Fuerza nueva

Fuerza nueva –
Fuerza nueva

Los Planetas siguen buscando su Omega particular y se alían con Niño de Elche para juntar lo mejor de ambos mundos: las atmósferas espaciales de los granadinos con la portentosa interpretación vocal del ilicitano. Un trabajo de himnos despojados de su connotación folklórica que se convierten en canciones donde la experimentación, las segundas lecturas y la emoción que transmiten suman más que la polémica que intentan levantar.

Si ya hemos pasado –y olvidado– el mal trago que supone reflexionar acerca de qué es el indie, déjame que siembre una nueva duda en tu interior: ¿qué es el flamenco? Para Jota, el rock and roll es un palo del flamenco. Ale, suelta eso y se queda tan agustito. Para Niño de Elche, en cambio, parece ser un terreno de experimentación que siempre está abonado, donde puede cultivar los frutales más exóticos y raros que nadie haya visto jamás.

Folklore español experimental

Más allá de la controversia que persiguen Fuerza nueva, y que no es más que una divertida provocación, es cierto que hay algo adictivo en el flamenco que hacen Los Planetas y Niño de Elche una vez se le pilla el truco.

Por eso me hacía gracia el debate de la supuesta apropiación cultural que hacía Rosalía del mundo del flamenco, llevándoselo a su terreno. Supongo que también lo hicieron en su día Las Grecas y Los Chichos, pioneros de la mezcla con lo que se llevaba en los setenta, Triana (glorificados sean) un poco más tarde con el rock sinfónico (y sus herederos Derby Motoreta’s Burrito Kachimba), o la explosión de la tecnorumba con Camela y demás en los noventa. Por ahí estaban también Ketama conectándose a los ritmos latinos e incluso árabes o Pata Negra con el blues… ¿Será que el flamenco puede mezclarse con cualquier cosa sin que explote?

Esa es la premisa a partir de la cual Los Planetas han articulado la mayor parte de su discurso artístico en sus tres últimos discos (cuatro si contamos este Fuerza nueva), en lo que parece un inagotable esfuerzo por sacarse de la manga el nuevo Omega del siglo XXI. Uno que conoce bien cómo se creó aquella críptica y desafiante obra, Eric, está ahora a los mandos de la batería en la agrupación granadina, que se alía con Francisco Contreras (Niño de Elche para los amigos) para volver a la carga con su flamenco experimental.

Fotografía: Davit Ruiz

La revolución desde dentro

Un proyecto con clara influencia de Joy Division, al menos estilísticamente hablando a juzgar por esa mítica portada del Unknown Pleasures (1979) adaptada por Javier Aramburu, quien vuelve a subirse al barco en este viaje musical por lo más profundo de la España profunda.

Aunque más que de flamenco podríamos hablar de folklore español experimental, ya que las ocho canciones que conforman este primer disco homónimo, muchas de las cuales ya habíamos podido escuchar en lanzamientos anteriores, son versiones de canciones populares readaptadas por los militantes de Fuerza nueva. Un proyecto con clara influencia de Joy Division, al menos estilísticamente hablando a juzgar por esa mítica portada del Unknown Pleasures (1979) adaptada por Javier Aramburu, quien vuelve a subirse al barco en este viaje musical por lo más profundo de la España profunda. Una unión que toma su nombre de aquel partido político de extrema derecha (sin ser ellos nada de eso) al cual se atribuyen varios atentados entre 1976 (año de su fundación) y 1982 (momento de su disolución).

Pero lejos de la polémica que pretenden levantar, y que no es más que una divertida provocación, es cierto que hay algo adictivo en el flamenco que hacen Los Planetas y Niño de Elche una vez se le pilla el truco. A nadie le gusta la cerveza la primera vez que la prueba y me atrevería a decir que tampoco el vino. Pero ahí llegan los veintimuchos y los treintaipocos y no se toma otra cosa. Así pues, este disco requiere la misma predisposición a sonidos extraños, los cuales quizá no nos conquistarán a la primera escucha, pero con cada paladeo van creciendo en el oído y aumentando sus matices.

Como el vino, puede no gustar de primeras

Quizás, el principal objetivo de Los Planetas con este disco era crear la atmósfera perfecta de un tablao de cante jondo para dejar que Niño de Elche libere todo el tormento de sus quejíos.

Porque, al final, las referencias culturales no dejan de ser una excusa para provocar y llamar la atención. Algo que Los Planetas han dominado toda la vida. Así ocurría cuando le presentaban al mundo su versión del himno de Andalucía (anterior a Blas Infante): “Santo Dios”. Un tema iniciático para este disco, que se abre con atmósferas de calma y órganos litúrgicos, bendiciendo al oyente y adentrándolo en su espiral sonora. Y continúa lo religioso con “Los Campanilleros”, pieza con la que dieron el pistoletazo de salida a Fuerza nueva adaptando un himno muy arraigado en el folklore andaluz, que lo mismo sirve para una marcha de Semana Santa que como –extraña– canción de Navidad. En esta reinterpretación se acercan más a lo primero.

