King Crimson

King Crimson –
In the Court of the Crimson King

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El debut de King Crimson presenta no sólo la originalidad de esas obras que abren un camino, sino también la calidad de unos músicos completos que aportan un nuevo modelo a las improvisaciones y unas letras evocadoras y geniales. Pero lo más llamativo es ese aura mágica, propiciada por el imaginario de Robert Fripp, que ya se respira al contemplar la portada y la contraportada del álbum. Un universo cósmico, hermoso y accesible.

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Más allá de los campos ácidos de la psicodelia y de la oscuridad de los salones y las cafeterías del jazz, la búsqueda del género sinfónico principiada por The Moody Blues, Pink Floyd, Frank Zappa o Soft Machine encontró su mixtura perfecta al combinar la música clásica, el rock y el jazz en un género propio. Pero la vieja discusión de quiénes fueron los verdaderos trasgresores del espacio, es decir, los creadores del rock progresivo, no tiene cabida aquí. Sin embargo, ya sea por su leyenda, por el universo fabuloso que idearon, por la constante calidad visionaria de su líder o por la originalidad de sus canciones, King Crimson son recordados como una de las bandas más valiosas de la Historia de la música. Cómo olvidar la primera reacción al confrontar la portada de La Corte del Rey Carmesí, y aún la mucho más reveladora expresión del oyente cuando descubre el sonido que hay dentro y sólo puede pensar en lo raro que es todo aquello. Pero engancha por alguna razón. Esa membrana que se rompe, una separación invisible entre éste y los demás géneros, abre un infinito de posibilidades musicales y transporta a un reino mágico: el imaginario técnico, pero también preciosista, de Robert Fripp.

Una obra precursora de todo un movimiento

A pesar de las críticas por alejarse de lo convencional, también en cuanto a la duración de los temas (era inviable recortarlos para que las emisoras de radio pudieran distribuirlos), este primer trabajo demuestra la originalidad y anticipa la explosión creativa que estaba por venir.

Este verano pudimos asistir a uno de los pocos directos que ha proporcionado la banda en los últimos años en España. Barcelona se llenó de aficionados y curiosos que quedaron ampliamente satisfechos con el concierto; dos sesiones en las que no se echó de menos ninguno de los temas favoritos de la banda de Fripp y compañía. Un repaso rápido a su discografía nos revela numerosos cambios en la formación que posicionan al cantante como único miembro fijo y, por lo tanto, mayor contribuidor a la composición de los temas a lo largo de la singladura del conjunto.

Este primer trabajo demuestra la originalidad y anticipa la explosión creativa que estaba por venir y que daría lugar a la merecida evolución de bandas como Yes, Genesis, Caravan, Gong o Camel (por citar algunas de las más reconocibles). Sería inconcebible la existencia del metal progresivo de Tool o Dream Theater sin la existencia de los Crimson. La valía de Fripp le costó en su época múltiples críticas porque el sonido de su banda se alejaba de lo convencional, también en cuanto a la duración de los temas, y era inviable recortarlos para que las emisoras de radio pudieran distribuirlos. No obstante, la agrupación se hizo su hueco en el mundillo subalterno, que ya desde The Velvet Underground & Nico aguardaba nuevos profetas.

Fotografía: Archivo

Un imaginario complejo a la vez que accesible

Introvertido, expresivo, y otras veces expresionista, Robert Fripp nos va guiando por el entramado de su cabeza proponiendo una realidad diferente pero con una coherencia admirable.

Un aullido en medio del espacio. El hombre esquizoide es incapaz de soportar el daño de la urbe, la modernidad que colapsa alrededor y el sistema reinante en llamas. Así comienza el viaje propuesto por King Crimson. “21st Century Schizoid Man” es un tema rockero a su modo, pero también es una jam de categoría que intercala pasajes jazzísticos completamente alocados y brillantemente interpretados en una vena progresiva que ha sido numerosas veces imitada y nunca igualada. Rozando el heavy metal, la intro de ruidos callejeros da paso a la voz distorsionada de Greg Lake (posterior componente del conocido súper grupo Emerson, Lake & Palmer, evidentes herederos de esta primera formación), para que después las subidas y las parodias del saxo de Ian McDonald electrifiquen las ya de por sí significativas y complejas letras de Peter Sinfield.

La balada “I Talk to the Wind” nos conduce directamente a la cima de un cerro, donde el sonido de la flauta de McDonald nos acompaña con la voz de Lake, esta vez dulce y melodiosa, en contraposición a aquella ciudad desmemoriada. Letras enigmáticas, evocadoras, y una sensación de encontrarnos en otra parte, de que perseguimos ese viento ausente.

La cara A se completa con otra desoladora balada, en otra de las muchas emociones que oculta In the Court of the Crimson King. “Epitaph” guarda relación con los anteriores temas en una hibridación del carácter jazzístico con una melodía folclórica y llorona de la guitarra. Esta vez en un formato semejante al de la canción clásica, el mellotrón de McDonald propone uno de los timbres que será más frecuente en la banda, como en el arranque de “In the Wake of Poseidon” de su próximo LP. La cara opuesta contiene el track más largo y también el más intimista.

Una fantástica conexión de todos sus elementos

Todo en In the Court of the Crimson King (las imágenes, la música y las letras), forma parte de un universo, un imaginario imprescindible que abre las puertas a conocidísimas bandas de la escena del rock y el jazz.

El agua oscura de una fuente, una calle vacía y un tono muy folclórico acompañado de una inusual y enigmática percusión van guiando al oyente a través de “Moonchild”, cargada de las evocadoras letras de Sinfield. Una nana que rápidamente evoluciona en las originales improvisaciones de la banda y que transmite un carácter completamente distinto sin abandonar el estilo, otro de los méritos del trabajo, hasta una sección completamente experimental en la que la percusión se encarga de la totalidad del trasfondo.

Y, para terminar, uno de los mayores clásicos y un representante de la felicidad comparable al del planeta Júpiter en la archiconocida suite sinfónica “Los Planetas” del compositor inglés Gustav Holst. “The Court of the Crimson King” es considerada por muchos la obra cumbre del disco, pues entre sus secciones calmadas contiene un estribillo plenamente reconocible, cargado de voces que componen uno de los himnos más hermosos de la historia del rock y la música en general. Lastimera, alegre, los sentimientos de la canción están magníficamente representados en la cara que figura dentro del LP y que no podía corresponder a otro personaje más que al Rey Carmesí. Para finalizar, la melodía se completa en una reexposición del tema elaborado por breves pinceladas de los sintetizadores, haciendo patente el poder del silencio, lo que también ocurría en “Moonchild”. Regresa el himno, y triunfal, se va alejando por un oscuro sendero.

Una de las obras maestras de los LP, en uno de los mejores años para la música. Todo en ella (las imágenes, la música y las letras) forma parte de un universo, un imaginario imprescindible que abre las puertas a conocidísimas bandas de la escena del rock y el jazz. Introvertido, expresivo, y otras veces expresionista, Robert Fripp nos va guiando por el entramado de su cabeza proponiendo una realidad diferente pero con una coherencia admirable. La discografía consecuente tocaría un montón de palos, resaltando Red (1974), Larks Tongues in Aspic (1973) y Discipline (1981). Un año después, In The Wake of Poseidon (1970) sería gratamente recibido, aunque algo castigado por sus semejanzas con la opera prima.

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