Big Thief

Big Thief –
Two Hands

Resulta que, esta vez, venían gemelos y no lo sabíamos. Primero llegó U.F.O.F. (el hermano celestial) y ahora tenemos con nosotros Two Hands (el gemelo terrestre). Un trabajo que funciona como complemento y a la vez como obra en sí misma, con un sonido directo y agresivo en canciones con un acercamiento más universal que nadan entre la delicadeza y la rabia. Otro triunfo más para los neoyorquinos.

Tiene que resultar muy complicado ser un artista prolífico. ¿Qué haces con toda la música que creas? ¿La publicas de golpe? ¿Editas un disco doble? ¿Uno triple? ¿Esperas a lanzar una edición de lujo con caras B y canciones inéditas? Personalmente, no soy muy partidario de los discos dobles. Hay pocos trabajos que, para mí, hayan tenido una buena justificación como para publicarse en formato doble. Incluso cuando me gustan, me cuesta volver a ellos; por un lado, porque suelen ser muy largos, y, por otro, porque me da todavía más manía ponerme con ellos y dejarlos a medias. Probablemente sea una manía estúpida y no sirva como argumento convincente, pero creo que la mejor solución es dividir un álbum doble en dos lanzamientos separados, tal y como han hecho Foals recientemente o, en este caso, Big Thief con U.F.O.F. y Two Hands.

Un complemento con identidad propia

Si con U.F.O.F. hablábamos de lo sobrenatural, lo místico, lo desconocido y lo oculto, Two Hands nos vuelve a poner los pies en la tierra. No sólo conceptualmente, y ahí está el quid de la cuestión, sino en lo referente a la propia música y al sonido.

Big Thief son de esos grupos que no saben estarse quietos. Publican un disco y cuando salen de gira ya los tienes tocando nuevas canciones que no forman parte de su último lanzamiento. Editan el siguiente elepé y te das cuenta de que, esas canciones que estaban interpretando en la gira del anterior disco, tampoco están incluidas en el más reciente. No le das demasiada importancia porque sabes que tarde o temprano verán la luz, pero desde luego creo nadie esperaba un segundo álbum el mismo año que han lanzado un trabajo mayúsculo como U.F.O.F.

Y lo peor es que en la propia nota de prensa de U.F.O.F. ya nos daba pistas de que no iba a ser su único disco en 2019, hablando de él como “el gemelo celestial”. Ahora nos vienen con Two Hands y nos hablan del “gemelo terrestre”, tirando de un concepto que guarda cierta similitud con el Heaven and Earth (2018) de Kamasi Washington, pero, en cambio, publicando cada álbum por separado. Dos partes de un todo separadas en el tiempo para no saturar al personal y rematar su momento más brillante, artísticamente hablando, ahora que están en la cresta de la ola.

La primera pregunta (y la más importante) que se nos viene a la cabeza con este rollo de lo celestial y lo terrestre es: ¿tiene sentido esta división? La pronta respuesta nos la da la propia música. Si con U.F.O.F. hablábamos de lo sobrenatural, lo místico, lo desconocido y lo oculto, Two Hands nos vuelve a poner los pies en la tierra. No sólo conceptualmente, y ahí está el quid de la cuestión, sino en lo referente a la propia música y al sonido.

Fotografía: Dustin Condren

Dulce y suave crudeza

U.F.O.F. era un disco más experimental y atmosférico, con esos retoques en la producción que aportaban el carácter sobrenatural que la banda buscaba, mientras que Two Hands es mucho más directo y contundente.

U.F.O.F. era un disco más experimental y atmosférico, con esos retoques en la producción que aportaban el carácter sobrenatural que la banda buscaba, mientras que Two Hands es mucho más directo y contundente; es un tú contra ellos, una imprevisible tormenta en ese día que has olvidado el paraguas. Sin embargo, con esto no quiero decir que aquí las canciones de Big Thief no sean cálidas ni acogedoras, sino que esta vez es como si tuviéramos a la banda tocando y entregándose al máximo justo delante de nosotros.