Y es que, quizás, el principal objetivo de Los Planetas con este disco era crear la atmósfera perfecta de un tablao de cante jondo para dejar que Niño de Elche libere todo el tormento de sus quejíos. Sin embargo, a diferencia del excelso Para Quienes Aún Viven (2017) de Exquirla, la unión de Toundra y el ilicitano, la rabia animal de las guitarras y las baterías aquí se transforma en texturas más amables para el oído y menos desgarradoras. A pesar de todo, también hay espacio para esas armonías más oscuras en la intensa “Mariana”, tal vez la canción más enigmática del disco que podría hablar, según reconocieron en la presentación del disco a la prensa en la Joy Eslava de Madrid, sobre un problema actual como la violencia de género. También encontramos este ambiente más taciturno en la que termina siendo la composición más pegadiza de este trabajo, “La Canción de los Gitanos”, adaptación libre de un himno gitano (en este caso, el “Gelem, Gelem”).

Al igual que en La Vida Moderna se propusieron durante una temporada ofender a todos los colectivos posibles, parece que Fuerza nueva no quieren dejarse a ningún pueblo ni etnia sin loar en este trabajo. Ocurre lo mismo con el fervor capillita de la “La Cruz”, que tiene mucho del último disco de los granadinos. A pesar de ello, es en el intercambio de voces entre la grandeza de Niño de Elche y los susurros de Jota donde se encierra uno de los mejores cortes de Fuerza nueva, el cual adapta la conocida “Saeta” de Antonio Machado que ya cantó Serrat en su día.

Un disco experimental con mensaje

Si algo se puede descubrir en este viaje que recorre España de norte a sur, como el relámpago de su carátula, es que todavía quedan maneras de sorprender en la música. Todavía queda esperanza en el arte y todavía quedan locos que se atreven a mezclarlo todo sólo por ver qué sale.

Y de la unión que genera la Semana Santa andaluza con un ídolo religioso viajamos hasta la otra punta de España, tal y como tuvieron que hacer muchas familias, para llegar a Cataluña. Una Cataluña a la que le dedican “Canción para los Obreros de Seat”, en la que liberan de independentismo cerrado el himno de la (todavía) comunidad autónoma española, “Els Segadors”, que aquí se muestra como una canción proletaria donde se invita a coger “la pistola” en lugar de un “bon cop de falç” para luchar contra el estado opresor. Es otro de los cortes que más gana con las escuchas (los requiebros de Niño de Elche son uno de los momentos más disfrutables del disco) y que crece sin cesar gracias a las guitarras de Florent (que está, aunque no lo parezca). Quizás esa es su magia.

La letra, en este caso, está inspirada en la historia de unos trabajadores de la SEAT que se rebelaron por sus derechos, formando el “Ejército Revolucionario de Ayuda a los Trabajadores dedicado a expropiar empresas y bancos para ayudar a los huelguistas y parados”, tal y como explicaban en una nota de prensa. La revisión del himno está basada en la letra de Guy Debord, autor de la lacerante crítica al mundo actual que es La Sociedad del Espectáculo. Casi nada. Para que luego digan que todo es provocación.

Ese es el mensaje de todo el disco y lo que llevan defendiendo Los Planetas desde hace tiempo. Hacer la revolución desde dentro. En una reciente entrevista con El País, ellos mismos reconocen que, precisamente, esos trabajadores no habrían logrado nada sin usar la fuerza. De ahí viene el nombre de este álbum y del proyecto. Sin embargo, no estoy seguro de que la mayoría de personas tengan la paciencia suficiente como para ahondar en su discurso más allá de la provocación al adaptar composiciones como el himno de Cataluña, el de Andalucía… o el de la Legión Española en “El Novio de la Muerte” (convertido aquí en una canción de amor). Porque, como todos sabemos, hay límites y no todo vale en el humor ni en el arte (que se lo digan a la Fiscalía). A pesar de todo y sinceramente, esperaba más repercusión, más enfado, más ofendiditos con estas canciones. ¿Será que la gente está anestesiada ante tanta crispación que ya no puede ni indignarse cuando le tocan lo suyo?

Mientras me sigo repitiendo esa pregunta van cayendo los acordes de “Santo Domingo”, cerrando el disco de la manera más amable para el oído con otra… ¿canción de amor? Puede que tengamos que tomar nuevamente las armas o puede que todo lo que necesitemos es amor. Pero si algo se puede descubrir en este viaje que recorre España de norte a sur, como el relámpago de su carátula, es que todavía quedan maneras de sorprender en esto de la música. Todavía queda esperanza en el arte y todavía quedan locos que se atreven a mezclarlo todo sólo por ver qué sale. Si unos pocos entienden el mensaje subyacente, seguro que Fuerza nueva quedarán satisfechos. Y, si no, aún les quedarán los réditos del abundante merchandising.

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