mantenerse relevante, Madonna logra un par de piezas imprescindibles y demasiadas canciones menores.

Observar la más reciente etapa de Madonna ha sido realmente interesante en muchos sentidos, ya que la reina del pop no ha querido seguir el mismo camino que varias de sus contemporáneas: en vez de asumir el rol de vieja diva, la artista ha tomado la decisión de querer mantenerse en el imaginario de las nuevas generaciones, adaptándose a los sonidos del momento con cada lanzamiento (eso sí, con resultados no siempre satisfactorios). Si en MDNA (2012) Madonna puso el foco sobre los sonidos electrónicos y en Rebel Heart (2015) quiso utilizar su estatus icónico como una herramienta pop, en su nuevo Madame X viaja por el mundo tomando prestado lo mejor de la música latina, los sonidos urbanos y el trap, aunque eso no le asegura siempre los mejores resultados.

Una pieza más en el rompecabezas de su trayectoria

El concepto de una agente secreta que viaja a través de recónditos lugares buscando sonidos y libertad debía servir, a priori, como medio para que Madonna se liberase de su historia, al modo de una Sgt. Pepper contemporánea. Sin embargo y salvo en contadas ocasiones, el disco no logra cumplir con sus ambiciones.

Madame X se inspira en la archiconocida residencia portuguesa de Madonna, pero también en los sonidos característicos de Latinoamérica y del Mediterráneo. El concepto de una agente secreta que viaja a través de recónditos lugares buscando sonidos y libertad debía servir, a priori, como medio para que Madonna se liberase de su historia, al modo de una Sgt. Pepper contemporánea. Sin embargo y salvo en contadas ocasiones, el disco no logra cumplir con sus ambiciones a pesar de constituirse como una pieza interesante en el rompecabezas que es, en definitiva, la trayectoria de Madonna.

Es de agradecer que Madonna decida no depender de su posición como figura inmortal dentro del mundo del pop para quedarse en la zona de confort. Más bien al contrario, ya que intenta conseguir un espacio en el nuevo panorama rodeándose de algunos nombres clave de la escena actual como Anitta, Maluma o Quavo (Migos). Ya después tocará sentarse y analizar quién saca más beneficios de estas mezclas.

Fotografía: Steven Klein

Maluma, cuando J Balvin no está disponible

El problema más grave del álbum, achacable incluso al propio concepto de Madame X, es su falta de cohesión. Hay algunas canciones mejores que otras, sí, pero los sonidos no siempre conectan entre sí incluso dentro de una misma pieza.

Nuestro primer mordisco a lo nuevo de Madonna fue el single “Medellín”, el cual cuenta con la colaboración del reggaetonero colombiano Maluma. La canción es una especie de mezcla entre el sonido del disco Ray of Light (1998) y lo que viene siendo la mayor parte del reggaetón moderno, aunque lo cierto es que la propuesta no termina de casar.

Y, al final, eso es lo que ocurre a lo largo de todo Madame X. Cuando Madonna es ella misma o, en cambio, se deja llevar del todo por su acompañante (como en esa “Faz Gostoso” cantada en portugués junto a Anitta), es cuando más brilla. No obstante, en el momento que decide mezclar sonoridades las composiciones parecen quedarse a medias. Esta sensación se intensifica particularmente en los dos temas junto a Maluma, con quien honestamente no parece que hubiese demasiada química. Es justo reconocer que, viéndolo con perspectiva, quizás hubiera sido mejor la compañía de un artista más flexible dentro del género como J Balvin u Ozuna antes que la del intérprete de “Felices los 4”.

La reina en su elemento

En la práctica, las canciones más interesantes del álbum son de Madonna en solitario. Sigue haciéndose valer como una de las intérpretes más dinámicas del universo pop que, además y cuando se permite nadar en sus propias aguas, también es una de las que mayor respeto inspira por su atrevimiento y su creatividad.

A pesar de todas las quejas que podamos tener respecto al resultado final de Madame X, bien es cierto que también hay momentos en los que Madonna alcanza su mejor nivel como artista de pop. Las consecutivas “Dark Ballet” y “God Control” entran de lleno en el mejor repertorio reciente de la artista gracias a sus beats adictivos y a la perfecta simbiosis con su voz. Ambas canciones cuentan, además, con los dos videoclips más provocativos del disco, abordando respectivamente las perversiones de la iglesia católica y la violencia por armas de fuego en Estados Unidos.

En otros puntos del disco, como en “Killers Who Are Partying” o en la explosiva “Batuka”, Madonna nos deja saborear en buena medida lo que es capaz de hacer experimentando con nuevos ritmos e idiomas sin tener que refugiarse en la colaboración de otros artistas.

En la práctica, las canciones más interesantes del álbum son de Madonna en solitario. Sigue haciéndose valer como una de las intérpretes más dinámicas del universo pop que, además y cuando se permite nadar en sus propias aguas, también es una de las que mayor respeto inspira por su atrevimiento y su creatividad después de cuatro décadas en activo.

El concepto sobre la calidad

En los momentos que Madonna es Madonna, el disco brilla. Lamentablemente, no siempre se permite serlo y, por eso, nos deja una colección de canciones irregular con algunos temas más que olvidables.

Si Maluma produce daños irreparables en Madame X, los dos representantes del trap norteamericano hacen algo peor: aburren. “Crave” y “Future” pasan sin dejar una marca demasiado profunda en el cerebro, con algunas pinceladas de dancehall dándole un poco más de peso a su colaboración con Quavo. Sin embargo, ninguno de los dos temas se esfuerza mucho por aportar algo realmente destacable al álbum como un todo.

Estas dos canciones son las únicas en las que vemos a Madonna un tanto desesperada por convivir con el panorama del pop contemporáneo. Por suerte, no duran demasiado y tampoco son una muestra de la calidad general del disco, aunque sí de la imagen que transmite Madonna para los que no están atentos a sus lanzamientos.

En resumidas cuentas, podemos decir que el problema más grave del álbum es su falta de cohesión. Hay algunas canciones mejores que otras y los sonidos no siempre conectan entre sí incluso dentro de una misma pieza. Esto se puede trazar un poco al concepto del disco, de Madame X como una agente internacional que viaja por el mundo y que toma sonidos de cada país al que va. En los momentos que Madonna es Madonna, el disco brilla. Lamentablemente, no siempre se permite serlo y, por eso, nos deja una colección de canciones irregular con algunos temas más que olvidables.

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