De hecho, algo muy destacable de este trabajo es el carácter universal de varios de sus temas, menos enigmáticos y personales que de costumbre en algunas ocasiones. Piezas como “Forgotten Eyes” no parecen un canto ‘desde el yo para el yo’, sino para los demás: The wound has no direction / everybody needs a home and deserves protection. Tampoco quiero decir que hayan dejado atrás los momentos más personales y las historias crípticas en las que la vida y la muerte, la realidad y los sueños, lo terrenal y lo perenne, se entrelazan. Ahí tenemos la rupestre “Two Hands” o “Those Girls”, en la que no nos queda del todo claro si ese grupo de chicas que le susurra cosas negativas a Adrianne es real o son sus propios pensamientos intrusivos jugándole una mala pasada.

Pero lo que sí parecen tener en común varios de los temas de este álbum es una doble lectura que antes se hacía menos palpable. Quizás es una mera sensación debido a lo especialmente presente que está actualmente el cambio climático en nuestra sociedad, pero piezas como “The Toy” parecen una crítica y una queja al trato que el ser humano damos al planeta:

“What a tomb we’re building here
In the sphere, that’s where we all die”

Canciones de doble lectura

Big Thief siguen transmitiendo ambición, ganas de aventurarse en terrenos inexplorados y de dar lo mejor de sí mismos. Se han atrevido a separar un álbum en dos, aportando a cada uno de ellos identidad propia y la jugada les ha salido francamente bien.

A diferencia de su anterior disco, que mantenía el equilibrio sin ningún single muy claro, creo que en esta ocasión hay canciones que destacan por encima del resto, como la ya mencionada “Forgotten Eyes”. Otra de ellas es “Shoulders”, quizá el corte más cercano al indie-rock clásico presente en su álbum debut, pero con la experiencia de sus trabajos posteriores para que Adrianne juegue nuevamente con el doble sentido y no nos termine de aclarar si esa figura materna de la que habla es su propia madre o el planeta Tierra. Además, vuelve a hacer referencia a esa dualidad de la identidad hombre-mujer tan presente en muchas de sus canciones, como por ejemplo en “Cut My Hair” de este mismo disco:

“And the blood of the man
Who killed my mother with his hands
Is in me, it’s in me in my veins”

Pero, probablemente, el momento clave de todo el álbum es “Not”, una pieza que puede describirse como la otra cara de “Mary”, aquella canción de Capacity (2017) en la que un piano conducía la voz de Adrianne Lenker hasta donde no habían llegado antes. En esta ocasión, sin embargo, toda la banda sobrepasa sus límites, sustituyendo la delicadeza de “Mary” por agresividad y olvidándose de estructuras para elaborar un discurso que ni siquiera tiene resolución, sino que es puro inconformismo transmutado en un solo de guitarra de Buck Meek que quita hasta el hipo.

Pilar del folk-rock de esta década

Quizá algún día se den de bruces con sus propias limitaciones o se acomoden en la zona de confort, pero Big Thief se han constituido como una figura indispensable de esta década en cuanto a la tradición norteamericana y la música de guitarras más primitiva.

Y es ahí donde reside la esencia de Big Thief. En no tener miedo a ser auténticos, en tirarse a la piscina cuando les apetece o quedarse en la orilla cuando no. Seguramente, Two Hands se quede un peldaño por debajo de U.F.O.F. en líneas generales, mostrando mayores altibajos y con un tramo folkie final que rememora muchos grandes nombres como Wilco, pero que, por desgracia, no se queda grabado tan a fuego como otras de sus canciones. No obstante y al contrario que con los de Jeff Tweedy (mal que me pese), Big Thief me siguen transmitiendo ambición, ganas de aventurarse en terrenos inexplorados y de dar lo mejor de sí mismos. Se han atrevido a separar un álbum en dos, aportando a cada uno de ellos identidad propia y la jugada les ha salido francamente bien. 

Ahora, cuando estamos empezando a mirar esta década que se acaba con nostalgia y a recordar lo mejor que nos ha dado, pienso en los grandes grupos de rock que han nacido durante estos años y veo a Big Thief como una figura indispensable de la tradición norteamericana y de la música de guitarras más primitiva. Quizá algún día se den de bruces con sus propias limitaciones o se acomoden en la clásica zona de confort, pero ahora mismo, estando en su momento más dulce, nadie debería perdérselos.

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